Marcos Eduardo Rivera Lazo ha sido ordenado sacerdote esta tarde dominical en la Catedral de Huesca en una ceremonia presidida por el obispo padre Pedro Aguado Cuesta.
Diácono desde el año pasado, el ejercicio del sacerdocio le permite que "se configure en Cristo de tal manera que pueda actuar como representante de Él desempeñando las funciones de enseñar, santificar y regir en fiel comunión con el obispo y en estrecha unión con los presbíteros y demás miembros del Pueblo de Dios".
Tras proclamarse "presente" el propio aspirante, el vicario general ha afirmado dirigiéndose al Obispo: "La Santa Iglesia pide que ordenes presbítero a este hermano nuestro". El prelado ha inquirido: "¿Sabes si es digno?" Respuesta: "Según el parecer de quienes lo presentan, después de consultar el pueblo cristiano, doy testimonio de que ha sido considerado digno". La sentencia del Padre Pedro: "Con el auxilio de Dios y de Jesucristo nuestro Salvador, elegimos a este hermano nuestro para el orden de los presbíteros". Y la comunidad ha contestado: "Demos gracias a Dios".
Durante el rito, Marcos ha manifestado públicamente su deseo de querer recibir el ministerio del presbiterado y de cumplir los compromisos que de aquí se derivan: ayudar con caridad y humildad al orden episcopal en el servicio del pueblo cristiano; exponer la fe católica con dedicación y sabiduría; presidir con piedad y fidelidad los misterios de Cristo; vivir el celibato como signo de la propia consagración total a Cristo; cumplir fielmente la oración de la Liturgia de las Horas por la Iglesia y por el mundo entero, conformar totalmente la propia vida a Jesucristo y obedecer de modo filial a nuestro obispo y sus sucesores.
Tras estas afirmaciones, se ha llevado a cabo el rezo de las letanías con Marcos postrado en tierra en señal de humildad, de amor y de donación a Dios que le ha llamado, mientras Marina Lansac pronunciaba el nombre de los santos en los ocho minutos que ha durado el ritual-

La imposición de manos del padre Pedro -y del resto de casi cuarenta concelebrantes- y la oración consecratoria han hecho que el nuevo presbítero recibiese el Espíritu Santo para servir a los hombres.
Tras la plegaria de ordenación, al nuevo presbítero se le ha revestido con los ornamentos sacerdotales. Ungido con el santo crisma, el obispo entregaba al nuevo sacerdote la patena con el pan y el cáliz con el vino. Este gesto, en el que ha estado acompañado por su madre y su hermano, indica que el sacerdote está ordenado para celebrar el sacrificio eucarístico y que él mismo participa en el sufrimiento y la cruz redentora del Señor.

UN DÍA DE ALEGRÍA
En su homilía, el obispo reflexionaba acerca de que con la celebración "nos unimos a su profunda alegría" y a la de aquellos a los que acompaña, familiares, amigos y toda la diócesis. Particularmente desde las parroquias en las que participa, San José, el Hospital y bastantes pueblos del Somontano y el Sobrarbe, la Pastoral Juvenil, Cáritas y su país, Nicaragua. "De todas las celebraciones cristianas, probablemente una ordenación sacerdotal es una de las que provoca más alegría y esperanza, de las que más nos fortalece en nuestra fe".
En su línea oratoria trinitaria, ha comenzado refiriéndose al Evangelio de este domingo, "extraordinario". Y ha recordado que Jesús se compadeció de la muchedumbre porque porque estaban extenuados y como ovejas sin pastor. Es decir, sintió compasión, que es lo que siente el Sagrado Corazón de Jesús. "Siente pasión por las vocaciones y dolor cuando la comunidad no tiene los pastores que necesita". El segundo detalle, "la mies es abundante pero los trabajadores, pocos". Esto es, pide que "recemos por las vocaciones" porque el fruto de la oración "es el cambio de nuestro corazón". Y nos convertimos en personas "capaces de acompañar". El tercer detalle: "Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos: curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios... Lo que gratis habéis recibido, dadlo gracias".
"UNA CONSULTORÍA POR LOS APÓSTOLES
Un inciso en tono de humor que ha anunciado el Padre Pedro sobre los doce apóstoles que cita, con sus hombres, el Evangelio de este domingo. Les pide que proclamen que el reino de Dios ya ha llegado, que "lo hagan real, que lo hagan cotidiano. Es una misión apasionante. Y no eligió a estos doce no por ser los mejores, sino por su fe y su pasión con el reino".

