Silvia Moreu: "No existe una forma suficiente de dar las gracias a quien decide regalarte la posibilidad de seguir viviendo"

La oscense convierte su historia de superación tras una leucemia en el motor de una gala solidaria en el Corral de Comedias de Robres

11 de Julio de 2026
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Silvia Moreu y Esperanza Gracia. Foto Myriam Martínez
Silvia Moreu y Esperanza Gracia. Foto Myriam Martínez

Hay días que no figuran en el calendario como cumpleaños, pero que marcan el verdadero comienzo de una nueva vida. Silvia Moreu Gracia sabe exactamente cuál fue el suyo. El 8 de octubre de 2025, una bolsa con células madre procedentes de un donante anónimo comenzó a recorrer su cuerpo en una habitación del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, en Santander. La infusión apenas duró una hora, pero cambió para siempre el rumbo de su historia.

Doce días después, los análisis confirmaron que aquella nueva médula había prendido. Incluso su grupo sanguíneo dejó de ser el mismo: el AB positivo con el que había vivido 49 años pasó a convertirse en A positivo, el de la persona que, sin conocerla y desde otro país, decidió ofrecerle la oportunidad de seguir viviendo. Esa historia de solidaridad silenciosa encontrará este domingo un nuevo escenario en el Corral de Comedias de Robres, donde el teatro servirá para agradecer un gesto capaz de cambiar una vida.

La representación solidaria de 'Perra fiel', inspirada en 'La casa de Bernarda Alba', nació mucho antes de que se levantara el telón. Surgió de una conversación entre Silvia y su madre, Esperanza, cuando ambas sintieron la necesidad de devolver una parte de todo lo que habían recibido durante el año más difícil de sus vidas. "No existe una forma suficiente de dar las gracias a quien decide regalarte la posibilidad de seguir viviendo", asegura Silvia.

La recaudación íntegra se destinará a la Fundación Josep Carreras, pero la finalidad de la jornada va mucho más allá: dar visibilidad a la leucemia, apoyar la investigación y explicar que la donación de médula puede ofrecer una segunda oportunidad a personas que, como ella, dependen de encontrar un donante compatible. 

EL DIAGNÓSTICO

Todo comenzó el 15 de enero de 2025. Lo que parecía una gripe terminó convirtiéndose en un diagnóstico de leucemia mieloide aguda. Silvia tenía 49 años y acudió al Hospital San Jorge convencida de que volvería a casa con un tratamiento para una infección. En lugar de eso comenzaron tres fases de quimioterapia, largos ingresos hospitalarios y un proceso que desembocaría en un trasplante de médula ósea como única opción para lograr la curación.

La noticia llegó de forma inesperada y todavía recuerda la sensación de aquellos primeros minutos. "Al principio lo recibes con incredulidad. No te lo crees. Lo último que estás pensando es en eso. Yo acudí a Urgencias con mis padres y, solo con ver sus caras, ya dije: 'Esto sí que va en serio'. Fue duro el momento del diagnóstico y, sobre todo, el momento de decírselo a mis hijos".

Mientras Silvia afrontaba el tratamiento, comenzó otra carrera silenciosa. La Fundación Josep Carreras, a través de la Red Española de Donantes de Médula Ósea (REDMO), inició la búsqueda de una persona compatible. Ningún miembro de su familia lo era, por lo que la esperanza dependía de encontrar un donante en el registro internacional. Primero apareció uno, después un segundo, pero distintas circunstancias impidieron que pudieran completar el proceso. Finalmente, una tercera persona, residente fuera de la Unión Europea, hizo posible el trasplante, el 8 de octubre de 2025, un día que hoy identifica como el comienzo de su segunda vida.

Silvia considera que aquella experiencia explica mejor que ninguna otra la necesidad de seguir fomentando la donación de médula, ya que muchas personas nunca llegan a encontrar un donante compatible. "Por eso es importante visibilizar la donación de médula -insiste-. Yo he tenido suerte".

EL TRASPLANTE

El trasplante derribó todas las ideas que había construido durante meses. Lo que imaginaba como una intervención larga y compleja terminó reduciéndose a algo de aparente sencillez, aunque detrás existiera una compleja organización internacional para coordinar la compatibilidad, la donación y el traslado del material biológico hasta el hospital.

"Es una transfusión. Mi bolsa venía congelada porque llegaba del extranjero. La descongelan en unos minutos y te la van poniendo poco a poco. Me dijeron que iba a durar dos horas o dos horas y media, pero en una hora estaba todo".

Después comenzó la parte más incierta del proceso. Cada analítica acercaba un poco más la respuesta definitiva hasta que los especialistas confirmaron que el injerto había funcionado. Aquel resultado tuvo una consecuencia tan sorprendente como irreversible. "Te cambia hasta el grupo sanguíneo. Yo antes era AB positivo y ahora tengo el grupo sanguíneo de mi donante. Ahora soy A positivo".

Silvia y su madre, Esperanza. Foto Myriam Martínez
Silvia y su madre, Esperanza. Foto Myriam Martínez

Silvia nunca conocerá a la persona que hizo posible esa transformación. El anonimato protege tanto a quien dona como a quien recibe, aunque la Fundación Josep Carreras sí permite hacer llegar una carta de agradecimiento a través de la organización. Será el único puente entre dos vidas que jamás llegarán a cruzarse. "Nunca sabré quién es ni él sabrá quién soy yo, pero lo mínimo es darle las gracias, porque una persona que, con esa generosidad, te regala poder seguir viviendo... es que no hay dinero".

