Se cumplen 25 años de un hito en Huesca: el primer torero de su historia, Tomás Luna

El oscense tomaba la alternativa de manos de Enrique Ponce con El Juli como testigo ante una plaza de toros abarrotada y eufórica con la salida a hombros del diestro

24 de Mayo de 2026
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Enrique Ponce da la alternativa a Tomás Luna el 10 de agosto de 2001. Foto Carlos Jalle González
Enrique Ponce da la alternativa a Tomás Luna el 10 de agosto de 2001. Foto Carlos Jalle González

10 de agosto de 2001. Un día para los anales de Huesca. 18:30 horas. Hacen el paseíllo Enrique Ponce, Julián López "El Juli" y Tomás Luna. El de Chiva da la alternativa al primer torero de la historia de la capital oscense. El madrileño, en el apogeo de su carrera, ejerce de testigo. Como proclamaba en la edición del día siguiente Jorge Orús, que había tomado el relevo en la crónica taurina del añorado José Manuel Porquet recientemente fallecido, "Huesca ya tiene su torero". Además, salió por la puerta grande junto a El Juli, lo que confería un mayor esplendor al Día Grande de San Lorenzo.

Este 10 de agosto de 2026, Tomás Luna celebra las bodas de plata de aquel día en que el coso taurino no sólo asistió a una corrida de toros, sino que añadió el regusto identitario de ver sobre el albero, con dos grandes figuras del torero, a uno de los nuestros. Hubo de lidiar a dos astados de Jandilla. En el de la alternativa, manso de solemnidad que echaba la cara hacia arriba permanentemente, le recibió con dos chicuelinas de hondo gusto y con la muleta supo llevarlo de una sosería irremediable a una cierta capacidad. Tres descabellos le privaron de cortar su primer apéndice. Lo dedicó a su padre, Carmelo, con sus hermanos Carlos y Diego presentes.

Estaba la plaza que bullía, el cartel y la ocasión lo merecían. Salió decidido en el sexto a liarla Tomás. Recibió a Exquisito con verónicas ajustadas con las que fue ganando terreno al burel, que sirvió para el lucimiento con la muleta del oscense tras brindar el toro al público. Pase cambiado por detrás, una pedresina con sobresalto para la grada, Buenas tandas por la derecha, perfectamente ligadas. En el centro de la plaza, soportó un pisotón del toro, continuó por naturales y culminó por la derecha. Después de un desplante, tomó la espada y la hundió hasta la bola para delirio del respetable. Dos orejas y puerta grande. Euforia general.

Al terminar la gran tarde taurina, Tomás se mostraba emocionado y feliz, con gratitud para los dos grandes maestros que le habían arropado y especialmente al público de Huesca, "que ha tenido una gran sensibilidad. Y a Dios por dejarme ese toro que me ha dejado disfrutar y salir por la puerta grande".

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Enrique Ponce aseguraba que "este es un día muy bonito. Tomás Luna ha estado fenomenal con su primer toro, que era complicado, muy difícil. Prece mentira que alguien que haya toreado tan poco y en su primea corrida de toros haya solventado la papeleta de esta manera impresionante", recalcando la dificultad del toro de la alternativa, "de los que llevan de cabeza a cualquiera que toree mucho".

El Juli, abonado a los triunfos en el coso taurino que data de 1929, coincidía en el epíteto con Ponce. "Tomás ha estado fenomenal, muy bien, y la verdad es que se merece que le den las dos orejas y que salga a hombros, porque me ha gustado mucho".

Felicidad en el callejón, empezando por el empresario, Justo Ojeda, y siguiendo por la familia en este espacio sacrosanto (Carmelo, Carlos y Diego) y la cuadrilla, Raúl Aranda, Jesús Arruga, Pablo Ciprés, (subalternos), Fernando Moreno y Rafael Sauco (picadores). Y, por supuesto, un imprescindible, Vicente Ascaso, su mozo de espadas, inseparable de Carlos. En la grada, estaba su hermana, Isabel, y en casa, sufriendo en silencio, su madre, Maribel Sistac.

El brindis a su padre con su hermano Diego presente
El brindis a su padre con su hermano Diego presente. Foto Carlos Jalle

EL DÍA DE TOMÁS

Después de la mañana del Día Grande, con los Danzantes y la procesión, este día 10 fue el día de Tomás Luna, sobre el que se volcaron todas las miradas. El torero tranquilo se aisló de la presión y actuó con toda naturalidad. Por la mañana, hizo deporte y después comió ligero. Las cámaras reflejaron el ritual de ponerse el traje de luces, precioso con su blanco y oro, diseño oscense. Cientos de personas se agolpaban en la salida del Hotel Pedro I, donde Luna Sistac se mostró tan solícito y amable como es.

