El obispo de Huesca, Pedro Aguado Cuesta, ha pronunciado el pregón que abre la Semana Santa de la capital en el que será su primer año en los "diversos y abundantes actos" que jalonan la celebración, recuerdo y reflexión sobre los Misterios "que nos dieron nueva Vida", la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo". En el Viernes de Dolores, su palabra se ha adentrado profunda en el corazón del templo abarrotado de fieles.
En la Iglesia de Santo Domingo y San Martín, sede de la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz, el mayordomo primero, José María Río, ha introducido la solemnidad antes de que el vicario general, José Alegre, introdujera al autor del pregón. Además de representantes de la Diócesis y de la Archicofradía, autoridades civiles con la alcaldesa, Lorena Orduna, la diputada al Congreso Ana Alós, la presidenta de la Comarca de La Hoya, Mónica Soler, diversos concejales de PP y PSOE y abundante representación del las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
El prelado de Huesca ha comenzado con una expresión de gratitud a José Alegre por sus servicios y apoyo en los primeros meses en la Diócesis y también por la presentación de su figura en este pregón. Se congratula el Padre Pedro por "la formidable devoción e identificación de los y las oscenses con todo lo que conmemoramos esta Semana. Todo esto es muy importante, porque todo lo que estamos llamados a vivir en esta semana nos ayuda a identificarnos con nuestra historia y con nuestras raíces; nos invita a agradecer la vida y la dedicación de tantas personas que dieron lo mejor de sí mismas por nuestra ciudad y nuestras tradiciones, y nos hace sentirnos orgullosos y contentos de pertenecer a un pueblo y a una Iglesia".
La Semana es Santa porque "expresa, revive y propone el amor de Dios por nosotros", ha empezado el obispo, que fiel a su costumbre ha estructurado su pregón en tres partes. "Una de las claves de nuestra Semana Santa es que es algo vivo. No es sólo una sucesión de procesiones, pasos, actos litúrgicos o sociales, que son importantes y los queremos y valoramos. Es, por encima de todo, la expresión de lo que a lo largo de los años y de los siglos nos ha ido configurando como personas y como oscenses, y lo sigue haciendo, porque año a año aparecen signos de vida y recuperamos aspectos valiosos".
Ha admitido el jerarca que le ha provocado admiración una "bella tradición" en la procesión del Santo Entierro: "Los doce apóstoles, encarnados por doce personas que vistieron sus túnicas y nos recordaron -y nos recuerdan- que nuestra fe es apostólica, que está fundamentada en el cimiento de los apóstoles, personas sencillas pero apasionadas por Cristo y transformadas por Él. Estos doce apóstoles nos ayudan a recordar de dónde venimos y la importancia del testimonio de fe de aquellos que nos sentimos transformados por el Señor Jesús. La fe cristiana, hermanos, es apostólica. Felicidades por recuperar esta tradición".
Ha aportado nombres fundamentales en la Semana Santa oscense, como el de Celestino Villa, sacerdote y maestro de capilla de la Catedral al final del siglo XIX y mayordomo primero de la Archicofradía, que legó la obra sonora de Los Ministriles. También la figura del jesuita oscense Mariano Coronas, creador de los estandartes con los misterios dolorosos que pintó y de la vestimenta de los personajes del Antiguo Testamento. Capítulo aparte para mosén Demetrio Segura Gavín, párroco de Santo Domingo y San Martín y como tal prior de la Archicofrfadía. Con la ayuda de los cofrades Vicente Ferrer y Antonio Baso, y del músico Daniel Montorio, adquirieron el Cristo Yacente de José Capuz, la alternativa accesible a una más costosa.
Tras explicar la veneración de esta talla en Sábado Santo, ha afirmado que la Semana Santa de Huesca "tiene mucho de contemplación. Vamos a ver procesionar numerosos pasos, todos ellos valiosos, bellos, suscitadores de nuestro silencio contemplativo y, para los creyentes, de nuestra fe conmovida. Contemplaremos pasos de diversos escultores, de épocas y estilos diferentes. Entre ellos, escultores como el hermano Pedro Nolivos, Cristóbal Mendoza, Tomás Marqués, Felipe Coscolla, Vicente Vallés, Fructuoso Orduna o los hermanos Larruy".

La vivencia de Huesca, ha añadido, "conjuga de manera armoniosa la fe, la tradición, la cultura y la identidad de nuestro pueblo, que se ha ido configurando, a lo largo de los años, encarnando todo ello en las personas, en las familias, en las instituciones, en las asociaciones, en las cofradías y en la Iglesia. Somos hijos de una preciosa tradición que hay que amar, custodiar y transmitir".
