El Monasterio de Obarra acoge el homenaje a Laureano Monclús, 67 años de cura

El obispo Ángel Pérez Pueyo preside la Eucaristía en un templo lleno de feligreses de toda una vida

15 de Agosto de 2026
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Fotografía de familia del homenaje a Laureano Monclús
Fotografía de familia del homenaje a Laureano Monclús

A Laureano lo encuentra hasta la Inteligencia Artificial. Al introducir la búsqueda "Laureano sacerdote Isábena", reza la IA que "el sacerdote al que buscas es Laureano Monclús Solanilla (nacido en 1933 y ordenado en 1957). Ha sido una figura muy querida y ctiva en la zona de la Ribagorza, ejerciendo gran parte de su labor pastoral y como párroco en el área de Beranuy, Villacarli y sus alrededores". Ha tomado como fuente Iglesia en Aragón, y adjudica con justicia al mosén la preservación de iglesias locales de la Comarca, como el Monasterio de Obarra.

Más allá de la chanza tecnológica, precisamente el precioso templo románico de Obarra se ha llenado de feligreses para rendir homenaje al buen cura que lleva la friolera de 67 años de ministerio sacerdotal (aquí a la IA puede que se le hayan ido dos en el origen). Han escuchado la Eucaristía presidida por el obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, y cooficiada por Laureano Monclús, en fecha tan señalada como la Asunción de la Virgen.

Precisamente, el prelado ha partido de esa frase de Benedicto XVI que resumía la fiesta en una sencilla expresión: "En el cielo tenemos una Madre". Alcanza su máximo sentido cuando se concibe en términos de despedida, que quedan relativizados por una convicción: "María se va", pero "María no se aleja".

Otra vez Benedicto XVI: "El cielo está abierto; el cielo tiene un corazón". En el valle del Isábena, esta reflexión adquiere una dimensión muy especial: "Porque estas montañas saben mucho de madres. Madres que levantaron familias enteras. Madres que trabajaron en casa y en el campo. Madres que cuidaron a los mayores. Madres que enseñaron a sus hijos a rezar. Madres que quizá apenas sabían leer, pero que sabían perfectamente cómo se transmitía la fe: viviéndola. Y hoy muchas de ellas ya no están entre nosotros. O, mejor dicho: ya no podemos verlas".

Una conclusión precisamente de esta festividad: "La última palabra sobre nuestra vida no la tiene la muerte. La tiene Dios. Y la palabra de Dios sobre nosotros no es "tumba". Es: vida". Es la victoria "del amor, de la vida y de Dios, que es más fuerte que la muerte".

Ángel Pérez Pueyo ha reflexionado sobre la actitud de María, que "se puso en camino", "una de las claves más hermosas de María. Quien lleva verdaderamente a Dios dentro... se pone en camino hacia los demás". Y por eso la Virgen acude a Isabel cuando necesita ayuda. "Cuando María entra en una casa... Cristo entra con ella".

LAUREANO

Una analogía con el homenajeado de la mañana, Laureano Monclús. "Een este valle hemos tenido también un hombre que se puso en camino. Y no durante unos días. Ni durante unos meses. Durante casi un siglo. Una vida prácticamente entera ligada al Valle del Isábena. Cuántos kilómetros. Cuántos pueblos. Cuántas casas. Cuántas familias. Cuántos bautizos. Cuántas primeras comuniones. Cuántos matrimonios. Cuántos enfermos visitados. Cuántos entierros.  Cuántas Eucaristías celebradas cuando quizá éramos cuatro, seis, diez… y había que celebrarla igualmente porque aquella pequeña comunidad también era Iglesia".

En el centro de atención, permanentemente Laureano. "Hoy quiero decir sencillamente: gracias, Laureano. Gracias por permanecer. Gracias por servir. Gracias por haber querido a esta gente. Gracias por haber gastado aquí tu vida. Gracias también a Carmen, que te ha cuidado como tu madre, en tu otra casa: la cuadreta. Hay personas que hacen mucho ruido y dejan poco rastro. Y hay otras que hacen poco ruido… y dejan una huella que tarda generaciones en borrarse".

Eso, ha añadido monseñor Pérez Pueyo, es el Mgníficat, "Dios haciendo cosas grandes a través de personas sencillas y quizás ahí tengamos también una palabra para nuestros pueblos", porque el Señor "nunca ha necesitado multitudes para hacer cosas grandes. Necesita corazones disponibles".

"Quizá nuestros pueblos no necesiten obsesionarse tanto con ser grandes. Necesitan seguir siendo auténticos. Pueblos donde nos conozcamos. Donde cuidemos a nuestros mayores. Donde nadie muera solo. Donde el vecino siga siendo vecino. Donde sepamos acudir cuando alguien necesita ayuda. Donde todavía podamos entrar en una iglesia, encender una vela y recordar que nuestra vida está en manos de Alguien. Y hoy quisiera hablar especialmente a quien haya venido a esta celebración llevando algo dentro que nadie conoce", ha proseguido Ángel Pérez Pueyo.

Ha concluido esta homilía de reconocimiento de Laureano Monclús volviendo a la festividad de este 15 de agosto, que nos recuerda que la meta es la Vida con mayúsculas. "Nuestro destino no es una tumba. Es un abrazo. Cristo ha abierto el camino. María ya lo ha recorrido. Y desde allí continúa diciéndonos lo mismo que dijo en Caná: "Haced lo que Él os diga". Porque quien camina con Cristo nunca camina hacia la oscuridad. Camina hacia casa. Y quizá esta sea hoy la noticia más hermosa para todos los hombres y mujeres del Valle del Isábena: el cielo ya tiene un rostro conocido. El de Cristo resucitado. Y el de una Madre… que nos espera".

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