“Las mujeres del Congo eligen la esperanza para poder seguir viviendo”

La historia de Mama Zawadi, superviviente de la guerra en el Congo, centra en Huesca un acto del 8M sobre violencia sexual, poder y resiliencia

05 de Marzo de 2026
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Samara, Lorena, Paz y Mariama. Debate en torno al cortometraje Mama en Huesca por el 8M. Foto Myriam Martínez
Samara, Lorena, Paz y Mariama. Debate en torno al cortometraje Mama en Huesca por el 8M. Foto Myriam Martínez

“Las mujeres del Congo eligen la esperanza para poder seguir viviendo”. Con esta idea, expresada durante el coloquio por la consultora en salud mental Lorena Aguirre, ha arrancado en Huesca una reflexión sobre la violencia sexual en contextos de guerra a partir de la historia de Mama Zawadi, protagonista del documental "Mama".

La proyección del cortometraje, ganador del Goya al mejor cortometraje documental en 2022, ha centrado una de las actividades organizadas en Huesca con motivo del 8M, Día Internacional de la Mujer. El acto, celebrado este jueves, 5 de marzo, en el Salón Azul del Casino, ha sido impulsado por la Asamblea 8 de marzo y la Asociación Ser África, con la colaboración de la Federación de Asociaciones por la Multiculturalidad de Huesca y la Asociación de Mujeres Árabes y Africanas

La película de Pablo de la Chica traslada al espectador al este de la República Democrática del Congo, una región rica en minerales como oro, diamantes, cobalto o coltán, cuya explotación ha alimentado durante décadas conflictos armados entre guerrillas y potencias regionales. El cortometraje, que también ha sido proyectado en el Festival Internacional de Cine de Huesca, muestra cómo esta violencia ha marcado profundamente a las comunidades que viven en la zona.

Debate en torno al cortometraje Mama en Huesca por el 8M. Foto Myriam Martínez
Samara, Paz, Mariama y, en la pantalla, Lorena Aguirre. Foto Myriam Martínez

MAMA ZAWADI

En ese contexto se encuentra el Santuario de Rehabilitación de Primates de Lwiro, situado en el Parque Nacional Kahuzi-Biega, donde se desarrolla la historia que recoge el documental. Allí trabaja Mama Zawadi, una mujer que sufrió violencia sexual extrema durante los años más duros del conflicto y que llegó a intentar suicidarse en varias ocasiones tras quedar profundamente traumatizada.

Su vida cambió cuando comenzó a relacionarse con los chimpancés rescatados en este centro de rehabilitación. Lo que empezó como un contacto casual terminó convirtiéndose en un vínculo profundo: los animales, también huérfanos y traumatizados por la violencia humana, encontraron en ella una figura protectora. Con el tiempo, Mama Zawadi pasó a cuidar a las crías de chimpancé, estableciendo con ellas una relación basada en el afecto y el cuidado mutuo. Durante el coloquio posterior al documental, se ha recordado una de las frases que mejor resume su actitud ante la vida tras la violencia sufrida: “El pasado es pasado”.

El documental muestra cómo ese vínculo se convirtió en un proceso de reconstrucción personal. Según ha explicado Lorena Aguirre, consultora de salud mental de la ONG Coopera Congo, que interviene en la cinta y ha participado en el acto desde Madrid a través de videoconferencia, el contacto con los animales permite iniciar una recuperación emocional porque el cuidado de los chimpancés genera un vínculo basado en el afecto y en un amor incondicional libre de juicio, algo esencial para personas que han sufrido traumas extremos. Aguirre ha vivido durante años en el este de la República Democrática del Congo, donde ha trabajado en proyectos de apoyo psicosocial a víctimas del conflicto. En ese contexto, este centro de rehabilitación se convierte no solo en un espacio de protección para los animales, sino también en un lugar donde muchas mujeres comienzan a reconstruir su vida tras la violencia.

