Cristo ha resucitado. Así lo ha acreditado la multitud en el encuentro entre Jesús y la Virgen de la Esperanza. De paso, ha dejado un mundo nuevo con los signos de la paz, la alegría, la esperanza y el amor, como ha expuesto en su homilía el deán de la Catedral.
En el recorrido desde la Iglesia de Santo Domingo y San Martín, en unión fraternal, han partido a las once de la mañana hermanos de todas las cofradías con sus banderolas que constatan que la vida ha vencido a la muerte, y detrás el imponente paso del Resucitado realizado por Pascual Ipas a finales del siglo XVIII, que permanentemente puede ser admirado en el Museo Diocesano desde hace cincuenta años.
A Huesca se le ha cambiado el rostro esta mañana. Masivamente. Convocados por la promesa de un prodigio, en la Plaza de San Pedro se ha materializado el milagro. Algo presagiaba este escribano de par de mañana cuando el obispo Ángel, de Barbastro-Monzón, mandaba una preciosa felicitación: "Que tu Cruz te lleve a resucitar con Él. Feliz Pascua 2026. Ángel Javier Pérez Pueyo, obispo", con la imagen de una gruta, un hombre y una Cruz resplandeciente inspirando la luz del mundo. Y cuando el de Málaga, José Antonio Satué, remitía otro mensaje: "Buenos días y Feliz Pascua. Que la Paz del Resucitado inunde nuestro corazón y cada rincón del mundo". Otro sacerdote generoso, Josan Montull, en su entusiasta legado de Don Bosco, adelantaba la primicia: "JESÚS HA RESUCITADO. El odio no tiene futuro, el amor siempre vence. Seamos testigos de amor, seamos testigos de resurrección. FELIZ PASCUA".
Con la autoridad de los tres sabios curas, los oscenses se convocaban por cientos y cientos en el trayecto que partía de la Iglesia de Santo Domingo y San Martín, Coso Bajo y Ramiro el Monje hasta alcanzar el espacio anunciado en el que esperaba la Virgen de la Esperanza, esa talla reluciente sobre la peana de Francisco Pueyo y Antonio Bonet, alegre, portada por hombros femeninos felizmente responsables de la levantada, el baile por el encuentro del Cristo vivo y la senda hasta la Catedral.
Precisamente, el deán de la seo oscense, Juan Carlos Barón, y el vicario general de la Diócesis, José Alegre, esperaban la llegada del cortejo policromático de representantes de todas las cofradías que han desfilado durante toda la Semana Santa de Huesca, con el prior de la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz, Fernando Altemir, al frente. Con sus banderolas de la cruz, todos los hermanos se han situado enfrente y con San Pedro a la espalda. Hasta unos metros de la Virgen de la Esperanza, ha llegado el Cristo Resucitado con la banda de tambores de todas las hermandades a su espalda.

Como un resorte, la sección de instrumentos del Cristo de la Esperanza ha comenzado a tocar el Himno a la Alegría y las costaleras femeninas han elevado a la Virgen de la Esperanza. Fernando Altemir ha lanzado al aire la paloma expresión del gozo del Espíritu Santo, mientras otras aves han acompañado a la primera para emprender el vuelo al mundo para comunicar el gozo pascual con sus peripecias aéreas, primera estación, eso sí, Esquedas, como explica su cuidador, José Manuel Carcasona, siempre presto a la causa de este glorioso encuentro.
Tras el canto gozoso que ha sucedido al baile entre la Virgen de la Esperanza y el Cristo resucitado, esa figura espléndida de Pascual de Ipas que data de 1789 y que reposa sobre la peana de Ibor y Francisco Pueyo, ambos pasos han enfilado el camino por la calle San Salvador y Las Cortes hasta llegar a la Catedral, donde cientos de feligreses han acudido a la Santa Misa en la que Juan Carlos Barón ha proclamado que Dios, vencida la muerte, ha abierto las puertas de la eternidad y con el Santo renueva nuestro espíritu y la esperanza. "Cristo ha resucitado, ¡aleluya, aleluya!".
En la homilía, Juan Carlos Barón ha explicado que, con pocos signos, el sepulcro vacío y el sudario aparte, alcanzó la Resurrección. Ha agregado que Jesucristo "vivía desde el amor", una forma profunda de conocimiento. "El signo remite a la persona y el vacío del sepulcro no es ausencia, sino revelación". Pedro representa el primado de la fidelidad. San Juan, el amor, la amistad y la intimidad con Jesús. Los dos son necesarios. Es la escenificación de una cámara nupcial en la que se celebra "la boda de lo humano y lo divino y, a punto de estallar en vida". "Quien ama, sabe leer los signos. En los signos se encuentra la persona amada. Los signos creen en Jesús Resucitado. Por eso el elemento fundamental para entender la Resucrrección es el amor". Sólo el amor conoce de verdad y sólo el amor reconoce, y sabe que la vida no termina en la piedra cerrada del sepulcro, "el amor entrevé que el mundo nuevo ha comenzado ya, silenciosamente, en la madrugada, cuando todo estaba oscuro. Hermanos, Feliz Pascua de Resurrección".

En la fiesta de la vida renovada, se unen todos los valores que preconizaba Cristo y hemos heredado los cristianos, la paz, el amor, la esperanza, la fraternidad y la oración, y todo con la misma cara alegre que nos exige la convicción de que Cristo ha resucitado. La misma que ha de conducir al final de las guerras, de las injusticias, de la violencia y del hambre. Y ha invitado a ratificar el rostro jubiloso que esta mañana de 5 de abril de 2026 ha manifestado, como espejo para todos, la Virgen de la Esperanza. Atrás quedan días de zozobra, de tristeza y de sufrimiento. Efectivamente, para la multitud de hermanos congregados en Huesca durante estos días de muchedumbres, Cristo ha resucitado. Celebrémoslo como corresponde a nuestro ánimo.