La ciudad de Huesca ha celebrado este domingo con profunda devoción y un marcado carácter festivo la solemnidad del Corpus Christi, una de las festividades más importantes del calendario litúrgico católico, dedicada a la exaltación de la Eucaristía, sacramento que representa el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
La jornada reunió a numerosos fieles en torno a una celebración que tiene sus raíces en el siglo XIII, cuando el papa Urbano IV instituyó oficialmente esta festividad en 1264 mediante la bula Transiturus de hoc mundo. Desde entonces, el Corpus Christi se ha convertido en una manifestación pública de fe que continúa manteniendo una profunda relevancia espiritual y social.
La Santa Iglesia Catedral de Huesca fue el escenario de la solemne Eucaristia, presidida por el vicario general de la Diócesis de Huesca, José Alegre. Al acto asistieron numerosos fieles, así como decenas de niños y niñas que este año han recibido el sacramento de la Primera Comunión.
Durante su homilía, José Alegre dirigió unas palabras especialmente emotivas a los más pequeños, recordándoles el significado profundo de la Eucaristía y la importancia de mantener viva la relación con Jesús más allá del día de la Primera Comunión.

“En este día acudís a la Catedral para celebrar la Eucaristía y honrar a Jesús, aquel que habéis recibido como alimento, aquel que también os ayuda a descubrir lo que significa sentaros con otros, aquel que verdaderamente os da la vida”, expresó el vicario general ante la atenta mirada de los niños y sus familias.
Asimismo, José Alegre agradeció la colaboración y presencia de todas las personas e instituciones que contribuyen a engrandecer esta celebración. En sus palabras tuvo un reconocimiento especial para la Corporación Municipal, las cofradías que ayudan a solemnizar este acto, los padres y madres de los niños de Primera Comunión y las distintas asociaciones de caridad que desarrollan una importante labor social, especialment Cáritas. El vicario destacó también el compromiso de la Iglesia con los más necesitados, subrayando que la celebración del Corpus Christi invita a compartir y a poner en práctica los valores de la solidaridad y la fraternidad.
A lo largo de su intervención, José Alegre profundizó en el significado espiritual de esta solemnidad, recordando que la Eucaristía constituye el centro de la vida cristiana. “Jesús nos dice que nos alimenta, y nos alimenta con lo mejor. La Eucaristía es banquete de comunión. Dios nos da a su propio Hijo para fortalecernos. Es el anticipo del banquete del cielo”, afirmó.
En otro momento de su homilía, el vicario general animó a todos los creyentes a llevar la presencia de Cristo a través de sus acciones cotidianas, de su manera de vivir y de relacionarse con los demás. “La fe no debe quedarse únicamente dentro de los templos, sino hacerse visible en la vida diaria mediante el compromiso, la generosidad y el testimonio cristiano”, vino a señalar durante su reflexión.
Antes de concluir, recordó que la procesión del Corpus Christi constituye una manifestación pública de la fe cristiana y una proclamación de la presencia viva de Cristo en medio de la sociedad, una tradición que continúa despertando una importante participación ciudadana en Huesca.
Finalizada la celebración eucarística, tuvo lugar la tradicional procesión con el Santísimo Sacramento por las calles del centro de la capital oscense. El cortejo, acompañado por numerosos fieles, recorrió distintos puntos emblemáticos de la ciudad en un ambiente de devoción, respeto y oración.

La procesión se detuvo en la plaza de la Inmaculada, donde se celebró un momento especial de oración comunitaria. Allí, los niños y niñas que este año han recibido la Primera Comunión adquirieron un protagonismo destacado al lanzar pétalos de flores al paso de la Custodia, uno de los momentos más emotivos y visualmente significativos de toda la jornada.
Con esta celebración, Huesca volvió a demostrar la vigencia de una tradición que combina fe, patrimonio cultural y participación ciudadana, convirtiendo las calles de la ciudad en escenario de una de las expresiones religiosas más solemnes y arraigadas del calendario católico.