El Movimiento Junior de Huesca repasa medio siglo de historia en una exposición con gran respuesta del público

La muestra, celebrada en el centro Manuel Benito Moliner, culminó con debates sobre infancia, educación y fe

DH
13 de Abril de 2026
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El Movimiento Junior de Huesca repasa medio siglo de historia en una exposición con gran respuesta del público.
El Movimiento Junior de Huesca repasa medio siglo de historia en una exposición con gran respuesta del público.

El Movimiento Junior de Huesca conmemoró sus 50 años de trayectoria con una exposición celebrada del 28 de marzo al 10 de abril en el Centro Cultural Manuel Benito Moliner, una propuesta que permitió recorrer la evolución de este colectivo en la provincia. La muestra registró una notable afluencia de visitantes a lo largo de su apertura, en una cita marcada por la participación y la carga emocional de sus actos principales.

La inauguración incluyó una mesa redonda con deportistas, en la que niñas, niños y público asistente dialogaron sobre cuestiones como el machismo, el racismo o la violencia en el deporte, en un formato abierto que favoreció el intercambio de opiniones. Por su parte, el acto de clausura reunió a distintos agentes sociales y eclesiales vinculados con la infancia, así como a familias participantes en el movimiento, en un espacio de reflexión centrado en la realidad de los menores, los retos del acompañamiento educativo y de fe, y los cauces de participación en la ciudad.

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El cierre incorporó además una muestra de música y danza, a cargo de colaboradoras de la asociación, que aportó una dimensión artística al encuentro. Este último acto puso el acento en el carácter comunitario del proyecto y en su capacidad para generar espacios de convivencia y aprendizaje compartido.

Los visitantes destacaron especialmente el trabajo de Blanca Nagore, diseñadora de la exposición y antigua integrante del movimiento, quien supo trasladar a través de paneles y soportes gráficos la esencia de una iniciativa que ha acompañado durante décadas a niñas y niños en su desarrollo personal, social y eclesial, mediante propuestas educativas basadas en el juego y la participación activa.

Uno de los elementos más emotivos de la muestra fue la proyección de imágenes históricas, en las que numerosos asistentes se reconocieron en los campamentos de Obarra, enclave que durante más de tres décadas fue punto de encuentro para el movimiento. Este recorrido visual permitió reconstruir una memoria colectiva compartida por varias generaciones.

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