La periodista Irene Pozo, directora y presentadora del programa La Linterna de la Iglesia en la cadena Cope, ha pronunciado el Pregón de la Semana Santa de Barbastro centrando su alocución en la Cruz de Jesús y el cierto paralelismo con las cruces de nuestro tiempo.
Tarde solemne en la Catedral de Barbastro con la presencia del obispo, Ángel Pérez Pueyo, el alcalde, Fernando Torres, y el presidente de la Junta Coordinadora de Cofradías de Barbastro, con interpretación de sonidos de la Semana Santa (incluido el primer edil con corneta).
Desde primeras horas de la tarde, las bandas de tambores, bombos y cornetas de las distintas cofradías de la ciudad han recorrido las calles de Barbastro en un desfile que ha conducido a los participantes hasta la Catedral.
La comunicadora, que suma una larga ejecutoria en contenidos de la Iglesia desde que se iniciara en el Arzobispado de Madrid hasta la actual dirección de Ábside Media (de Cope y Trece), iniciaba su intervención invitando a "ser testigos de lo que vamos a revivir" con la Semana Santa.
Compartía con los fieles un momento "revelador" que vivió con motivo del Congreso Nacional de Hermandades y Cofradías en la ciudad del Vero, en los instantes previos a la procesión del Santo Encuentro, en el interior de la Iglesia de San Francisco. "Me hizo comprender que la Semana Santa no comienza cuando se abren las puertas del templo y las imágenes salen al encuentro del pueblo. Comienza mucho antes: en ese silencio compartido, en la emoción contenida, en la fe humilde y perseverante de quienes, año tras año, hacen posible que el misterio vuelva a caminar por nuestras calles".
La autora del pregón desarrollaba precisamente esos preparativos de la ciudad y de cada uno de los cofrades, de los talleres y las sacristías, para comenzar con la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. De aquella escena jubilosa del Cristo sobre un pollino sobre el que caminaba la esperanza compartida, a la transformación de las palmas en "pasión: azotes, corona de espinas, madero de cruz...".
"El Evangelio nos deja entrever que esa misma ciudad que hoy aclama, mañana dudará. Que las voces que hoy cantan hosannas pronto se volverán confusas. Que la multitud que hoy abre paso al Maestro no tardará en dispersarse cuando el camino se vuelva oscuro", paradoja que enfatizaba Irene Pozo.
Ese recorrido es el que la Iglesia invita a recordar y a recorrer en los días más intensos y más decisivos de su vida. "Cuando mañana Barbastro levante las palmas y acompañe al Señor en sus primeras procesiones, no estará representando un simple episodio histórico. Estará diciendo que quiere caminar con Cristo. Que quiere estar a su lado no sólo en los momentos de gloria, sino también cuando el camino se estrecha y aparece la cruz".
LAS CRUCES DE NUESTRO TIEMPO
El pregón de la directora de La Linterna de la Iglesia estimulaba al auditorio de la Catedral a abrir los ojos para descubrir un mundo lleno de cruces que pesan cada día sobre millones de hombres y mujeres.
Ha enumerado las guerras, la violencia en el hogar, la penuria de personas que tienen que abandonar su hogar, su lengua y su historia mares mediante que se convierten en "tumbas silenciosas" y que surcan en medio de la "indiferencia del mundo". Encrucijadas por la injusticia y la pobreza, o las crisis en matrimonios y familias, por la enfermedad que no avisa y exige aprender "la paciencia, la dependencia y la fragilidad". Las de los ancianos abandonados en la soledad. Y las de los jóvenes apenas estimulados por las pantallas y las adicciones en un "vacío profundo" que pone tierra de por medio con la esperanza.

Irene Pozo ha reconocido que, ante todas estas cruces, es humano preguntar dónde está Dios y dónde la esperanza. "La respuesta la tenemos en la Semana Santa: Dios está en la Cruz". El Dios que ha querido "entrar en nuestra historia hasta el fondo, que ha aceptado cargar con el peso del sufrimiento humano y que ha convertido la Cruz -instrumento de muerte- en un lugar de encuentro, de amor y de esperanza".
Barbastro está legitimada para reivindicar el conocimiento y el sufrimiento de la cruz. Tierra de sacrificio y testimonio marcada por "la memoria de los mártires", "hombre sencillos que, en medio de la oscuridad de la historia, supieron mantenerse firmes y entregar su vida con serenidad y esperanza". Padecimientos individuales incorporados al imaginario colectivo, "por eso la Semana Santa de Barbastro tiene una fuerza especial".
