El obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, ha comenzado sus operaciones de "exportación" del Año Jubilar de San Ramón. No es mercancía, es servicio de márquetin (una marca triunfadora con certeza), de proyección de la figura de su homónimo a través de la divulgación, sin necesidad de reglas artificiales o artificiosas.
Aprovechando todos los recursos, en este caso su doble condición con la de director general de los Operarios Diocesanos que fue, ha llevado la prédica al templo de la Reparación en Tortosa donde reposan los retos del Beato Mosén Sol, fundador de la Hermandad.
En su homilía en la localidad tarraconense, el obispo de Barbastro-Monzón se adentraba en el curso pastoral 2026-27 expresaba su orgullo por la oportunidad de presentar el legado de San Ramón. "Un obispo nada convencional, patrono de nuestra diócesis. Un pastor que le arrebataron el báculo, pero no perdió a su pueblo. Le usurparon la sede, pero jamás pudieron arrancarle la fidelidad al Evangelio. Porque un pastor de verdad nunca mide su éxito por el cargo que ocupa, sino por el amor que siembra".
Apelaba el prelado a la lectura en la que Jesús integraba en un campo el crecimiento del trigo y la cizaña. Una parábola extrapolable a la actualidad en la que la Iglesia aprecia "límites, cansancios, divisiones", con "incomprensiones" en las comunidades eclesiásticas mientras la sociedad prioriza el ruido a la verdad, terreno abonado para la indiferenciación entre "generosidad y egoísmo, luz y sombra". Y, sin embargo,...
Jesús, recordaba Pérez Pueyo, detenía a los criados del Evangelio cuando proponen, impetuosamente, arrancar la cizaña. "Dejad crecer". Es cuestión de paciencia. "Nosotros queremos soluciones inmediatas. Dios trabaja los procesos. Nosotros contamos resultados. Dios hace crecer personas. Nosotros miramos el presente. Él contempla la cosecha". La visión del financiero que sólo ve los números sin detenerse a interpretar por qué se ha llegado a ellos. Sin apreciar factores que permiten mirar más lejos.
Referencia al beato Manuel Domingo y Sol, que no quiso preparar sacerdotes eficientes, " sino formar corazones configurados con Cristo que suscitarán todos los demás carismas en la Iglesia. Sabía que una diócesis nunca será mejor que el corazón de sus sacerdotes, consagrados y laicos. Por eso sembró vocaciones, acompañó lentamente, educó con paciencia y confió más en la gracia que en las estrategias".
LA INSPIRACIÓN DE SAN RAMÓN
Nueve meses antes de la formulación del beato, San Ramón ya se había convertido en un pionero que preconizaba precisamente ese camino sabio de rectitud. "No venció porque tuviera poder. Venció porque permaneció fiel. No conquistó con la fuerza. Conquistó con la coherencia. No buscó conservar su puesto. Buscó cumplir la voluntad de Dios".
Promulga Ángel Pérez Pueyo que el Señor pide menos prisas y más esperanza, menos obsesión por la cizaña, más siembra de trigo, "porque quien enciende una luz hace que la oscuridad retroceda casi sin darse cuenta".

El obispo de Barbastro-Monzón interpretaba su propio vademécum que compartía con los operarios diocesanos para atender las necesidades de la Iglesia. "Personas que contagien esperanza. Sacerdotes, consagrados y laicos, hombres y mujeres que huelan a Evangelio. Comunidades que no vivan instaladas en la queja, sino en la misión. Cristianos que no pierdan tiempo preguntándose cuánta cizaña hay alrededor, sino cuánto trigo pueden sembrar hoy".
Una trinidad de convicciones necesarias en estos tiempos: "Que nunca perdamos la pasión por sembrar. Que no dejemos de creer en las personas. Que sepamos esperar los tiempos de Dios".
Invitación a inspirarse en San Ramón. "Aunque pudieran arrebatarnos el báculo, jamás nos puedan privar del cariño del pueblo porque habremos entregado la vida por él". Porque quienes cambian la historia es quienes siguen sembrando trigo, no los que denuncian la cizaña.
LA HERMANDAD
La Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos fue fundada en 1883 por el Beato Manuel Domingo y Sol (conocido también como Mosén Sol), que afirmaba que “es una de tantas fórmulas que el Señor ha querido suscitar para facilitar la santificación del sacerdote en medio del mundo y para mayores resultados de gloria de Dios”.
Pretende el fomento, sostenimiento y cuidado de las vocaciones eclesiásticas, la formació cristiana de la juventud y el aumento del espíritu de reparación y de la devoción al Corazón de Jesús. La Santa Sede los reconoció como sacerdotes seculares con vida común. Su estilo de vida se resume en la divisa "mejor en equipo", por lo que son un conjunto de vida y de trabajo que favorece la corresponsabilidad y el crecimiento integral.