Javierada 2026 de Huesca: de la odisea entre el barro y la montaña hasta el final feliz en el Santuario

08 de Marzo de 2026
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Javierada 2026, una misión de 110 kilómetros con final feliz después de una odisea

"Esta llamada nos invita a mirar más allá de la emoción. La verdadera compasión conduce a la verdad y la verdad del sufrimiento humano está unida al pecado, a la injusticia y al olvido de Dios. Jesús nos enseña que no basta con mirarlos ante su dolor, si no permitimos que su palabra transforme nuestra vida". Es la fuerza de la voz misionera de San Francisco Javier, la que se ha proclamado esta mañana de domingo en el inicio del Viacrucis que desembocaba en el santuario navarro. Y la que han precisado el centenar de oscenses que arrancaron la 45 edición de su Javierada sin saber, a pesar de la previsión meteorológica, la prueba tan dura que iban a tener que superar la segunda jornada, cuando la palabra compasión -con el que sufre- adquiría su máxima dimensión.

Antes del Viacrucis, se sucedió la odisea. En la primera jornada, los caminantes iniciaban sus 110 kilómetros totales con una tarde lluviosa pero relativamente tranquila, con paradas en el Sotón y El Cobertizo antes de hacer noche en Ayerbe.

Les vinieron bien las energías que recuperaron para una segunda jornada verdaderamente épica, terrible en su climatología, tremendamente exigente. Arrancaron a las cinco de la mañana los 92 que habían partido de Huesca salvo los seis más mayores a los que se derivó hacia una senda dirección Longás. El resto, incluidos los benjamines, los pequeños Santiago (11 años) y Lara (12), encarrilaron hacia la sierra de Santo Domingo y el Collado de San Esteban. Allí, a 1.250 metros de altura, pronunciaron plenos de fe el rezo por los difuntos. Es el lugar escogido por ser el más cercano al cielo de cuantos componen la Javierada.

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En esa encrucijada, el cielo se abrió no para mostrar el sol, sino para descargar toda la fuerza de la lluvia que albergaban las nubes, y todo se complicó en el difícil desafío de mantener la unidad sin fisuras, diversos como son, igual que cualquier grupo humano, los peregrinos hacia Javier, de distintas edades y condiciones. Hubo que cruzar ríos y levantar las botas de los parajes embarrados. En la retaguardia, los más fuertes ejercitaban la solidaridad recogieron a los que atravesaban dificultades. Reagrupando, llegaron finalmente a Longás después de una odisea que requería gentes recias como somos los oscenses. Todos fueron admirables, pero conmovía constatar la conducta de los jóvenes, sin un mal gesto y con total vocación de ayudar, espíritu salesiano al frente. Alcanzaron Longás a las 8:30 horas, quince y media después de partir en el alba de la mañana que no podía predecir semejantes sufrimientos. 45 kilómetros. El pueblo les recibió con ejemplo de hospitalidad y, tras cenar, descansaron en las casas.

La tercera jornada, pese a la fatiga acumulada, resultaba menos exigente. Sábado de 40 kilómetros con la simbología que caracteriza a la Javierada. Doce después de arrancar de Longás, donde se sumaron diez vecinos, se detenían a almorzar salchichas, chorizo, bacon, pan y buen vino. Otra tacada hasta Navardún, donde les esperaba una reconfortante paella. En la llegada a Navarra, el acto del ajo con su significado purificador, al ingerir este alimento con el auxilio para aliviar el sabor fuerte de una naranja. Ya podían entrar en la provincia del santo con todas las bendiciones. Dos kilómetros antes de Javier, parada en la Casa de las Nueces, con reparto de este fruto.

Por fin estaban en Javier, donde los más jóvenes, siguiendo una vieja costumbre, entraban al galope y los demás les seguían con mayor tranquilidad. En el Centro Diocesano de Javier, donde dormían el sábado, se formaba una cruz con velas y posteriormente, en la cena, se imponían las pañoletas a los peregrinos novatos en la Javierada. Santiago y Lara exhibían el verde laurentino sobre la camiseta verde clara con orgullo.

El domingo ha sido el gran día. Viacrucis desde la vecina Sangüesa y llegada al Castillo de Javier, donde cinco mil penitentes escuchaban  Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, Florencio Roselló, en su invitación a seguir el ejemplo misionero de San Francisco. Misión cumplida tras las oraciones, el centenar de peregrinos oscenses regresaban en autobús con parada en Sos del Rey Católico, la preciosa villa que ha acogido la alegría de la Javierada de Huesca. Un reto en la vida de todos ellos, que han conocido la intimidad en el ejercicio religioso y la epopeya de superar los elementos de la naturaleza. Es para enhorabuena.

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