Nadie quería perderse la gran ocasión. En el palco, Marcelino Iglesias, presidente de Aragón, el Justicia de Aragón, Fernando García Vicente, y los alcaldes de Zaragoza y Huesca, José Atarés y Fernando Elboj. En el callejón, el consejero de Cultura, Javier Callizo, junto a María Pilar Goded, el subdelegado del Gobierno, Ángel Fernández, el senador Rodolfo Aínsa y los alcaldes de Teruel y Lérida, Manuel Blasco y Antoni Siurana. Como afirmaba Callizo, "es un espectáculo precioso: San Lorenzo, el día grande de Huesca, y calor y color por la alternativa de Tomás Luna, que ha demostrado que tiene técnica y que es un pedazo de torero".

EL CAMINO DE LA PROFESIÓN MÁS DIFÍCIL DEL MUNDO

No es exclusiva de Tomás Luna la definición, pero sí que la ha utilizado. Su camino hasta la alternativa demostró que la de torero es "la profesión más difícil del mundo", en la que ni siquiera la excelencia, la técnica, el duende o el valor son garantía de casi nada, si bien para estar en lo más alto se precisa que concurran esas y otras virtudes.

La larga ejecutoria hasta el 10 de agosto de 2001 fue glosada por un auténtico cronista de Salesianos y de la ciudad, Manuel Carranza, en Diario del Altoaragón aquel día. Desde sus tiempos en la Escuela Taurina con una generación en la que sobresalía junto a su hermando Diego. Aquellos paseíllos por todo Aragón, las orejas y los percances como la violenta cogida cuando cumplía catorce años. Y la muerte de su primer novillo en Binéfar, en las fiestas del Santo Cristo de los Milagros en 1989.

1993 fue un año importante al cortar tres orejas en Zaragoza y cuatro en San Lorenzo, con Uceda Leal y Diego Luna en el cartel laurentino. El Ayuntamiento de Huesca le distinguía con una mención especial.

El gran resorte se produjo en el ciclo de novilladas de la Diputación Provincial de Zaragoza, 1995, en la plaza capitalina, una especie de competición por eliminatorias retransmitidas por Telecinco. Su primer compromiso, con Uceda Leal y Cristina Sánchez. Prueba superada. Y se plantó en la final ante, nada menos, Luis Miguel Encabo y José Tomás. Y ante el genio de Galapagar, se alzó con el trofeo. Fue una temporada magnífica después del drama de la grave cornada en la madrileña localidad de El Álamo. Pero nada le detenía, cuatro orejas en Algemesí, tres en Huesca, tres en Galapagar y una en las Fiestas de El Pilar.

Tomás el día de su despedida, con muleta verde. Foto Carlos Jalle González
Tomás el día de su despedida, con muleta verde. Foto Carlos Jalle González

Porque en el toreo dos más dos no son necesariamente cuatro, las oportunidades escasearon, incluso después de triunfos resonados. Tomás Luna, persona cabal y reflexiva, decidió con mucho dolor retirarse en 2007. Fue su último paseillo el 11 de agosto, con dos figuras del toreo en plena ebullición, Miguel Ángel Perera y Alejandro Talavante. Siempre detallista, se hizo confeccionar para la ocasión una muleta verde. Laurentina y oscense.No hubo corte de coleta porque era consciente de que iba a estar asociado al mundo del toro siempre... y porque, ¿quién sabe? Sí obtuvo una oreja y un reconocimiento de los premios del Ayuntamiento. Se quedó con "un sabor de boca sensacional". Se había dejado todo en el empeño por triunfar y, aun con menos profusión de lo que le hubiera gustado, marcó una época en la historia taurina de Huesca.

Tomás Luna Sistac, que llegó a tener su propio pasodoble compuesto por el maestro José Luis Sampériz, director de la Banda de Música de Huesca, conoció este 10 de agosto de 2001 las mieles del triunfo en el inicio de una prometedora carrera. Luego, disfrutaría por la compañía en el escalafón del arte de Cúchares de su hermano Diego. Ambos reúnen el mérito enorme de haberse vestido de oro en una tierra poco propicia para el triunfo en esta profesión. Pero pueden presumir de haber cumplido un sueño. José Manuel Porquet hubiera ratificado, de no haber mediado su fallecimiento nueve meses antes, aquel día triunfal su opinión sobre las condiciones de Tomás, "el primer torero aragonés desde hace muchos años que no tiene aspecto de tractorista". Sostenido por la pluma fina del maestro montisonense del periodismo, es obviamente pura ironía con afecto y humor blanco.