"El corazón del hombre necesita responder ante el misterio del dolor y del amor que contemplamos en la cruz. Necesita ponerse en camino, expresar la fe con gestos visibles, convertir la memoria del Evangelio en algo que pueda tocarse, escucharse y caminarse". Y eso es lo que hace año tras año nuestro pueblo.
Con los pasos portados en ritmo lento de tambores y bombos, "comprenderemos que la Semana Santa no se limita a contemplar la cruz: acompaña". Porque "nadie debería cargar solo con su cruz".
En ese caminar, "hay algo que nos une a todos", a quienes creen y a quienes dudan, a quienes apenas miran movidos por la estética o la tradición. "La Semana Santa tiene esa extraña capacidad de hablar al corazón de todos. Incluso de quienes no saben muy bien cómo nombrar lo que sienten cuando una procesión pasa en silencio por su calle".
En ese transitar, "reconocemos nuestras cargas, nuestras heridas, nuestras búsquedas. Reconocemos que también nosotros avanzamos muchas veces entre sombras, sosteniéndonos unos a otros, esperando que al final del camino exista una luz que de sentido a todo".
LA ESPERANZA CRISTIANA
El sentido de la Semana Santa trasciende a la cruz, por eso es transformadora. "Si todo terminara en el Calvario, si la última palabra de la historia fuera el dolor, el fracaso o la muerte, entonces nuestras procesiones serían solamente un recuerdo triste de un hombre bueno que fue derrotado por la violencia del mundo".
Proclamaba Irene Pozo que "la cruz no es el final, sino el lugar donde nace una esperanza nueva", porque "el amor que llevó a Cristo hasta la Cruz es más fuerte que la muerte". Los cristianos creemos, agregaba, que la piedra del sepulcro fue removida y que la vida venció para siempre a la muerte. Y eso lo cambia todo", la manera de mirar nuestras cruces, de enfrentarnos al dolor y de comprender la historia. "Si Cristo ha resucitado, entonces cada gesto de amor tiene sentido".

Después de todo el periplo procesional de la Semana Santa, "caminaremos sabiendo que después del silencio del sepulcro llegará la mañana nueva de la Pascua. La mañana en la que la vida vence a la muerte. La mañana en la que la esperanza se levanta para siempre".
VIVIR CON HONDURA
El camino, agregaba, está a punto de comenzar. Ha aconsejado vivir "estos días con hondura" para entender que, debajo de la túnica de cofrade, se representa uno de los gestos más hermosos del Evangelio: ayudar a llevar la Cruz del otro. Y que quien haga sonar el tambor estará representado el llatido de una fe viva.
"Acompañemos a Cristo en su camino. Permanezcamos a su lado cuando llegue la hora del silencio y del Calvario. Y esperemos con Él la mañana nueva en la que la vida vence para siempre", ha proseguido antes de recitar una exhortación personal titulada "Que comience la Semana Santa". "Que Cristo vuelva a recorrer nuestras calles. Y que Barbastro, tierra de mártires y de fe, camine una vez más tras las huellas del Señor".
En la despedida, Irene Pozo ha manifestado tres deseos desde un ramillete de convicciones. El primero, "que esta Semana Santa nos encuentre con el corazón abierto, dispuestos a acompañar a Cristo en su camino, a descubrirlo en cada cruz de nuestro mundo, y a reconocerlo en cada gesto de amor y de entrega que nos rodea".
En segundo lugar, "que las procesiones nos llenen de fe, que el silencio nos enseñe a escuchar, y que la alegría de la Pascua renueve nuestra esperanza".
Y, finalmente, como colofón jubiloso para el tránsito de la alegría de Domingo de Ramos a la gloria final, "que la luz de la resurrección ilumine nuestros días, y que Barbastro, tierra de mártires y de fe perseverante, camine unida tras las huellas del Señor. ¡Feliz Semana Santa a todos!"
Tras la lectura del Pregón, se ha celebrado el Acto de Exaltación del Tambor en la Plaza de Toros, donde las diferentes secciones de instrumentos de las cofradías han ofrecido sus toques característicos bajo la presidencia de los responsables de las hermandades.
El sonido potente y acompasado de tambores, bombos y cornetas ha llenado el recinto de intensidad y simbolismo, con el ritmo colectivo de las bandas anunciando de forma solemne la cercanía de los días centrales de la Semana Santa.
Al concluir la exaltación, las bandas han regresado a sus sedes recorriendo nuevamente las calles de la ciudad en un desfile que ha sido seguido por numerosos vecinos y visitantes, acompañando con sus marchas el ambiente ya plenamente impregnado de espíritu cofrade.
TEXTO ÍNTEGRO DEL PREGÓN A PIE DE ARTÍCULO