LOS APOYOS

El éxito del trasplante no se sostuvo únicamente sobre la medicina. También sobre una red de personas que acompañaron a Silvia durante todo el proceso. En el centro de ese apoyo estuvo siempre Esperanza, su progenitora. Durante los cerca de veinte días que permaneció aislada en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, compartió con ella la habitación sin separarse de su lado. Aquella presencia constante convirtió el aislamiento en un camino mucho más llevadero y marcó uno de los recuerdos más emocionantes de toda la enfermedad. "Para mí, mi madre ha sido mi ángel de la guarda".

En ese círculo de apoyo hubo también un lugar esencial para su padre, médico de profesión. Desde el primer momento vivió la enfermedad con la doble mirada de quien conoce la dureza del diagnóstico y, al mismo tiempo, acompaña a una hija. Su experiencia le permitió comprender cada fase del tratamiento y transmitir serenidad en los momentos de mayor incertidumbre, convirtiéndose en otro de los pilares sobre los que Silvia sostuvo el camino hacia la recuperación.

Junto a ella estuvieron también sus hijos, su pareja, su hermano y su mujer, además de familiares y amigos que, aunque muchas veces solo pudieron acompañarla en la distancia por las medidas de aislamiento, nunca dejaron de estar presentes. Silvia recuerda con especial emoción el 16º cumpleaños de su hijo, cuando, ingresada en la UCI, preparó con ayuda de las enfermeras una sorpresa con globos y carteles para que aquel día no dejara de ser especial.

La familia también tuvo que reorganizar completamente su vida para permanecer cerca del hospital. La Fundación Josep Carreras dispone de pisos para pacientes desplazados en algunas ciudades, aunque en aquel momento no había ninguno disponible en Santander, por lo que tuvieron que alquilar una vivienda durante varios meses para completar el tratamiento. Silvia destaca también el respaldo recibido por parte de la Asociación Española Contra el Cáncer, a la que recurrieron para intentar encontrar alojamiento.

"Mi madre ha sido mi ángel de la guarda"

A ese agradecimiento suma el dirigido al Servicio de Hematología del Hospital San Jorge, al personal de la sexta planta, al equipo del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y a la asistencia domiciliaria, que continuó atendiéndola tras recibir el alta. Aunque recuerda que el diagnóstico inicial fue especialmente brusco, asegura que después encontró profesionales que hicieron mucho más fácil recorrer el camino de la enfermedad. 

DONAR VIDA

Después de vivir todo el proceso, Silvia está convencida de que la donación de médula sigue siendo una gran desconocida. Cree que muchas personas no se inscriben como donantes porque imaginan un procedimiento complejo o doloroso, cuando la realidad es mucho más sencilla. Explica que basta con recibir durante unos días una medicación que estimula las células madre y dedicar una mañana a una extracción similar a una donación de sangre. 

"Piensas que te van a hacer daño, cuando, en realidad, son cinco días de unos pinchazos en la tripa y luego pasar una mañana para que te saquen sangre. De esa sangre sacan las células madre y esas células madre son las que van en una bolsita. Es tu regalo de vida", detalla.

La experiencia ha dejado también huella en su familia. Su hija no esperó para inscribirse como donante de médula y lo hizo en cuanto cumplió los 18 años, consciente de lo que significa esperar la llamada que confirme que existe una persona compatible.

TODO UN PUEBLO

La gala solidaria nació de una conversación entre Silvia y Esperanza, que buscaban la manera de agradecer todo el apoyo recibido. Pensaron en el Teatro de Robres porque era el mejor vehículo para reunir al pueblo en torno a una causa solidaria. Desde el primer momento encontraron el respaldo de Luis Manuel Casáus, que hizo suya la iniciativa y puso el escenario al servicio de la Fundación Josep Carreras.

A esa idea se unió también Gustavo Capistrós, vecino de Robres, que, prácticamente al mismo tiempo, tuvo que superar otra leucemia. Ambos redactaron una carta dirigida personalmente a todos los vecinos del municipio para explicar por qué habían decidido organizar la función y pedirles que participaran en una jornada que pretende recaudar fondos, pero también sensibilizar sobre la importancia de la donación de médula. "Es una manera, sobre todo, de visibilizar y de dar las gracias".

La representación estará acompañada por un stand informativo de la Fundación Josep Carreras, donde los asistentes podrán conocer el trabajo que desarrolla la entidad, hacerse socios, resolver dudas sobre la donación de médula y colaborar con la investigación. Además, durante la velada se presentará el cuadro 'Las tres Bernardas', realizado por el artista Luis Toro como homenaje al Teatro de Robres y a esta iniciativa solidaria.

La representación de 'Perra fiel', dirigida por Luis Manuel Casáus e interpretada por Roberto Nistal, Esperanza Gracia, Rosa Ferrer, Manuela Nogueras, Olga Bolea y Ana Sus, comenzará a las 20.00 de este domingo. Las entradas tienen un precio de 10 euros y también se ha habilitado una fila cero, de 5 euros, para quienes deseen colaborar aunque no puedan asistir.

Para Silvia será una tarde especialmente emotiva. Allí estarán reunidas las personas que la han acompañado desde el diagnóstico: su familia, sus amigos, los vecinos de Robres y quienes han compartido con ella un camino que comenzó con una gripe y terminó convirtiéndose en una historia de esperanza.

Cuando caiga el telón, el verdadero mensaje de la noche seguirá abierto: que una decisión anónima puede cambiar para siempre la vida de alguien. Silvia lo sabe mejor que nadie.

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