Más de un millar de romeros se han concentrado en un día pletórico en la Romería del Viñedo, organizada por la Cofradía del mismo nombre,con el acompañamiento del buen sol, del clima agradable y de un menú irresistible: de primero, la tradición de muchos siglos, el cóctel de humor, jota y profundidad del ejerciente padre Rafael Samper, la gastronomía sobre la mesa al aire libre bajo los árboles y, de postre, la música para bailar la gran danza de la convivencia.
Han acudido fieles a la hora de la cita, las 11:30, las cruces de Castilsabás, de Santa Eulalia, de Ayera, de Loporzano, de Sasa del Abadiado, de Chibluco, de Sipán, de Barluenga, de Almunia del Romeral, de San Julián de Banzo, de Bandaliés y de Loscertales. En sí mismo, esta enumeración es todo un mundo, el de una pequeña comunidad que se agranda en la fraternidad.
Han desfilado, con el padre Samper velando con su autoridad las espaldas de las cruces, hasta la Ermita de la Virgen del Viñedo y, desde ese momento, todo se ha vuelto verdad, luz y vida. Abarrotado el templo, se han sucedido las oraciones, los cantos y el gozo hasta el final.
"Ya que constante os venera
el Abadiado, obsequioso,
haced que sea dichoso
en su triste hora postrara,
y con tu Hijo medianera
sednos, Reina Virginal"
Los Gozos de Nuestra Señora del Viñedo constituyen alimento espiritual y bebida que sacia las ansias de identidad. La celebración ha concluido con jota que mana del arroyo de voz del padre Samper, que es cura pero es jotero, que es jotero pero es cura, y que en la confluencia de ambas condiciones dota de efectividad su mensaje, especialmente cuando es a la virgen porque es lo que se dice un sacerdote profundamente mariano.
Gentes de los doce lugares, invitados y los oficiantes han emprendido, entre el tañido armonioso pero robusto de las campanas, el itinerario de la ancestral Procesión entre árboles de vida y con gran participación popular. A esas alturas, todo el entorno olía a brasa y de las botas manaba buen vino, como se bebía antaño.
La Procesión ha vuelto a su origen, se ha inerpretado el himno de la Virgen del Viñedo, con entusiasmo y devoción, y a partir de ahí cada mochuelo ha ido a su olivo, separados pero muy juntitos, para reponer fuerzas -si es que se habían perdido- y para disfrutar del programa lúdico con mucha música y más risas. Una gran jornada romera.