La Peregrinación de la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes de la Diócesis de Barbastro-Monzón está conciliando a los feligreses con los sentimientos más profundos de su religiosidad para replicar los reveses de la vida terrenal, en una expedición que encabeza el obispo Ángel Pérez Pueyo, acompañado del presidente de la Hospitalidad, José María Sistach y la secretaria, Julia Baldellou, y Julia Lirios, delegada de Cardidad, a Pedro y Loreto de los scouts y José Luis López y su grupo de joteros, además de los sacerdotes Chema, Wilson y Rafa.
En la homilía de este sábado, el prelado sostenía que sobran muchas palabras porque "Lourdes se entiende mejor mirando" a María, a Bernardita, a los enfermos y mayores, "a quienes empujáis sus sillas, a quienes os agacháis para abrochar un zapato, acercar un vaso de agua, colocar una manta, sostener el paraguas o sencillamente preguntar: ¿Estás bien?"
Saludaba a los feligreses en "este lugar mágico y emblemático, la ruta de las apariciones".
EL INVITADO SAN RAMÓN
Se ha "permitido" el prelado invitar a San Ramón Obispo, en este Año Jubilar en el que siempre le acompaña su figura, a este acontecimiento y le ha "presentado a Nuestra Señora de Lourdes aquí, en la Gruta" para fabular una conversación entre ambos. Ramón le ha preguntado: "Madre, yo también fui pastor. Tuve un pueblo que cuidar. Tuve dificultades, incomprensiones, incluso el destierro. ¿Cuál es el secreto para cuidar de verdad?"
Y María, seguramente sonriente, le respondería: "Mira primero a quien nadie mira". El jerarca ha dimensionado la lección, recordando que María siempre tuvo esa mirada cuando Isabel necesitaba ayuda y se puso en camino, cuando vio que en Caná faltaba vino y se percató antes que nadie o cuando contempló a su Hijo en la Cruz "y permaneció allí cuando otros habían marchado". Conclusión: "Tiene una especial predilección por quien necesita que alguien se quede a su lado".
Turno de réplica de San Ramón: "Madre, ahora entiendo mejor mi báculo. Yo pensaba que servía para gobernar. Y fui aprendiendo que el báculo no es un cetro. Es un cayado. Sirve para sostener a quien camina con dificultad". Y la Virgen apostillaría: "Ramón, entonces hemos aprendido lo mismo: que amar es sostener. Y creo que en ese momento los dos os mirarían a cada uno de vosotros. A nuestros enfermos. A nuestros mayores. A quienes habéis venido con una silla, con un bastón, con vuestros achaques, con una enfermedad que quizá lleva mucho tiempo acompañándoos…"
Y María agregaría: "No sois una carga" para la familia, para la diócesis y para esta Hospitalidad. "Y, sobre todo, no sois una carga para Dios". Frente a la resignación, el poder. "Podéis querer. Podéis sonreír. Podéis agradecer. Podéis rezar. Podéis ofrecer incluso aquello que no habéis elegido. Y podéis hacer algo todavía más importante: podéis evangelizarnos". Curar de nuestras prisas o de creer que sólo vale quien produce. Entender que "una persona vale no por lo que hace... sino por lo que es".
Gratitud del obispo a los Hospitalarios que han venido a Lourdes pensando que vienen a ayudar "A empujar sillas. A trasladar enfermos. A esperar. A acompañar. A correr cuando haga falta. Y yo quisiera deciros algo: mirad mucho. No tengáis prisa. Escuchad. Preguntad el nombre de la persona cuya silla estáis empujando. Porque no lleváis una silla".
Aclaración en este sentido. "Lleváis una historia. Ahí va alguien que ha amado. Que ha trabajado. Que ha criado una familia. Que ha sufrido. Que ha rezado. Que ha perdido personas queridas. Que tiene mucho que contaros. Y quizá vengáis pensando: "Yo voy a empujar su silla". Y regreséis a casa diciendo: "Ha sido él quien me ha empujado a mí por dentro"".
En este preciso momento de la alocución ha identificado el obispo el espacio de la conversación. "Eso es Lourdes. Un misterioso intercambio de dones. Aquí nadie es solamente fuerte. Aquí nadie es solamente débil. Todos necesitamos ser cuidados y todos tenemos algo que ofrecer".
Reconocimiento específico a los jóvenes scouts porque se van a encontrar con una misión preciosa: "Ángeles de la guarda con pañoleta, manos, ruedas y cansancio. Y los ángeles de la guarda tienen una característica: no se ponen delante para que los miren. Se colocan al lado para acompañar. Y permitidme terminar con algo que para mí tiene un significado muy especial. En nuestra diócesis queremos comenzar el curso aquí. Antes que los programas. Antes que las reuniones. Antes que los proyectos. Antes que las agendas… estáis vosotros".
Tras proclamar que la Iglesia se parece a Jesús cuando coloca en el centro a quienes otros pueden dejar en la cuneta, retorno al protagonismo de San Ramón: "- Madre, ¿qué quieres que nos llevemos de Lourdes?" Y María respondería: "Ramón, diles que hagan lo que hice yo: que vean, que se acerquen, que se pongan en camino y que cuiden". Y san Ramón añadiría: "Y decidles que nadie camine solo. Si alguno se cansa… que otro le preste su cayado".
Concluía monseñor Ángel Pérez con una oración a la Virgen de Lourdes: "Haz de nuestra Hospitalidad una gran ternura. Que ningún enfermo se sienta una carga. Que ningún anciano se sienta olvidado. Que ningún voluntario pase junto al sufrimiento sin detenerse. Y que todos regresemos a Barbastro-Monzón habiendo aprendido algo muy sencillo: que el verdadero milagro de Lourdes comienza cuando dejamos de preguntarnos quién necesita de quién… y descubrimos que todos nos necesitamos. Que a Lourdes no se va, sino que se vuelve. Tocado, transformado, amado, curado. Dejaos tocar, dejaos convertir"