En medio de la solemnidad, ha pedido imaginación: que Jesús entregara la confianza para los elegicos a una consultoría laboral pidiendo el informe: ¿qué os parece estos doce que os he elegido?"
Respuesta de la consultoría: "Simón Pedro, a quien usted pone el primero, es un inestable emocional, muy cambiante en su estado de ánimo, demasiado terco e impulsivo para ser el líder que usted quiere. Su hermano Andrés no tiene ningún don especial para asumir responsabilidades. Esos dos hermanos, Juan y Santiago, sitúan su promoción personal por encima de los intereses del colectivo. Tomás es un incrédulo, no cree en el proyecto. Mateo está en la lista negra en la honradez por los negocios económicos. Felipe ni siquiera le conoce a usted lo suficiente. Bartolomé, Santiago, Judas, Simón, son muy reservados y pasan sin más pena ni gloria. No obstante, hay uno, a pesar de la incompetencia de todos, que realmente es bueno. Es capaz, imaginativo, apto para cerrar tratos y con un sentido muy desarrollado para los negocios económicos. Pronto les hará abrir muchas puertas Le aconsejamos que, sin dudarlo, tome a Judas Iscariote como administrador y brazo derecho de su proyecto. Es el más motivado, el más ambicioso y no le tiembla el pulso a la hora de tomar decisiones importantes".
Podría haber sido, ha continuado en tono de humor, un informe real, pero... "Dios no piensa como nosotros, y los criterios de Jesucristo son diferentes", por lo que el texto evangélico deja tres pistas: "Una, rezar por las vocaciones para que calen en vuestro corazón. Proclamad que el Reino de Dios está aquí. Tercero, ni tú, ni yo, ni nadie merece ser elegido. Eres elegido por el amor de Dios".

EL SACERDOCIO
Nuevo trío de reflexiones en torno al sacerdocio. "Marcos, ser cura es "tener claras y vivir las prioridades de Jesus" y, leyendo el Evangelio, están claras: misericordia, predicación del Evangelio, tiempo invertido con los discípulos y la oración. "Si lo haces, serás un pastor según al corazón de Dios. Y quiero incidir en la primera de ellas: sé misericordioso", porque "te vas a encontrar gente herida por la pobreza, por la enfermedad, por el desentaño, por la soledad, por la falta de comunicación, por la falta de sentido, por la falta de motivos para vivir, por el vacío en la fe".
"Marcos, estás llamado a sanar, pero sólo lo puedes hacer si decides sanar desde tu propia fragilidad". Ha recordado a un obispo que preguntaba a los jóvenes que ordenaba: "¿Eres lo suficientemente débil como para ser cura? La misericordia de un cura no es sólo el fruto de su información, sino el fruto de la misericordia que tú has recibido. No podrás ofrecer la misericordia de Jesús si no la has percibido tú". La comunidad, ha proseguido, necesita testigos, no maestros, "y sólo escucha a los maestros porque son testigos".
A la vez, deberá ser fuerte, tener "la fortaleza del que se sabe pequeño pero está sostenido por Dios". "Ser sacerdote es darse a los demás sin esperar nada a cambio. Hoy asumes una vocación incompatible con la arrogancia". Cristo le pide que cargue con los bultos de los demás, y a veces se verá abandonado, pero "la comunidad te acompañará, sostendrá y rezará".
La Iglesia necesita nuevos sacerdotes, y con la iglesia cada uno de nosotros "hemos de plantear la vocación sacerdotal a lo jóvenes con amor, confianza y sin anestesia". Por eso hay que compartir la fe, ha concluido el prelado, encontrando las necesidades de los demás y la oración. "Dios sigue llamando, no lo dudéis. No tengáis miedo a la llamada de Dios. Lo más tonto que puede hacer un joven es tener miedo de lo que Dios pone en su corazón", "la mies es abundante, los obreros pocos". Final: "Orad con Marcos, porque lo necesita y mucho".
LAS PRIMERAS PALABRAS DEL NUEVO PRESBÍTERO
Marcos Rivera se ha dirigido a todos al final de la celebración y ha dado gracias a Dios "por mirarme con misericordia a pesar de mis debilidades, mis limitaciones y mis débiles fuerzas, porque el amor de Dios es más grande que cualquier miedo, cualquier duda y cualquier limitación".
Agradecimiento a la Iglesia, porque "nadie se ordena sacerdote para sí mismo. Nos ordenamos para la Iglesia Católica". Reconocimiento al Padre Pedro por su confianza, al rector del Seminario, José Alegre, a Fernando Altemir, a los sacerdotes y al clero de Huesca, así como amigos de otras diócesis.
Emocionada gratitud a su familia, que ha venido "desde el otro lado del mundo" para este momento tan importante. "Con vosotros descubrí el amor de Dios". Cita para Cáritas Diocesana porque a través de ellos ha encontrado a Jesucristo y a las personas necesitadas.
Alusión a todos los que formamos la Iglesia y recuerdo de que se necesitan sacerdotes. "Dios, que llama y mira con compasión, hoy me confiere el sacerdocio" y con ello "sincronizo el corazón de Jesús conmigo. Estoy llamado a hacer presencia de Dios en medio de vosotros para celebrar la palabra, los sacramentos, ejercer el ministerio de la reconciliación, ayudar a los enfermos e introducir a nuevos cristianos a la Iglesia por el bautismo".
Este lunes 15 de junio, Marcos Eduardo Rivera Lazo oficiará su primera misa, a las 18:30 horas en la Iglesia de San Vicente el Real, misa votiva del Sagrado Corazón de Jesús. A partir del mes de septiembre comenzará su labor pastoral en el Arciprestazgo de Monegros.