Aunque sus ámbitos de actuación se sitúan a miles de kilómetros —desde los hospitales de Gaza hasta las comunidades de Ucrania y distintos escenarios de conflicto con Médicos del Mundo—, Raúl Incertis, Jara Henar y Ricardo Angora han compartido una misión común: ser la voz de quienes sufren las consecuencias de las crisis humanitarias más graves de nuestro tiempo.
Este jueves, el Colegio de Médicos de Huesca ha celebrado su IV Jornada de Cooperación y Voluntariado Internacional, un acto que ha servido para visibilizar la cruda realidad de los conflictos actuales. En esta sesión, la tecnología ha permitido acortar las distancias; Jara Henar y Ricardo Angora han intervenido por videoconferencia para aportar sus testimonios directos -ella desde el terreno y él desde Valencia-, sumándose a la participación de Raúl Incertis. El coloquio ha estado moderado por Virtudes Pelegrina, responsable de este área en la citada entidad oscense
A lo largo del acto, estos tres expertos han convertido su labor en un escudo frente a la atrocidad de la guerra. Mientras Jara Henar ha detallado la respuesta humanitaria y social en Europa del Este, y Raúl Incertis ha relatado la emergencia sanitaria en la Franja de Gaza, Ricardo Angora ha profundizado en el impacto invisible de los conflictos sobre la salud mental y el colapso de los sistemas de salud pública. Juntos, han recordado que el compromiso sanitario y la defensa de los derechos humanos deben ser la respuesta colectiva más firme ante la deshumanización del conflicto.

Jara Henar Pi, directora regional de ActionAid en Europa del Este ha aportado una visión profunda sobre la gestión de crisis en territorio europeo. En su intervención, ha explicado que su labor en Ucrania se ha centrado desde 2022 en lo que ha definido como el “nexo”, un modelo que integra la acción humanitaria con el desarrollo, la cohesión social y la construcción de paz.
Bajo una agenda de localización, su organización ha priorizado el apoyo y el reconocimiento de la experiencia de las entidades locales, actuando como aliadas en la financiación y ejecución de proyectos. Jara ha detallado que su intervención se estructura en cuatro pilares fundamentales: el trabajo sanitario, el apoyo a organizaciones de mujeres, el respaldo a movimientos sociales y el impulso de la sociedad civil ucraniana en procesos clave como la reconstrucción del país y su acceso a la Unión Europea.
En este contexto, ha advertido de que, sin la intervención coordinada con instituciones ucranianas e internacionales, las necesidades humanitarias serían aún mayores, subrayando que “la guerra las separa”, en alusión a la ruptura de las estructuras sociales que agrava la vulnerabilidad de la población. Asimismo, ha alertado de la persistencia de la crisis pese a la pérdida de atención mediática y ha señalado que, en comparación con otros conflictos, Ucrania ha contado con un “privilegio” relativo al concentrar una mayor respuesta internacional inicial.
Además de su labor técnica, ha compartido el fuerte compromiso personal que la ha llevado a desplazarse mensualmente a Ucrania desde Barcelona, dejando atrás periódicamente incluso a su familia para contribuir a la respuesta humanitaria. Ha destacado que trabajar con personas que han tenido que aprender a sobrevivir y crear en medio del desastre constituye para ella una fuente constante de inspiración.
Finalmente, ha lanzado un llamamiento firme a la comunidad internacional para que no se ignore ningún conflicto y las instituciones internacionales funcionen de manera efectiva, concluyendo con una exigencia clara: “Asumamos la responsabilidad colectiva respecto a la defensa de derechos humanos en todo el mundo”.
LAS GUERRAS DESTRUYEN EL SISTEMA DE SALUD
Ricardo Angora Cañego, psiquiatra especializado en salud mental en escenarios bélicos, ha intervenido este jueves por videoconferencia para exponer la realidad de las poblaciones que viven bajo el colapso sanitario provocado por la guerra. En su intervención, ha detallado cómo el conflicto no solo causa heridas físicas por bombardeos, sino que destruye por completo el funcionamiento del sistema de salud, provocando crisis sanitarias de gran envergadura.

A través de su experiencia con Médicos del Mundo, ha descrito un panorama desolador en el que la falta de agua potable, la interrupción de las vacunas y la destrucción de infraestructuras básicas condenan a la población civil a enfermedades que ya estaban bajo control. Ricardo ha denunciado que la capacidad de respuesta de los servicios médicos es prácticamente inexistente en muchos casos, lo que eleva drásticamente la mortalidad y deja secuelas de por vida en los heridos.
En este contexto, ha profundizado en las consecuencias a largo plazo de los conflictos sobre la población más vulnerable, especialmente la infantil, advirtiendo de que enfermedades como la meningitis bacteriana no solo suponen un riesgo inmediato, sino que dejan secuelas permanentes, como discapacidades cognitivas e intelectuales que condicionan su desarrollo. Asimismo, ha alertado de la desaparición de la atención materno-infantil en numerosas zonas, donde los seguimientos de embarazo y los cuidados a menores de cinco años han quedado interrumpidos.
Según ha explicado, la destrucción de infraestructuras, la falta de combustible y el riesgo constante de los bombardeos obligan a que muchos partos se produzcan en domicilios sin asistencia sanitaria, una situación que ha elevado de forma drástica la mortalidad.
Para concluir, ha exigido el cumplimiento estricto de las normas internacionales para proteger la labor médica en el terreno, sentenciando con firmeza: “Los conflictos armados son el factor que de una manera más determinante tiene un gran impacto en la salud de las poblaciones”.