La Procesión de las Tres Caídas, organizada por la Hermandad Escolapia del Santo Cristo de la Agonía y Nuestra Madre Dolorosa, consiguió la prodigiosa paradoja de respetar el recogimiento y la emoción con la irrupción de las jotas, en una tarde-noche algo fría que quedó calentada por el fuego de la fe.
El cortejo partió a las 20:00 horas desde la iglesia de los Padres Escolapios con la imagen de Jesús de la Caída y se adentró en el barrio del Entremuro en dirección a la Santa Iglesia Catedral. La sección de instrumentos -compuesta por tambores, bombos y cornetas- marcó el ritmo de la procesión, acompañando a los cofrades penitentes y a los numerosos fieles que la siguieron en silencio.
Uno de los momentos más impactantes se vivió en la plaza de la Candelera, donde una gran afluencia de público se congregó para presenciar el rezo de la segunda caída.
El silencio sempiterno del recorrido solo se quebró con el canto de las jotas que, a modo de oración, acompañaron cada una de las caídas de Cristo en su camino al Calvario. En cada parada se proclamó una de las estaciones del Vía Crucis correspondientes a las tres caídas de Jesús, junto a una reflexión, seguidas de la interpretación de la jota, elemento distintivo de esta procesión. Asimismo, a la salida del templo, y por segundo año consecutivo, se interpretó la jota inicial que precede al desfile.

En esta edición, las caídas fueron leídas por los tres presidentes que ha tenido la Hermandad desde su constitución hace 25 años, predecesores del actual, Mariano Rodríguez, en un gesto cargado de simbolismo y reconocimiento a la historia reciente de la Hermandad.
Barbastro volvió a demostrar con esta multitudinaria procesión la profunda devoción y participación que caracterizan sus tradiciones y que le hacen acreedor a la consideración de Fiesta de Interés Turístico Nacional.