Reynaldo Jesús Cárdenas, un nuevo sacerdote en Huesca para "construir Iglesia y comunidad"

Una solemne ordenación sacerdotal acompaña a nuevo presbítero que ya ha acreditado "su dignidad" máxima para acometer su servicio a Dios, la Iglesia y el pueblo

20 de Septiembre de 2026
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Reynaldo Jesús Cárdenas, ordenado sacerdote de Huesca para "construir iglesia y comunidad"

"Pueblo de reyes, asamblea santa, pueblo sacerdotal, pueblo de Dios, bendice a tu Señor". El canto litúrgico compuesto por Lucien Deiss encierra en su belleza musical un anuncio de la inminencia de un alumbramiento, de un nuevo presbítero para servir a Dios, a la Iglesia y a la comunidad. La Catedral de Huesca lucía esta tarde un aspecto excelente para esta buena nueva de Reynaldo Jesús Cárdenas Irías.

Reynaldo se ha manifestado "presente" y José Alegre, vicario general, se ha dirigido al obispo de Huesca, Pedro Aguado: "La Santa Madre Iglesia pide que ordenes presbítero a este hermano nuestro". El prelado ha preguntado: "¿Sabes si es digno?" Contestación: "Según el parecer de quienes lo presentan, después de consultar el pueblo cristiano, doy testimonio de que ha sido considerado digno". El Padre Pedro: "Por el auxilio de Dios y de Jesucristo nuestro Salvador, elegimos a este hermano nuestro, Reynaldo, para el orden de los presbíteros". Y la comunidad presente en la Seo ha asentido: "Demos gracias a Dios".

LA FELICIDAD DEL OBISPO

El obispo de Huesca ha comenzado su homilía asegurando sentirse feliz de la compañía de todos los presentes, incluidos sacerdotes y seminaristas de todo Aragón. En su línea oratoriamente trinitaria, reflexión sencilla en el sacerdocio, basada en tres partes: una, las Lecturas; otra, qué es sacerdote y una tercera, qué es lo que la Iglesia espera de Reynaldo.

Sobre las Lecturas, ha resumido el mensaje en una expresión del Señor: "Mis planes no son vuestros planes, y mis criterios no son vuestros criterios. Así de fácil. Hemos escuchado una palabra desconcertante de Jesús, que nos despista, que nos cuesta entender". Todos reciben el mismo salario en la viña, no se fijan en el número de horas y Jesús termina diciendo: "Los últimos serán los primeros". Y se ha apoyado en la primera de Isaías: "Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes. Es impresionante, los planes y los criterios de Dios son diferentes".

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Ha apostillado que el mensaje del Evangelio "es contracultural y la propuesta de Jesucristo siempre cambia nuestros esquemas". Ha parafraseado algunas de las frases transgresoras de Cristo: "Las prostitutas siempre irán delante de vosotros en el reino de los Cielos. Bienaventurados los pobres. Feliz serás cuando te persigan por causa de mi nombre. El que quiera ser el primero, que sea el último y el seguidor de todos. Tienes que nacer de nuevo. ¿Nadie te ha condenado?, yo tampoco. No juzguéis y no seréis juzgados". Dios es "siempre nuevo y sorprendente". Y la mayor sorpresa es que "Dios nos amó tanto que nos envió a su hijo", compartiendo el dolor, la tristeza, la angustia, la muerte. El sacerdocio, ha dicho dirigiéndose a Reynaldo, "existe para anunciar y proclamar con su palabra y con su vida este mensaje desconcertante.

Segundo punto: la clave del sacerdocio es tratar de tener claras y proclamar las prioridades de Jesucristo. "Primera, la misericordia. Segunda, el anuncio del Evangelio. Tercero, el tiempo invertido con sus discípulos para prepararles bien. Cuarta, la oración".

El Padre Pedro besa las manos de Reynaldo Jesús Cárdenas
El Padre Pedro besa las manos de Reynaldo Jesús Cárdenas

Sobre la misericordia, "es la principal. Jesús, ante todo, era misericordioso, atento con el pobre, cercano con el niño, siempre dispuesto a sanar el dolor de las personas. No juzgaba, escuchaba, acogía y bendecía. Reynaldo, sé misericordioso, atento siempre a aquel que lo necesita" y a la comunidad que necesita tiempo de escucha. "El Señor viene por los pequeños y los pobres".

Sobre el anuncio del Evangelio, es "extraordinario, apremiante, el más necesario de todos, aunque muchas personas crean que no lo necesitan, es el anuncio de que hay un Dios que nos ama y nos salva". "Queridos hermanos, hermanas, Reynaldo se ordena para anunciar que hay un Dios que acompaña y perdona, de misericordia y justicia, un Dios de amor, un Dios al que te puedes acercar con confianza, que apuesta por cada uno de vosotros, que no es de guerras, sino de paz, que no es de venganza, sino de perdón", cuya justicia nos iguala a todos. "Aunque no nos demos cuenta, todos le necesitamos", aunque creamos que somos el centro de todo, porque "no tenemos las respuestas".

Tercera prioridad, la comunidad. "Jesús está con su gente. Les tenía paciencia, les enseñaba, les escuchaba, compartía sus inquietudes, les dedicaba tiempo, y ellos comprendían que la clave de todo estaba en estar centrados en él. Y esa es tu tarea, Reynaldo, dedicar tiempo a las comunidades" y a la unidad pastoral en la que se integra. Y que entienda que el centro "es Jesucristo, no el sacerdote. Eso es ser cura, proponer a Cristo como centro".

