Organizada por Chrysallis y la asociación 28J, la activista intersex y abogada Mireia Martí, tras la pertinente presentación de Guillermo Boix, se ha extendida sobre los significados y realidades diversas que rodean la inicial I, posiblemente la más desconocida de las que conforman el acrónimo del colectivo LGTBIAQ+.
Comienza definiendo intersex como la persona que no encaja en su totalidad con el cuerpo normativo que le es asignado, es decir, que no es totalmente acorde y/o funcional con la categoría binaria (hay dos oficiales, recordemos) que se le asigna. Y es que serlo al 100% no siempre resulta sencillo.
Personas que nacen con genitales diversos, con fenotipo femenino y con testículos internos, con cromosomas XXY y otras muchas variantes hacen que no sea correcto hablar de intersexualidad (en singular) sino de intersexualidades. Sin que no deban considerarse una orientación sexual y que tan sólo hacen referencia al organismo. Tampoco es hermafroditismo que no es aplicable a personas (sí a animales que pueden incluso autofecundarse, caso de caracoles o estrellas de mar) y que contiene una carga despectiva que no oculta una cierta dosis de morbo.
Finaliza su introducción Mireia afirmando que la intersexualidad (en cualquiera de sus variantes) no es una patología, anomalía ni enfermedad alguna.
Para ilustrarnos gráficamente el trato habitual a estas personas, nos traslada a un hospital donde nace un bebé que el médico no tiene claro como catalogarlo en ese macho/hembra binario. Ante una familia desconcertada y en estado de shock, ese facultativo hará aquello que sirva para tratar de acomodar al bebé en una de las dos categorías. Puede hacerlo mediante tratamiento hormonal o mediante cirugía (mutilación genital infantil, sin eufemismos), recurriendo a una supuesta urgencia psico-social y un secretismo que lleva a borrar ese pasado del paciente llegando a tratar de ocultar su historial médico.
Recordemos, en este momento, lo que se define como una vagina válida en los protocolos médicos consultados por Mireia: aquella que es estética (¿?) y funcional, es decir, capaz de ser penetrada. Criterio de tamaño para un pene (más de 2,5 cms) que permita al futuro adulto tanto orinar de pie como mantener relaciones sexuales de penetración.
Poco se habla de intersexualidades en la Ley Trans, y con poca eficiencia, afirma la abogada. Menciona los artículos 19, 26 y 74, centrándose en cuestiones tales como la validez del consentimiento ante intervenciones médicas, y lo discutible del mismo si se hace con información insuficiente, utilizando argumentaciones que manipulan (ligar prevención de cáncer a una extirpación de gónadas) y ante una familia que no digiere aún la noticia. Y más aún si deben acercarse al registro civil, en un plazo muy corto, a inscribir a la nueva persona como hombre o mujer, aunque ahora se alargue el plazo, con consentimiento de ambos progenitores, a un año.
Discriminaciones en las exploraciones médicas, muy invasivas y con público "interesado". No acceso a la Guardia Civil ni al ejército. Falta de información tanto en niveles inferiores como en los universitarios. Discriminaciones en el mundo deportivo con pruebas cada vez más exigentes, aunque su nivel de fiabilidad sea cuestionable...
Finaliza la aplaudida intervención de Mireia relacionando lucha trans y lucha intersex, sectores ambos del colectivo que hay quien ha querido enfrentarlos a pesar de lo mucho que les une. Desde la patologización a ser objetivo redundante de campañas de satanización y víctimas de delitos de odio reiterados. Afirma la oradora que les une una misma lucha por la autonomía corporal y sexual, y que el enemigo es otro.