Palabras de reconocimiento a las cofradías que ayudarán a contemplar la pasión de Nuestro Señor "desde el momento inicial, en la cena con los discípulos, hasta el momento final de su muerte redentora, y podremos también acercarnos al acontecimiento pascual de su resurrección. Como pregonero, pero también como vuestro obispo, quiero expresar mi profundo agradecimiento a cada una de las cofradías y grupos procesionales, por su ayuda y dedicación al testimoniarnos estos acontecimientos que cambiaron para siempre la historia de la humanidad".
LOS MISTERIOS QUE NOS DIERON NUEVA VIDA
El segundo momento del pregón ha sido dedicado a los misterios que se vivirán en cada profesión y en la Iglesia con los actos litúrgicos. "Siempre hay un componente de sorpresa y de admiración en estos días: ¿cómo es posible creer en un Dios crucificado por los hombres? ¿Cómo es posible vivir y creer desde una religión que procede de una experiencia tan increíble como la que recordamos en estos días? Esta es, precisamente, la grandeza de la Semana Santa que nos disponemos a vivir en nuestra ciudad: “Tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo único para que todo el que crea en Él tenga vida eterna” (Juan 3, 16)".
Alusión específica a la Misa Crismal en que los sacerdotes de la Diócesis concelebran con el Obispo y renuevan las promesas sacerdotales que hicieron el día de su ordenación. Y otra para la celebración de la institución de la Eucaristía y el sacerdocio ministerial en Jueves Santo. "El día en el que el Señor, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo. Ese Amor es la fuente del amor fraterno que somos llamados a vivir. Ese es el día en el que el Señor lava los pies de sus discípulos, en el que celebra la primera Eucaristía, en el que vive en profunda oración -ansiosa- su confianza en el Padre, en el huerto de Getsemaní. Por eso, la noche del jueves al viernes, en la madrugada del Viernes Santo, nos recogemos en profunda contemplación de María y del Señor. Esa es una noche diferente, como lo fue para Jesús".

Viernes Santo es el día en que se padece "con profundo sentimiento, la pasión y muerte del Señor. La cruz es para nosotros una señal de bendición porque antes fue, para Jesús, el lugar de su entrega generosa para nuestra salvación: sus heridas nos han curado".
En la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección al que se añade el tiempo pascual, recibimos el mejor obsequio: "Cristo vive y te quiere vivo. Y somos enviados a testimoniar a Cristo en todos los ambientes en los que nos movemos".
El obispo ha sintetizado en tres verbos lo que vamos a vivir y aquello a lo que somos invitados a compartir y transmitir estas jornadas: "Celebrar, contemplar y testimoniar". Los tres términos "ayudan a expresar lo que es nuestra Semana Santa, y lo que es el sentido de nuestras cofradías y de todas las diversas actividades que llevamos adelante entre todos: niños, adultos, hombres y mujeres, todos unidos por un mismo deseo y una misma experiencia".
TRES PROPUESTAS O SUGERENCIAS
En su proceso reflexivo para el pregón, el primero suyo en Semana Santa, y en su línea de armar sus discursos con trinidades de conceptos, monseñor Aguado ha hallado tres sugerencias para contribuir a dar pasos positivos "en nuestra vida personal, familiar, social y eclesial".
La primera, "levantar nuestra mirada a Dios y a entrar en lo profundo de nuestro corazón. Elevar la mirada y hacerla entrar, en profundidad, en lo que habita en el fondo de nosotros mismos". Buscar respuestas a nuestro interior ante "preguntas fuertes" por el sentido de nuestro viaje, de nuestro trabajo, de nuestras dificultades y alegrías. "Todos tenemos una preciosa sed de eternidad. A todos nos conmueve el testimonio de las personas buenas que aman hasta el final, que sirven sin esperar nada a cambio y que perdonan y acompañan. Todos tenemos sed de bondad, de amor, de libertad, de escucha, de comunidad. Los cristianos damos un nombre a la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor: les llamamos los “misterios que nos dieron nueva Vida”.
La segunda sugerencia es el impulso "a contemplar a todos los crucificados que hoy sufren, en muchas ocasiones por la incomprensión de sus hermanos. No les cerremos los ojos. Los que están lejos, sufriendo por una guerra, o por el hambre, o por un sistema que les impide vivir o soñar. Y los que están cerca, porque están solos, o porque no tienen dónde vivir, o porque la enfermedad les desanima y les impide sentir y experimentar la alegría de vivir. Con su muerte, Jesús asumió también el dolor humano y da sentido a la esperanza. La esperanza cristiana consiste, esencialmente, en confiar en que las promesas de Dios se cumplirán, aunque muramos sin verlas. Eso es la fe".
