El obispo Ángel Pérez Pueyo ha clausurado el Año Jubilar que, bajo el lema Peregrinos de Esperanza, ha alumbrado un histórico 2025 con el Papa Francisco en el impulso del Jubileo y León XIII en su perpetuación tras el fallecimiento del pontífice Bergoglio. Ha disfrutado la Diócesis de Barbastro-Monzón de una triple celebración: a las 17 horas la Oración inicial en la Iglesia de los Padres Escolapios, a las 17,15 la procesión extraordinaria con la Virgen de la Esperanza y finalmente el rito de clausura y Eucaristía en la Catedral de Barbastro.
En este entorno y atmósfera jubilar, con presencia del alcalde, Fernando Torres, y otros ediles de la corporación, el prelado ha impregnado la seo del mensaje de una homilía con una proclamación inicial: "Caminando juntos". Monseñor Ángel Pérez ha puesto el contexto: "Aunque pueda parecer paradójico, hoy, 28 de diciembre, día en que la Iglesia celebra la Sagrada Familia y evoca también a los Inocentes que nuestra sociedad del bienestar sigue gestando, nuestra mirada como familia se ensancha para reconocer a los inocentes de nuestro tiempo. ¡Cuántas vidas no nacidas, cuántos niños abusados, cuántos ancianos olvidades, cuántos pobres descartados, familias destrozadas, víctimas sin nombre!".
Ha considerado el jerarca que, en todos ellos, "resuena el llanto de la humanidad y se prolonga la herida abierta de la historia". En esta fecha marcada por el dolor de los pequeños inocentes, "alzamos proféticamente nuestra voz en un canto de esperanza con el que clausuramos este Año Jubilar", convocado por el Papa Francisco "de feliz memoria", proclamando que "Dios no es indiferente a la familia humana, ni al sufrimiento de sus inocentes, y que su misericordia tiene la última palabra".
Ha incorporado a su homilía Ángel Pérez un nuevo concepto: gratitud. "Nuestro corazón se llena ante todo de gratitud. Gratitud a Dios, que ha querido regalarnos este tiempo de gracia, y gratitud a cada uno de vosotros, sacerdotes, animadores de la comunidad, consagrados, laicos, familias, jóvenes, cofradías, movimientos, parroquias, unidades pastorales, agentes de evangelización que lo habéis hecho vivo, cercano y fecundo".
Se ha remontado al 29 de diciembre de 2024. "Cuando en la Concatedral de Monzón cruzamos juntos la Puerta Santa con emoción contenida, lo hicimos con el deseo de pasar", remembraba, "del cansancio al descanso, de la oscuridad a la luz, del desaliento a la esperanza". Tras ese tránsito de un año, "hoy podemos decir con humildad y con gozo que este paso se ha convertido en un camino compartido de comunión y de corresponsabilidad".
Caminando Juntos, la Diócesis entera "se ha puesto en camino. Nuestros lugares jubilares, San Salvador de Torrente de Cinca, la Virgen de la Alegría en Monzón, la Virgen del Pueyo y la Capilla de la Esperanza en Barbastro, la Virgen de la Peña en Graus, así como las residencias de ancianos y la capilla del Hospital, se han convertido en verdaderos hogares de misericordia donde muchos han podido reconciliarse, orar, agradecer y renovar su fe".

Ha huido de la despersonalización o la generalización en una vivencia tan singular para cada uno. "Cada peregrinación ha tenido un rostro concreto. Los enfermos y el mundo de la salud, los medios de comunicación, las cofradías, la vida consagrada, las familias, los sacerdotes, los catequistas, los animadores de la comunidad, los coros... Cada grupo ha traído consigo sus gozos, también sus heridas, depositándolos ante el Señor y experimentando que la esperanza cristiana no defrauda".
"En comunión con la Iglesia universal, nuestro Jubileo diocesano ha latido al mismo ritmo que la Iglesia universal, de modo especial la peregrinación a Roma con los jóvenes, con las parroquias del Cinca Medio y Litera, con las delegaciones de familias de la Conferencia Episcopal Española, así como la peregrinación a París con la Unidad Pastoral de Graus, nos hicieron sentir iglesia en camino desde todos los rincones del mundo hacia la misma Puerta Santa", ha añadido monseñor Ángel Pérez.
El obispo de Barbastro-Monzón ha afirmado que esta misma experiencia fue evocada en la Vigilia de la Inmaculada en el convento de Santa Clara de Monzón. "Allí se nos recordó que somos un solo pueblo, sostenido por la fe y la intercesión de María, bajo cuyo manto pusimos todas las realidades humanas y eclesiales. Fue un auténtico Magníficat de esperanza, un canto de acción de gracias por lo vivido y la confianza ante lo que aún está por venir".
Ha concluido con agradecimiento al equipo de la Comisión Permanente, a los miembros de los órganos colegiados, a los delegados, arciprestes y moderadores de las ocho unidades pastorales, así como a los sacerdotes, consagrados y laicos que han hecho posible celebrar "con humildad y sencillez este Año Jubilar". "A quienes habéis acompañado, animado, cantado y servido, a quienes quizás en silencio habéis sostenido con la oración y el sacrificio".

Han demostrado que la Diócesis, "marcada por una profunda impronta milenaria misionera, marial y martirial, sigue siendo una tierra de acogida y de esperanza. Se abren nuevos retos. Este Jubileo nos deja dones claros: una fe más agradecida, una comunión y corresponsabilidad más real, reflejada en la organización y reestructuración pastoral de la Diócesis, y una esperanza más concreta. Pero también nos plantea nuevos retos: seguir pasando de una Iglesia entendida como bazar de lo sagrado, centrada en servicios y actividades pastorales aisladas, a una iglesia familia de familias. Culminar el proceso de beatificación de los 252 mártires, consolidar la unidad y la corresponsabilidad y vivir con mayor hondura la calidad y la misión".
Y una buena nueva trascendental. Todo lo pronunciado por el obispo se convierte ahora "en preparación para el próximo gran don que el Señor nos concederá del 21 de junio de 2026 al 21 de junio de 2027: el Jubileo de San Ramón, con motivo de los 900 años de la muerte de este 'obispo no al uso', patrono de nuestra Diócesis. Él nos invita a seguir impulsando un modo nuevo de ser iglesia sinodal, fiel, humilde y valiente que no teme ponerse en camino. Que Santa María, la primera creyente y discípula nos siga iluminando y guiando. Que todo lo vivido en este año jubilar se traduzca en una vida cristiana más libre y más alegre, más auténtica y más transparente, más entregada y confiada en Dios".
