“TikTok no es un lugar de bailes”. Con esa advertencia arrancaron este jueves en el Centro Cultural Ibercaja de Huesca los III Debates en Salud Mental y Emocional: Superar la angustia a lo largo de la vida, centrados en el impacto digital sobre niños y adolescentes y en la necesidad de reforzar la denominada “vida offline”.
La sesión, coordinada por el psiquiatra y profesor del Campus de Huesca de Unizar Javier Olivera y organizada por Fundación Ibercaja junto a la Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte de Huesca, reunió a la psiquiatra Nuria Núñez y a la psicóloga Jara Acín en una conversación sobre los riesgos emocionales asociados a las redes sociales y los desafíos que afrontan las familias ante el nuevo entorno digital. Bajo el título Problemas emocionales en la infancia y adolescencia. ¿Qué ocurre con las redes sociales?, ambas especialistas analizaron fenómenos como la validación emocional, la presión social o la exposición temprana a contenidos dañinos antes de cerrar la jornada con un coloquio junto a Olivera.
Durante la sesión se trataron cuestiones vinculadas al impacto emocional de internet en menores y adolescentes, el funcionamiento de determinadas plataformas digitales, la exposición a contenidos dañinos y la necesidad de reforzar la educación emocional y los vínculos familiares como herramientas de prevención. Las dos especialistas coincidieron en señalar que el problema no se limita al tiempo de uso de las pantallas, sino también a la forma en la que muchos jóvenes construyen su identidad, gestionan la frustración o buscan validación emocional dentro del entorno digital.

La psiquiatra Nuria Núñez, autora del libro Los niños también se deprimen, insistió en la necesidad de que las familias conozcan realmente el entorno digital en el que se mueven sus hijos antes incluso de entregarles su primer teléfono móvil. Según explicó, el objetivo no debe ser “fiscalizar” ni ejercer únicamente autoridad, sino aproximarse a internet “desde la curiosidad" y el deseo de aprender.
Durante su intervención, recurrió a la imagen de “una plaza llena de peligros” para explicar la exposición de los menores en redes sociales sin acompañamiento adulto. Núñez advirtió además de que plataformas aparentemente inocuas esconden dinámicas mucho más complejas. “TikTok no es un lugar de bailes”, señaló, al tiempo que alertó también sobre los riesgos asociados a los vídeos cortos de Instagram o YouTube Shorts, cuyo funcionamiento, afirmó, reproduce los mismos mecanismos de consumo rápido y dependencia.
Núñez explicó que muchas de estas plataformas funcionan mediante mecanismos de “contenido infinito”, gratificación inmediata y algoritmos capaces de aprender rápidamente los intereses emocionales de cada usuario. Según expuso, este consumo constante de vídeos breves puede afectar especialmente a la tolerancia a la frustración, la capacidad de atención o la gestión del aburrimiento en adolescentes cuyo desarrollo emocional todavía está en construcción. La psiquiatra alertó además del impacto que pueden tener determinados contenidos relacionados con la idealización de vidas irreales, las autolesiones o los trastornos de conducta alimentaria.
La especialista mostró también ejemplos de cómo algunos perfiles logran esquivar los controles de las plataformas mediante etiquetas cambiantes para continuar difundiendo vídeos vinculados a conductas autolesivas o problemas alimentarios. Explicó que muchos adolescentes utilizan además las redes sociales de una forma muy distinta a la de los adultos, mediante cuentas ocultas, stories efímeras o perfiles compartidos entre amistades y parejas como símbolo de confianza o pertenencia.