Aguirre ha explicado que la historia de Mama Zawadi refleja una realidad extendida en el este del país, donde la violencia sexual se ha utilizado sistemáticamente. Ante estos traumas extremos, se puso en marcha el centro psicosocial Mutima, cuyo nombre significa “corazón”. Este proyecto trabaja para acompañar a las víctimas y tratar las "heridas silenciosas" que dejan estas agresiones, ofreciendo apoyo psicológico y comunitario.

Debate en torno al cortometraje Mama en Huesca por el 8M. Foto Myriam Martínez
Mariama, en una de sus intervenciones Foto Myriam Martínez

Ha insistido, por otro lado, en la importancia de que la comunidad internacional conozca lo que ocurre a diario en el este del Congo. Según ha señalado, para muchas mujeres contar su historia se convierte en una forma de resistencia y de dignidad, ya que visibilizar lo sucedido permite romper el silencio.

Aguirre ha relatado también la evolución posterior de Mama Zawadi, cuya historia simboliza la resiliencia de muchas mujeres congoleñas. Tras las agresiones sufridas durante el conflicto, la protagonista del documental quedó profundamente traumatizada. Con el tiempo, y gracias al vínculo creado con los chimpancés del santuario, logró reconstruir su vida. Posteriormente se casó y tuvo una hija, llamada Miracle, algo que incluso los médicos consideraban improbable debido a las graves secuelas físicas que arrastraba. En la actualidad continúa trabajando con los animales y ha llegado incluso a acoger en su propia casa a otras mujeres desplazadas por la guerra.

PENA, RABIA Y ESPERANZA

En la sesión también han participado Mariama, presidenta de la Federación de Asociaciones por la Multiculturalidad de Huesca, y Samara, vinculada a la Asociación de Mujeres Inmigrantes Árabes y Africanas.

Varios asistentes han compartido las emociones que les provocó la proyección, señalando que el documental transmitía sentimientos de "pena, rabia y esperanza". La conversación también ha abordado la violencia contra las mujeres como un problema de alcance global que trasciende contextos culturales y geográficos.

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Durante el coloquio, una de las intervenciones del público ha destacado por su contundencia al rechazar la idea de que la resiliencia deba ser una obligación permanente para las mujeres. Una joven participante ha manifestado estar “muy harta” de la exigencia social de valentía, que ha calificado como una carga agotadora, y ha defendido que las mujeres no deberían necesitar esa fortaleza adicional, sino simplemente poder “ser, ser y ya está”.

En su intervención ha criticado las estructuras de poder que, a su juicio, han situado históricamente a la mujer como una “ciudadana de segunda”, obligándola a sostener la vida social y los cuidados sin contar con una presencia real en los espacios de decisión. Desde esa perspectiva, ha señalado que el problema no es la falta de valor individual, sino un sistema que reproduce desigualdades y dificulta cambios profundos.

Debate en torno al cortometraje Mama en Huesca por el 8M. Foto Myriam Martínez
Samara y Paz Escobedo. Foto Myriam Martínez

En ese contexto, ha defendido la necesidad de que las mujeres ocupen los espacios de poder político e institucional para transformar estas dinámicas y ha afirmado que no desea que su hija tenga que ser “valiente” para sobrevivir, sino que pueda vivir con la misma libertad y seguridad que cualquier hombre. Durante el debate también se ha recordado la frase “no todos los hombres, pero siempre hombres”, una reflexión que ha provocado el asentimiento de parte del público al señalar el carácter sistemático de las agresiones que sufren mujeres y niñas.

Esta intervención ha conectado con otras reflexiones planteadas durante la charla, en las que se ha señalado que la violencia sexual no debe entenderse como un fenómeno cultural aislado, sino como una manifestación de relaciones de poder entre hombres y mujeres que se reproduce en distintos contextos sociales y políticos.

Lorena Aguirre ha recordado que la realidad del este del Congo resulta difícil de comprender desde fuera. Según ha explicado, muchas de las situaciones que viven las comunidades afectadas por la guerra parecen imposibles de imaginar si no se presencian directamente, hasta el punto de que “hay cosas que, si no las ves, no puedes creer que estén pasando”.

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