Una procesión larga, con abundancia de representación de las cofradías oscenses y de la de Santiago Apóstol de Grañén, con frío ambiental y cientos de feligreses que han admirado el ritmo cadencioso del desfile en torno al grupo escultórico del Cenáculo, donde la pasión impregna las figuras de la compañía de Jesús.
La Cofradía Salesiana del Santo Cáliz ha puesto el cierre y el broche a una procesión que ha arrancado, oración previa mediante, del Santuario de María Auxiliadora, la virgen a la que siempre invoca Agustín Lasaosa, presidente del Huesca devoto seguidor del transcurso de Lunes Santo, donde ha redoblado los rezos para ver si la providencia otorga lo que las piernas de los jugadores no entregan.
Aunque ha habido tramos de menos público, en líneas generales ha habido espectadores, en general respetuosos ante el paso de todas las cofradías participantes en la primera de las procesiones de la Semana Santa que comienza el Lunes.
Si así se puede denominar, en la mayoría de las agrupaciones hay oficio, y especialmente en la anfitriona, la Salesiana del Santo Cáliz, impoluta en su atuendo, ceremoniosa en el transitar, imponente en el paso, rítmica en el grupo de tambores Luis Esteban Felipe.
Tras precederle el resto de las cofradías, la túnica granate con bocamangas y capirote amarillos, cíngulo y guantes blancos, se ha hecho omnipresente este Lunes Santo. La salesiana es una asociación de larga sabiduría, 71 años, y por tanto acostumbrada a dar cada paso en las ediciones de la Semana Santa que se han celebrado desde aquel 1955 en que ya recibió la responsabilidad de dirigir por los lugares procesionales al Cenáculo, Jesús rodeado por sus apóstoles en torno a la mesa para la Última Cena.
A lo largo de todo el recorrido, el paso de 1865 obra de Cristóbal Mendoza, reconstruido en 1943 por el tallista Larruy y policromado por Félix Escartín, restaurado en 1999 por los Antiguos Alumnos Salesianos, ha entregado a Huesca el valor de sus mensajes en los últimos momentos de Jesucristo.
Noche de estandartes y de mensajes del Salvador y sus compañeros de mesa: "Señor, ¿lavarme tú a mí los pies? Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora; lo comprenderás más tarde". "En verdad, os digo que uno de vosotros me traicionará", "Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo", "Tomad y bebed todos de él, porque es mi sangre", "Pedro, antes de que el gallo cante dos veces tú me habrás negado tres"... En la mano izquierda, el Santo Cáliz, símbolo de fe y de sed de eternidad.
La procesión se desliza desde la Avenida Monreal al Coso Alto, Capuchinas, para desembarcar en la Plaza López Allué, Cuatro Reyes, Goya, Coso Bajo y terminar en la Plaza de Santo Domingo. El Santo Cáliz como expresión de la sed saciada por la fe en el Cristo que camina hacia la Resurrección.