El viento ha sido la única nota negativa de la jornada. Una sensación térmica muy desapacible que, sin embargo, no ha restado ánimos ni al personal recreador ni al abundante público (entre 650 y 700 personas) que ha copado tanto las representaciones dramatizadas de la mañana como la performance de combate vespertina.
Desde antes de las nueve de la mañana, se ha podido ver al centenar largo de recreadores, hombres y mujeres, afanarse en ultimar detalles de indumentaria, mover el camión de transporte de soldados a su lugar asignado, pasar la correspondiente revista de armas, estampar su firma para el seguro de responsabilidad civil que les cubre y, por supuesto, desayunar algo, ya que la jornada se intuía muy larga.
El público del primer pase ha podido matar el tiempo visitando la exposición fotográfica que rememora los seis años del evento, pasarse por el mercadillo temático que, como siempre, se instala con motivo de esta fecha y que ofrece desde libros y cascos hasta todo tipo de objetos de militaria, uniformes, maquetas coleccionables, figuras personalizables, banderas o cartucheras, además de la oportunidad de charlar con los encargados de los puestos.

A las 10:30 ha comenzado el primer pase con la primera novedad reseñable. En esta ocasión la persona que guía el evento no ha conducido al público por cada una de las escenas. Se ha optado por situar a los visitantes tras una línea de sacos terreros, desde donde las escenas se desarrollaban de forma más directa. Los actores y actrices han partido de la iglesia, han representado su papel frente al público y han dejado el espacio libre para la siguiente escena.
El público ha podido asistir a una boda religiosa entre dos jóvenes novios —con los hombres a un lado y las mujeres al otro, todos con ropa de domingo— mientras una indigente pedía limosna recostada en el suelo. También han aparecido las primeras desavenencias por el carácter religioso del enlace o el entusiasmo de la maestra recién llegada al pueblo.
Pero también ha pasado ante los ojos del público la realidad del golpe militar que se fragua y se completa. Soldados de reemplazo que se quejan de obedecer órdenes de detención de sospechosos, la mujer que se acerca para comentar que un conocido ha desaparecido o el grupo de mujeres que increpa a un comerciante por el aumento de los precios, reflejando las duras condiciones de vida de aquellas familias.

Los asistentes han sido testigos del fervor revolucionario de grupos anarcosindicalistas, de la dignidad del alcalde oscense que se niega a aceptar el ultimátum rebelde y lo paga con su vida, así como de las primeras escaramuzas y bajas del conflicto. Como contraste, numerosos espectadores han documentado la escena con cámaras y teléfonos móviles, captando lo que hoy es una representación histórica rigurosa, pero que hace décadas supuso dolor y muerte reales.
Tras la pausa para la comida, se ha celebrado la reunión previa al combate, con instrucciones de seguridad para el público, explicación del desarrollo de las operaciones y una cuidadosa coordinación entre los participantes para controlar tiempos, pirotecnia y disparos de fogueo.
Durante unos treinta minutos, el público ha seguido con asombro una escena de combate que ha destacado por su sincronización y efectos. El enfrentamiento ha concluido con la formación conjunta de todos los grupos participantes y el agradecimiento de la organización tanto a las asociaciones recreacionistas como a las autoridades municipales que han hecho posible la jornada.
Un sorteo de gorros cuarteleros y una visita guiada por la zona de combate recreada en el pueblo, acompañada de explicaciones sobre el desarrollo real de los enfrentamientos y su alto coste humano y material, han puesto el broche final a esta jornada de recreacionismo histórico, marcada por el rigor, la sensibilidad y el respeto por la memoria histórica.