Jesús Arbués y la gran liturgia del 5 de enero

El ritual que convierte la llegada de los Reyes en un momento irrepetible

05 de Enero de 2026
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Jesús Arbués y el equipo de Rampa.
Jesús Arbués y el equipo de Rampa.

La tarde del 5 de enero en Huesca se desarrolla en dos focos distintos: la cabalgata que impulsa Alfonso Palomares con Lagarto Lagarto y la intervención que Jesús Arbués, con Viridiana, conduce en la plaza. Su parte abre la jornada a las seis con música y proyecciones que introducen la historia de ese año. Cuando el desfile entra en la plaza, hacia las seis y media, se encadenan la presentación de cada rey, la adoración ante el belén, el videomapping y los discursos finales.

La temática de la cabalgata -en esta ocasión la astrología- sirve de punto de partida para la narración que Arbués desarrolla ante el Casino. Ese hilo común permite que lo vivido en las calles encuentre continuidad en la plaza, donde imágenes, luz y sonido se integran en un único relato.

Arbués reconoce que este acto es uno de los más exigentes de su calendario. Calcula que hasta diez mil personas pueden reunirse en la plaza, una concentración que convierte la regiduría en un ejercicio de precisión. El ruido, la simultaneidad de órdenes y la coordinación entre luces, sonido, cabalgata y reyes generan un entorno complejo en el que cada decisión debe tomarse al instante. A ello se suma el tiempo, siempre incierto en estas fechas. La niebla atenúa las proyecciones y dificulta el videomapping; la lluvia obliga a detenerlo todo para proteger los equipos electrónicos. El año pasado, recuerda Arbués, evitaron por poco una tormenta que habría obligado a suspender.

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Las imágenes que se proyectan desde la acera frente al Casino se renuevan cada edición. Aunque la estructura general se mantiene, el contenido varía en función del tema y de las posibilidades técnicas. El trabajo se reparte entre Rampa y el equipo de Arbués y Viridiana, una colaboración afinada durante más de dos décadas. Rampa prepara la parte visual; Arbués y Viridiana diseñan el enfoque narrativo y coordinan el conjunto. Esa sintonía permite que todo quede al servicio de lo esencial: que los Reyes Magos ocupen el centro de la escena.

El objetivo final, explica Arbués, es que todo el mecanismo que sostiene la función pase desapercibido. Cuanto más invisible sea la estructura, más fuerza tendrá aquello que espera el público. Ese equilibrio entre tradición, emoción y oficio convierte cada 5 de enero en una cita única para la ciudad.

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