La Romería de Nuestra Señora de Salas y de la Huerta del primer domingo de mayo ha alcanzado una maravilloso nivel de intensidad y de inmensidad. Con la satisfacción de comprobar visualmente los arreglos fruto del convenio entre el Obispado y la Diputación, esa buena sensación se ha convertido en un día nublado en una oportunidad de hacer de la necesidad virtud. Al mal tiempo, no sólo mala cara, sino el disfrute de la Agrupación Folklórica Santa Cecilia, cuyas voces han sonado celestiales.
Tanto que mosén José María Cabrrero ha iniciado su homilía felicitando al magnífico grupo folclórico por haber elegido en su primera pieza, voz femenina increíble, una parte de la primera lectura: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". El querido sacerdote sitamino profundizaba en la explicación de aquel episodio de Pentecostés, con la Palabra de Dios a la que acompaña en su autenticidad la caridad y la solidaridad. De la segunda en torno a San Pedro, ha aseverado: "Sois piedras vivas todos, la cofradía, los devotos, las autoridades", señalaba a los concejales de PP y PSOE encabezados por el primer teniente de alcalde, Ricardo Oliván, con Loren Lairla como anfitriona.
En el Santuario, releto mosén Cabrero ha referido el Evangelio en el que Jesucristo se despide y anuncia a sus apóstoles que va a preparar el sitio propio en la patria celestial y también para ellos, y de hecho volvería para acompañarlos. "Yo soy el camino, la verdad y la vida", expresaba ante la cierta incredulidad de Felipe. "La Verdad por excelencia es que Dios nos envió a su hijo por amor a nosotros. Ninguno hemos hecho méritos para estar en este mundo. Él es el camino y dice: no he venido a ser servido, sino a servir".
LA RICA HISTORIA DE SALAS
Mosén Cabrero ha profundizado en la historia del Santuario construido entre 1201 y 1209 en el término de Almériz, gracias a la iniciativa del obispo cisterciense García de Gúdal (arcediano que fue de la Catedral oscense), a la sazón natal de Alquézar (la patria sentimental del oficiante), y a unas cuarenta donaciones entre otras personas de Doña Sancha, algunas de ellas para "conseguir el perdón de los pecados y la salvación".
Ha aludido también a la contribución de Jaime I el Conquistador para aportar cobijo a peregrinos. Y, finalmente, a las Cántidas de Alfonso X el Sabio en las que se atribuyen milagros a la virgen. Personajes que han escrito y han investigado como Diego de Aynsa, Ramón de Huesca, Antonio Durán, Federico Balaguer y... sorpresa. "¿Os suena Pedro Aguado?" Por lo bajo, respuesta general, el obispo de Huesca y Jaca. "Pues estudió este santuario Pedro Aguado Bleye, abuelo" del prelado, entre 1902 y 1907, algo que complace sobremanera al jerarca actual.
ASAMBLEA ELECTORAL
Mosén Cabrero ha invitado e incitado a los presentes a participar en la próxima Asamblea de la Cofradía, el 20 de mayo, para elegir prior y nueva junta directiva. Ha tenido palabras cariñosas para el añorado Mariano Claver por tantos años de dedicación, y reconocimiento a la gestora encabezada por Loren Lairla.
Ha llegado más lejos José María Cabrero en el estímulo. "Todos estamos responsabilizados. El patrimonio heredado es excelente, con el románico que acredita ese rosetón o el barroco, con una naturaleza maravillosa" y con la certeza de que "la casa común es de todos y hay que asumir y aceptar responsabilidades".
Finalmente, Cabrero ha agradecido las obras en el tejado y en la pintura en el interior, con esos 40.000 euros entre Diputación Provincial y Obispado.
Tras la Eucaristía, la bendición de las tortas ante la Virgen, pero en esta ocasióin el reparto iba a quedar demorado.
En una ocasión histórica, la Agrupación Folklórica Santa Cecilia ha salido al frente, dejando el altar detrás. Ahí han sonado maravillosamente elegías a las madres y a las abuelas, que por algo era el día, el contento de los labradores por las aguas (no hay mal que por bien no venga, sostenían los cofrades que siempre quieren sol), las jotas de Caspe y Antillón, voces imponentes, increíbles, llenas de verdad en medio de un entusiasmo de la parroquia desbordado, y la oración por el Huesca, para acabar, como siempre, con la jota de San Lorenzo. Y a repartir las tortas, en la esperanza de que el año próximo llevará nombre propio el prior o la priora.
Una Romería de Mayo para el recuerdo, para la emoción, para la devoción, todo lo que se espera para que el peregrino se sienta confortado.