La tercera nos dirige al final de la Semana Santa, cuando el Señor dice a sus discípulos cuando se les aparece: "Paz a vosotros. PAZ. La palabra más deseada y quizá más manipulada. Pero la Paz es el bien supremo. Por eso es deseada por el Resucitado, y por eso es proclamada por los cristianos. Despojémosla de toda ideología y contemplémosla en lo que significa: la paz es fruto de la fraternidad. Y este es el mensaje de la Semana Santa".
Un último consejo: contemplar con observación. Mirar en cada procesión a nuestra gente diversa en edad, ideas y trayectorias, en silencio respetuoso hacia lo que aman y les unen. "Los oscenses tenemos tradiciones, personas y experiencias que nos unen. Cuidémoslas y vivámoslas con amor".
La Semana Santa es un "encuentro con nuestra historia, nuestra cultura y nuestras tradiciones" fruto de la "honda experiencia de fe con una preciosa expresión de arte, de símbolos, de imágenes y de experiencias compartidas".
Una recomendación: "Vivir y celebrar con profunda serenidad y alegría la Semana Santa, y en la medida de vuestras libres opciones de fe, el Amor de Cristo". Que el trabajo, devoción, participación y entrega sigan siendo "un espacio de vida, de fe y de serena contemplación". "Nunca olvidéis las palabras con la que Jesús se presenta, resucitado, ante los suyos: “La paz esté con vosotros”. Esa paz, serena y profunda, que procede de la transformadora experiencia del encuentro con Cristo, el Señor, sea siempre con vosotros. Amén".

LA PRESENTACIÓN DE JOSÉ ALEGRE
El vicario general de la Diócesis, José Alegre Lanuza, ha presentado al autor del pregón y se ha remontado a su infancia en su pueblo cuando se anunciaba: "Se comunica que esta tarde..." Lo importante era el mensaje, pero también quién lo transmitía, porque daba una relevancia especial: "De parte del señor alcalde, se hace saber..."
Las Sagradas Escrituras explican la importancia tanto del mensaje como del mensajero. Los ángeles anuncian el nacimiento de Cristo a los pastores y anuncia a la Magdalena, además de a las mujeres el acontecimiento de la religión. "Hoy también el mensaje es importante. Se nos va a anunciar el núcleo central de nuestra fe. La celebración de la Pasión, Muerte y Resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es como el agua, esencial para la vida, pero necesita un cauce para llegar a nuestro nosotros".
Ha definido al obispo como el cauce para el mensaje. En el día de los Viernes de Dolores, en que la Iglesia nos invita a mirar a Jesús con los ojos de María, "el Padre Pedro comenzó a aprender a mirar contemplando a la virgen de Begoña... Y la virgen le enseñó a mirar a Jesús... y Jesús al mundo". La mirada del prelado, ha agregado, siempre apunta a "cómo arrimar el hombro, como él dice".
Se ha referido al escudo de las Escuelas Pías, "donde creció como persona y se enamoró de Jesucristo, y forjó su vocación". "El Señor le robó el corazón para él". Ha definido al Padre Pedro como el "maestro que enseña a aprender de los demás, porque él mismo está siempre aprendiendo. Su mirada no se detiene" en el templo, sino que busca en el corazón de los demás a través de la caridad.
Y, por último, "se entrega hasta la extenuación por la misión encomendada", siempre dispuesto a responder a todos. "Esa es la disponibilidad" que tiene la explicación en la visión pasional de Jesucristo. Y ha dado gracias por "dejarse hacer por el Señor, compartirlo como nosotros y manifestarse siempre como es: un testigo de Cristo Jesús".

ERNESTO ESCAR, COFRADE DE HONOR
Ernesto Escar, jefe de protocolo que fue del Ayuntamiento de Huesca, ha recibido el nombramiento de Cofrade de Honor. Javier Tolosana -secretario de la Archicofradía de la Santísima Vera Cruz- ha glosado a Escar Monaj, "en el último año la persona más homenajeada de esta ciudad": la División Castillejos, Guardia Civil, policías Nacional y Local, y el Cuerpo de Bomberos. La Archicofradía ha reconocido los desvelos y trabajos para la Semana Santa, "siempre dispuesto a echar una mano".
Una larguísima ovación ha seguido a la entrega del reconocimiento por parte del Mayordomo de la Archicofradía, José María Río, a Ernesto Escar, que ha recibido discreta y humildemente la distinción.
Era ya el momento de despedir el acto con las dos interpretaciones de la Coral Oscense dirigida por Elisa Betrán Betrán, pletóricas en su atmósfera de paz, serenidad y trascendencia.
