Siete bolsas de basuraleza retratan el incivismo de quienes utilizan -mal- el medio ambiente en Huesca

Antonio, albeldense residente en Huesca, recoge cada mañana residuos de todo tipo entre Los Olivos y Salas en Huesca

19 de Agosto de 2026
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La séptima bolsa de basura que ha recogido Antonio esta mañana en Huesca
La séptima bolsa de basura que ha recogido Antonio esta mañana en Huesca

Aunque sea natural de Albelda y acuda recurrentemente a su origen, Antonio se considera un oscense más. Participa en cuantas tradiciones se realizan en Huesca, contribuye si hace falta echar una mano poniendo sus brazos, sus hombres y sus piernas al servicio de las buenas costumbres religiosas y disfruta de la vida ciudadana.

Es de los agricultores que defienden su conciencia medioambiental sin necesidad de etiquetas ni hipocresías. Sabe, desde la cuna, que la tierra hay que cuidarla para protegerla y también para garantizar el hábitat para cultivar alimentos. Ha sido también -y lo es, de forma emérita- regante, y contradice los muchos tópicos con los que determinados sectores ignoran la realidad de unos profesionales que arriesgan sua haciendas para modernizar sus explotaciones.

Si en Albelda es persona conocida y reconocida por su falta de pereza para asumir activamente responsabilidades, en Huesca también lo es desde que pasa sus días habitualmente con su mujer en la capital. Acostumbrado a pasear, ha decidido desde hace un tiempo que su compromiso social vaya dirigido a mejorar la comunidad de una manera sencilla y eficaz: recoger basuraleza, esto es, todos aquellos residuos que incívicos de manual (nunca leyeron el de urbanidad) dejan en las cunetas que separan el asfalto de los campos, en los matorrales, en arbolados o simplemente en espacios fuera del ojo urbano.

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Antonio da un paseo todos los días desde su casa en la zona de Los Olivos hasta la zona de Salas y más allá, para retornar por alguno de los caminos con los que hace un trayecto circular. Se lleva una bolsa de basura y va recogiendo todo tipo de basura: latas, plásticos, residuos alimentarios, papeles, botellas enteras e incluso cristales. Incide no sólo en la suciedad que desprende esta actividad -in-humana, sino en el riesgo, y es que el efecto lupa del sol sobre el cristal ha provocado no pocos incendios.

Esta mañana, estaba particularmente indignado. A la colección diaria de basuras sobre campos y cunetas, sobre maleza y sobre arbustos, se sumaban los restos de un botellón en los porches del Santuario de Nuestra Señora de Salas y de la Huerta, del que es cofrade. Pacientemente, ha recogido botellas y plásticos... y a vaciar en el contenedor.

Ha proseguido su ruta y, cuando ha llegado a la Avenida de los Danzantes, ha sumado su séptima bolsa de basura. Un viandante le ha felicitado por su estupenda labor. La mayoría, ni han reparado en esta actitud cívica.

A pesar del cierto desasosiego, Antonio asegura que no tiene intención alguna de reblar. Después de haber desarrollado esta labor de limpieza en el duro verano -eso sí, madrugando-, continuará ahora cuando refresque. Considera que es una buena causa que responde, precisamente, a evidentes muestras de falta de educación. Es su manera de combatirla, consciente por profesión de que un grano no hace granero, pero ayuda al compañero.