La psiquiatra relacionó además este modelo de consumo digital con fenómenos como la desmotivación, la impulsividad, la búsqueda constante de validación, el vacío emocional o la identificación excesiva con síntomas psicológicos.
Durante su intervención mencionó también el fenómeno conocido como “TikTok tics”, una tendencia viral en la que algunos menores imitaban conductas asociadas al síndrome de Tourette tras exponerse repetidamente a determinados contenidos en redes sociales.
Frente a este escenario, Núñez defendió la necesidad de que las familias mantengan una supervisión activa basada en la escucha, el acompañamiento y el conocimiento real del entorno digital. Entre las recomendaciones planteadas figuraban compartir tiempo cotidiano, mantener tradiciones familiares, supervisar las aplicaciones instaladas en los primeros móviles y enseñar a los menores a gestionar la inmediatez y la frustración desde edades tempranas. También destacó la importancia de realizar al menos una comida diaria en familia como herramienta preventiva frente a trastornos alimentarios y problemas emocionales.
UN VÍNCULO SEGURO
Por su parte, la psicóloga oscense Jara Acín, especialista en trauma y apego y coautora de Ayúdale a despegar, defendió la importancia de construir previamente un vínculo familiar “suficientemente seguro” para que niños y adolescentes encuentren en sus padres “un lugar seguro al que volver” cuando aparezcan situaciones de riesgo o confusión en internet. A su juicio, el trabajo emocional debe comenzar mucho antes de la llegada de las redes sociales.
Acín explicó que para muchos adolescentes las redes sociales no representan únicamente entretenimiento, sino también espacios de pertenencia, validación, comparación constante o construcción de identidad. La psicóloga planteó que el debate no debe centrarse solo en cuánto tiempo pasan conectados los menores, sino en qué función emocional cumple ese uso digital dentro de sus vidas.
La especialista defendió, además, que limitar pantallas o retirar dispositivos no resulta suficiente si no existen previamente vínculos, actividades y espacios de pertenencia fuera del entorno digital. La especialista puso el foco en la necesidad de fortalecer la denominada “vida offline” mediante deporte, creatividad, naturaleza, lectura, juegos de mesa, grupos culturales o rutinas familiares que permitan a niños y adolescentes sentirse capaces, útiles y acompañados también fuera de internet.
La psicóloga alertó, asimismo, de que muchos menores utilizan las plataformas digitales para aliviar angustia, combatir la soledad o buscar reconocimiento y aceptación. Según explicó, cuando un adolescente no dispone de herramientas suficientes de regulación emocional, el móvil puede terminar realizando esa función.

Jara Acín recordó además que “las redes no caen sobre una mente vacía”, sino sobre menores con historias emocionales, inseguridades y experiencias previas diferentes, por lo que el impacto digital no afecta igual a todos los adolescentes. En este sentido, señaló que las plataformas pueden amplificar heridas vinculadas al rechazo, la exclusión, la vergüenza o la necesidad intensa de aprobación.
La psicóloga advirtió también de que muchos adolescentes terminan vinculando parte de su autoestima a la validación obtenida en redes sociales, especialmente en edades marcadas por la necesidad de pertenencia y aceptación. Durante el debate, alertó asimismo de la creciente exposición corporal y de la presión estética detectada incluso en niñas muy pequeñas.
Coincidió en la creciente tendencia de muchos adolescentes a identificarse públicamente con diagnósticos de salud mental difundidos a través de redes sociales. Olivera alertó de cómo algunos jóvenes terminan construyendo parte de su identidad alrededor de etiquetas diagnósticas como TDAH, TEA o trastorno límite de personalidad.
Nuria Núñez advirtió de que la salud mental ha pasado “de ser un estigma a estar de moda” y defendió la necesidad de distinguir entre el sufrimiento emocional cotidiano y los trastornos mentales graves. La psiquiatra pidió además evitar etiquetas diagnósticas precipitadas en adolescentes y apostar por hablar primero de malestar emocional, nervios o dificultades concretas antes de convertir determinadas situaciones en diagnósticos cerrados.

En la misma línea, Jara Acín consideró que muchas de esas búsquedas reflejan preocupaciones reales que deben traducirse en acompañamiento y educación emocional, especialmente en el aprendizaje de herramientas de regulación y autorregulación emocional.
Durante el coloquio, Acín defendió además la importancia de mantener conversaciones frecuentes y naturales con los menores sobre privacidad, consentimiento, acoso, sextorsión, pornografía o funcionamiento de los algoritmos. La especialista insistió en que educar en redes sociales implica también trabajar pensamiento crítico, autoestima, regulación emocional y responsabilidad afectiva.
La psicóloga defendió igualmente la importancia de construir un entorno de confianza que permita a los menores pedir ayuda cuando surjan problemas en redes sociales sin miedo a perder el apoyo de los adultos o a que la conversación termine únicamente en castigo.
PRÓXIMAS SESIONES
Esta propuesta, que está abierta al público, pero con inscripción previa en la página de la entidad organizadora, tendrá continuidad el 14 de mayo, también a las 19 horas, con el coloquio titulado 'Alas para Volar. Empezar de nuevo cuándo la vida se rompe', en el que junto a Javier Olivera estará la escritora y divulgadora Elsa Punset.
Una tercera sesión tendrá lugar el 19 de mayo, bajo el título 'Enfrentarse a lo inevitable o cómo superar el miedo a la muerte'. Los psiquiatras Manuel Martín y Manel Sánchez Pérez, participarán en este acto, previsto para las 18.30 horas, junto al profesor Olivera y a Carmelo Pelegrín.