Silencio, solidaridad, oración y oralidad han concurrido en la Plaza de Navarra de Huesca en la doble convocatoria de la Asociación de Mujeres Latinas y el colectivo venezolano para predicar y practicar la compasión con las miles de víctimas del terremoto de Venezuela, ya más de un millar mortales y por decenas de miles los desaparecidos que hacen presagiar un balance desolador.
No tiene demasiada suerte la concurrida comunidad venezolana en Huesca. Cuando protesta por pucherazos y atentados a la democracia y todo atisbo elemental de Estado de Derecho, los manifestantes profesionales de la ciudad no se suman, quizás -y sin quizás- por los estereotipos ideológicos. Tampoco políticos de determinadas tendencias.
En este caso, ante la tragedia, parece elemental la presencia de representantes de todas las facciones y pensamientos, pero tampoco se ha generalizado. Han estado los concejales socialistas Fernando Sarasa, Ana Loriente y Roberto Cacho. Nadie más, quizás, explican desde la organización, porque habrá minuto de silencio consistorial el lunes.
No es ya que no les haya acompañado la suerte. Tampoco la sensibilidad que se presume a los músicos. A la hora a la que estaba convocado el minuto de silencio, actuaba un trío dentro de la programación del ciclo Huesca es Jazz. La presidenta de la Asociación de Mujeres Latinas, Carolina Méndez, les ha rogado que, durante 60 segundos, detuvieran la actuación. Por miles de víctimas en Venezuela. La respuesta ha sido negativa.
El minuto de silencio ha transcurrido en medio de la música de jazz, en esos sesenta segundos sin virtud ni valores.
Ni siquiera esta falta de sensibilidad o de reacción ha restado valor al acto, con muchísimos jóvenes emocionados tratando de encontrar sentido a la catástrofe. Julio Rojas y Carolina Méndez han dispuesto a los concentrados en círculo y se ha producido el minuto de silencio -en la atmósfera, apenas los acordes de la indignidad aledaña-.
Ha sido un minuto profundo, los labios en movimiento de oración, hasta que ha concluido y Carolina ha rezado un padrenuestro coronado con una expresión: "Que brille para ellos la luz perpetua de todos los fallecidos en Venezuela".
SOBRECOGEDORAS INTERVENCIONES
Carolina y Julio han invitado a reflexiones que sirvan para entender y soportar la magnitud del dolor. Una joven, Manuela, ha abierto el fuego de la palabra: "No me imagino el dolor que están sintiendo. No soy venezolana, pero comparto su dolor. Lo lamento mucho, pero que tengan mucha fuerza. Tienen mi apoyo porque, a pesar de todo, somos hermanos y humanos, y eso no lo merece nadie. Ni el menor enemigo merece lo que está pasando. Tengamos fuerza, que todo va a mejorar. Tengamos fe, que es lo último que se debe perder. Son personas por las que vale la pena luchar. Lo que esté en mis manos voy a hacer lo que pueda por ayudarles".
Todavía con los pañuelos y el restregar de ojos, toma la palabra Conchita Barrientos, nacida en Madrid pero que vivió en Venezuela desde los 16 años, nada menos que 63. "Tienen el corazón tan grande, que yo tengo partido. La sangre me sale por todos los lados. No puedo hablar, lloro todos los días. Mis hermanos venezolanos están allá. Mi sangre, la sangre que corre por mis venas es venezolana aunque nací en España".

El joven venezolano Cristian es testimonio de fe. "Le quiero pedir mucho a Dios que mi país de Venezuela se ponga mejor. Tengo a la familia de mi papá que está en Mérida y en Lagunillas. En Caracas, vivieron mis dos tías que son hermanas de mi mamá". Está en contacto con la familia y sólo pide que, "con el favor de mi Dios, todo sea bien en Venezuela".
Los venezolanos, acompañados por todos los presentes, han cantado su himno, la gloria al bravo pueblo que el yugo lanzó, la ley respetando, la virtud y el honor.
DOS FURGONETAS CON AYUDA
Aunque el verbo y el silencio merecen respeto y gratitud, los venezolanos en Huesca y la Asociación de Mujeres Latinas, como otras entidades como Cáritas, Cruz Roja o Entarachen Bosco Global, han aprovechado esta convocatoria para recoger productos para enviar en misión humanitaria ante la magnitud de las necesidades provocadas por el terremoto.
En la Plaza de Navarra, se han recibido, empaquetado y habilitado dos furgonetas llenas de productos que se enviarán al país sudamericano para paliar, en una aportación tan llena de afecto y compasión, una parte de las necesidades del pueblo venezolano.