El obispo Ángel confirma a jóvenes de Altorricón y Santalecina: "El Espíritu Santo que recibís hoy es vuestro GPS"

El prelado de Barbastro-Monzón orienta a los jóvenes en la ceremonia con preguntas para la reflexión

28 de Junio de 2026
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El obispo Ángel Pueyo en Altorricón con jóvenes y concelebrantes.
El obispo Ángel Pueyo en Altorricón con jóvenes y concelebrantes.

El obispo de Barbastro-Monzón, Ángel Pérez Pueyo, ofició el sacramento de la Confirmación a jóvenes de Altorricón y Santalecina, dos de las comarcas (Litera y Cinca Medio) de la diócesis milenaria y martirial como gusta definir al propio prelado. Se prodiga en estas acciones con los jóvenes que son el futuro de la iglesia, aunque en ocasiones, no sólo desde fuera sino también desde dentro, corremos el riesgo de minusvalorar un ritual que no es abstracto, sino muy concreto; no es ceremonial, sino que tiene su contenido profundo.

El sacramento de la Confirmación es uno de los iniciáticos de los cristianos, como el Bautismo o la Primera Comunión como introducción a la Eucaristía. Los jóvenes asumen que profundizan en la gracia bautismal y penetran en una senda de fe y compromiso. De paso, se enriquecen con dones del Espíritu Santo como la sabiduría, el entendimiento, la fortaleza, la valentía, la ciencia, la piedad y el denominado temor de Dios.

Gusta al obispo Ángel ser personalmente el ministro de este sacramento cuya solemnidad conlleva la imposición de manos que invoca la venida del Espíritu Santo, la unción con el Crisma en forma de óleo sagrado perfumado mientras pronuncia "recibe por esta señal el don del Espíritu Santo", y el sello espiritual que queda alojado en el alma, por lo que sólo se recibe una vez en la vida.

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Al obispo de Barbastro-Monzón le gusta interactuar con los jóvenes en su manera empática de provocar la reflexión. "¿Quieres triunfar... o dejar huella?" No es un examen, no es preciso exteriorizar la contestación. "Respondedla dentro de vuestro corazón".

Segundo interrogante: ¿Qué queréis hacer con vuestra vida? No es una pregunta material sobre los estudios, la expectativa salarial o el lugar de sus destinos. Está asociado al tercero: ¿Qué clase de persona queréis llegar a ser? Expone entonces la brecha entre tener éxito y dejar huella: "Hay personas que llegan muy alto... y pasan sin pena ni gloria". Una paradoja como otra: "Y otras que aparentemente lo pierden todo... pero nadie consigue olvidarlas". Puede parecer inexplicable, pero nada más lejos de la realidad: "Unas vivieron para sí mismas. Y otras vivieron para los demás".

Extrae, para los despistados, las Lecturas evangélicas, las palabras de Jesús: "Quien quiera guardar la vida, la perderá; pero quien la pierda por mí, la encontrará".

Imposición de manos en Santalecina
Imposición de manos en Altorricón

Asume el prelado ante los chavales de Altorricón y Santalecina que les puede provocar extrañeza ante los discursos de estos tiempos que invitan a "conservar, asegurar, acumular, proteger". Y el Cristo dice: "Entrégala... y la encontrarás. El problema no es perder cosas, sino no descubrir que la vida sólo alcanza su plenitud cuando se convierte en don".

El pastor va utilizando la técnica de la caña de pescar, con cebos atractivos pero profundos, que requieren una mirada especial para apreciar su brillo. Apela a San Ramón, que por algo empieza su Año Jubilar. Terrenalmente, podemos interpretar que tuvo mala suerte: le arrebataron la diócesis, le expulsaron, humillaron y desterraron. Un fracasado, en conceptos actuales. "¿De verdad perdió? Yo creo que ganó. Porque le quitaron la diócesis... pero no pudieron quitarle el cariño de su pueblo. Le arrebataron el cargo... pero no la misión. Perdió el báculo... y encontró miles de corazones".

En realidad, proseguía el obispo Ángel, "eso es el Evangelio. Eso significa perder la vida para encontrarla".

Mirándoles a los ojos, anuncia a los confirmando que van a "recibir el Espíritu Santo, no para que os sintáis especiales, sino para que vuestra vida deje de girar alrededor de vosotros mismos. Os confirmáis para convertiros en regalo".

Les pide que miren en su entorno, en su pueblo, con los jóvenes en busca de sentido, aparentando felicidad en medio de un extravío de su personalidad, rodeados de gente experimentando la soledad. "Vosotros podéis ser ese vaso de agua fresca del que habla Jesús". Parafrasea a Javier Pérez Benedí: "Guardamos para la gente sedienta vasos llenos de agua fresca". Y propone una imagen: "Jesús quiere que seais fuentes" que alivien, escuchen, contagien esperanza existiendo para los demás.

Propugna Ángel Pérez Pueyo una última pregunta: ¿Sabéis cuál es el mayor fracaso de una persona? Refuta las respuestas de la lógica de estos tiempos. Nada de suspender, de quedarse sin trabajo, de no equivocarse. "El mayor fracaso sería llegar al final de la vida... sin descubrir para qué habías nacido". No es difícil imaginar un escalofrío.

Y un a modo de promesa del pastor a su rebaño: "El Espiritu Santo que vais a recibir hoy es vuestro GPS. No sólo os dirá dónde estáis, os recordará quienes sois y os ayudará a descubrir quien estáis llamados a ser. No os dará una profesión. Os ayudará a descubrir vuestra vocación". Lenguaje adaptado a la sagacidad de los jóvenes. "Dios no practica fotocopias. Llama por vuestros nombres. Tiene un sueño para cada uno... y espera vuestra respuesta".

Una recomendación, porque alguien indefectiblemente preguntará qué hicieron el día de la Confirmación. No es una ceremonia. La respuesta correcta es que "aquel día descubrí que mi vida tenía una misión". Y entonces enlazarán con San Ramón para siempre, "el obispo que perdió una diócesis... y ganó un pueblo. Porque entendió que la verdadera grandeza no consiste en conservar la vida. Consiste en entregarla".

Y la conclusión final antes de celebrar alborozada y serenamente el sacramento: "La vida sólo encuentra sentido cuando se convierte en vocación y se entrega por amor". Y, detrás, se siente el aleteo metafórico y transformador del Espíritu Santo. Confirmado. Confirmados.