El obispo impone las manos a Reynaldo Jesus
El obispo impone las manos a Reynaldo Jesus

Cuarta, la oración. "Jesús dedicaba mucho tiempo a su padre, Dios. La oración, la contemplación, la experiencia de Dios es lo que sostiene al sacerdote. No pretendas caminar sin él. La oración te recuerda en nombre de quién vives y quién trabajas. La oración te ayuda a sentirse pequeño y necesitado, te llena de autenticidad porque nadie puede engañar a Dios. La oración te acompaña en la soledad e ilumina tus pasos. Y cuando falta, y la olvidas, crees que eres autosuficiente, y no lo eres. No puedes llevar adelante esta misión sin la ayuda del dueño de la misión. Nadie te va a creer porque van a ver que hablas sin verdad".

"Estas prioridades han de ser poco a poco, Reynaldo, las tuyas, porque esa es la vida cristiana y la del sacerdote, identificarte poco a poco con las prioridades del Señor", ha concluido el punto dos.

"LOS TESOROS DE LA IGLESIA"

El tercer punto es lo que la Iglesia espera del nuevo presbítero. "Hay algo formidable: la Iglesia pone en tus manos pobres y sencillas los tesoros de la Iglesia, que son la presencia de Cristo en la Eucaristía. El perdón amoroso del padre, la palabra que debe ser proclamada, la comunidad que debe ser acompañada y los pobres. Pero nunca olvides que estos tesoros no son tuyos. Son de la Iglesia, son de la comunidad y están para que tú construyas comunidad. Y tu reto es vivirlos en comunidad para poder transmitirlos". "Que vale la pena trabajar por el reino de Dios. Y a los pobres ayúdales a sentirse llamados". Y, sobre los jóvenes, "Dios sigue llamándolos", "lo más tonto que un joven puede hacer es tener miedo de Dios.

El obispo Padre Pedro y, a la izquierda, Reynaldo Jesús Cárdenas
El obispo Padre Pedro y, a la izquierda, Reynaldo Jesús Cárdenas

Reynaldo Jesús ha asentido en el ritual tras la homilía estar dispuesto a desempeñar siempre el ministerio sacerdotal con el grado de presbítero como buen colaborador del orden episcopal, apacentando el rebaño del Señor y dejándose guiar por el Espíritu Santo, realizar el ministerio de la palabra preparando el Evangelio y la exposición de la fe católica con dedicación y sabiduría; presidir con piedad y fidelidad los misterios de Cristo, especialmente el sacrificio de la Eucaristía y la de la reconciliación para alabanza de Dios y santificación de la Iglesia Católico, invocar la misericordia divina y unirse cada día más a Cristo. Y ha prometido obediencia al obispo y a sus sucesores. El prelado ha concluido: "Que Dios, que comenzó en ti la obra buena, Él mismo la lleve a cabo".

Tras estas afirmaciones, se ha llevado a cabo el rezo de las letanías con Reynaldo Jesús postrado en tierra en señal de humildad, de amor y de postración a Dios que le ha llamado, mientras eran pronunciados los nombres de los santos.

La imposición de manos del padre Pedro -y del resto de casi cincuenta sacerdotes- y la oración consecratoria han hecho que el nuevo presbítero recibiese el Espíritu Santo para servir a los hombres.

Letanías
Rezo de las Letanías

Tras la plegaria de ordenación, al nuevo presbítero se le ha revestido con los ornamentos sacerdotales. La estola que simboliza el servicio ministerial, la casulla de la caridad pastoral y, ungido con el santo crisma, el obispo entregaba al nuevo sacerdote la patena con el pan y el cáliz con el vino, "para santificar a tu pueblo". Este gesto, en el que ha estado acompañado por su madre y un sobrino procedentes de Centroamérica, revela que el sacerdote está ordenado para celebrar el sacrificio eucarístico.

Al emocionado abrazo del Padre Pedro ha seguido el de todos sus compañeros sacerdotes y el cálido aplauso de todo el templo.

En un efecto precioso y simbólico, el medio centenar de sacerdotes se han colocado en círculo frente al altar para proclamar que "Santo es el Señor" y para la comunión.

Un momento de la imposición de manos
Un momento de la imposición de manos

LA GRATITUD DEL PRESBÍTERO

El nuevo sacerdote ha cerrado el oficio con una breve intervención dando gracias a la Iglesia y particularmente a la de Huesca, a la que ya ha servido en multitud de pueblos del entorno de la capital. Gratitud hacia el obispo Padre Pedro por su confianza, a todos los prelados que han sido parte de este proceso. Y al clero "de toda la diócesis, ahora mis hermanos en el presbiterio", por haberle abierto sus parroquias. A otros sacerdotes y al Seminario de Zaragoza.

"Gracias a todo el pueblo de Dios, porque, de una u otra manera, ha sido parte integrante de este proceso. Y están de un modo especial mi familia, que ha acompañado y sido testigo de todos los altibajos en el proceso", ha proseguido.

Mención especial a El Salvador y la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe que "han venido de peregrinos con nosotros. Están con nosotros, nos acompañan, nos asisten y nos alegran con su presencia". Finalmente, a los vecinos de pueblos y al coro de la Catedral.

Final, "que Dios les bendiga. Los que podáis, ojalá todos, nos vemos en el Seminario para un compartir. De la Misa a la Mesa. Dios les bendiga". Un final con humor y con amor.