La Coral de Santo Domingo y las palabras del párroco, Fernando Altemir, preceden la marcha de la cofradía en medio del frío. Las preciosas voces preludian el acontecimiento fatídico que representa cada Lunes Santo, a las 11 de la noche, la Procesión del Prendimiento de la cofradía arraigada en la Iglesia de Santo Domingo y San Martín. "Miserere nobis", ten piedad de nosotros.
Y ahí surge el verbo de Fernando Altemir con el Evangelio de San Mateo que nos desplaza a la escena en el huerto de Los Olivos, cuando Jesús dice a sus discípulos: "Ha llegado la hora y el hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está aquí el que me va a entregar". Lo escuchan decenas de personas en la Plaza de Santo Domingo. Prosigue el relato evangélico con la llegada de Judas y un gran tropel de gente con espadas y palos. "El traidor les había dado esta señal: al que yo bese, ese es, prendedlo. Nada más llegar, se acercó a Jesús y le dijo: Salve, maestro. Y lo besó". Replicó el Mesías: "Amigo, haz lo que has venido a hacer". "Entonces, se adelantaron, echaron mano a Jesús y lo prendieron". Uno de los que acompañaban a Jesús, Pedro, blandió una espada y arrancó una oreja a un criado del sumo sacerdote, a lo que el Salvador respondió: "Guarda tu espada, que todos los que empuñan la espada, a espada perecerán. ¿O crees que no puedo acudir a mi padre, que pondría a mi disposición enseguida más de doce legiones de ángeles? Pero, ¿cómo se cumplirían las Escrituras, según las cuales tiene que suceder así?". Se dirigió a continuación a la gente para explicitar: "Habéis venido a prenderme con espadas y palos como si fuera un bandido. A diario, he estado enseñando en el templo y no me apresasteis, pero todo esto ha ocurrido para que se cumpla lo que escribieron los profetas. Entonces, todos los discípulos lo abandonaron y huyeron".
Invitaba Fernando Altemir a ser, en esta procesión, "la compañía que Jesús no tuvo en aquel momento, a ser los que no sólo no le abandonan, sino que quieren ser discípulos suyos".
Es la situación que, magistral y dramáticamente mente, esculpió en su paso el artista grausino Felipe Coscolla y que data de 1930, próximo a la centuria. El Cristo mantiene la actitud digna, atado de manos, asido por el brazo por un soldado, con los rostros desencajados de los romanos, San Pedro está con los drazos en alto y, a su espalda, la daga con la que ha sesgado la oreja del sirviente, que se cubre los lados de su cara con las manos. El momento previo a la Pasión está servido.
La Cofradía del Prendimiento de la parroquia, cuyo prior es José Javier Tolosana, con la colaboración de la Asociación de Vecinos Juan de Lanuza, viste su túnica y capirote gris, con el sentido de la sangre de Cristo en el bocamangas rojo y el emblema en el pecho. Es precedida y acompañada en el desfile por la compañía de otras cofradías de la ciudad y del Grupo de Carraclas y Matracas de Alcalá del Obispo, que aportan su singularidad dentro de la marcha.
Son las once de la mañana y parte de la plaza junto a la parroquia para encarar el Coso Bajo y descender por Sancho Ramírez, donde las estrecheces todavía contextualizan más el sentido de la circunstancia que se celebra. Se abre el espacio con Travesía Ballesteros y la calle José María Lacasa, para enfilar la calle Lanuza. Más de una hora después del inicio, ya está en el Coso Bajo nuevamente para terminar en Santo Domingo. Suena triste la gaita para homenajear a una difunta de la cofradía, Sandra, en medio de los sollozos humanos y la trascendencia de la fe. Último toque y final de la procesión. Cristo está apresado. La suerte está echada. A partir de aquí, continúa lo que ha de venir con las palabras premonitorias del Cristo que presagia el cumplimento de lo que escribieron los profetas.