Tomás Luna, homenajeado por fin en el 25 aniversario de la alternativa del primer torero de la historia de Huesca

La Peña Taurina Oscense rinde tributo a quien marcó un hito el 10 de agosto de 2001 como hito central de una vida "de obsesión por el toreo"

DH
31 de Octubre de 2026
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Tomás Luna, homenajeado por la Peña Taurina en el 25 aniversario de su alternativa como torero

Como en el famoso sketch, la plaza estaba abarrotá. La Peña Taurina Oscense ofrecía el aspecto de tarde grande. Lleno absoluto e intergeneracional, socios con muchos años de carnet y jóvenes, incluidos los que esta tarde de sábado protagonizarán la clase práctica con el director de la Escuela, Ricardo Aguín "El Molinero": los que juegan en casa, Asier Abadiano, Joaquín Vallés y Angelito, y los invitados Manuel León (Escuela de Badajoz), Diego Gil (de la José Cubero Yiyo) e Izan Alonso (Guadalajara). En la mesa, los protagonistas con la palabra: el homenajeado, Tomás Luna, la presidenta y el vicepresidente de la peña, Gloria Ruiz y Pablo Ciprés, y el periodista y amigo del distinguido Javier García Antón. El motivo: el 25 aniversario de un hito: el primer torero de la historia de Huesca. La gran cúspide de una "obsesión por el toreo"

Entre el respetable, el presidente y la vicepresidenta de la Diputación a título particular, Isaac Claver y Celsa Rufas, y Diego Luna, a la sazón el segundo torero de la ciudad... y último hasta hoy. Aficionados de postín y amigos de la familia Luna Sistac, repartida porque a esa misma hora Isabel Luna actuaba con sus Kandelikas en el Olimpia.

La presidenta de la Peña relató un perfil de la ejecutoria de Tomás Luna Sistac desde sus inicios con ocho años, su fructífero paso por la Escuela de la Peña Taurina, su primera vez ante un astado, su primicia con traje de luces, los principios como novillero, el hito triunfal del ciclo de novilladas televisadas en Zaragoza donde se proclamó vencedor junto a José Tomás, los exitosos meses siguientes en cosos de toda España y la preparación hasta la alternativa con Enrique Ponce como padrino y Julián López "El Juli" como testigo, en la que lidió a Pegajoso, de Fuente Ymbro, aunque fue el segundo el que le permitió salir a hombros. Sus temporadas posteriores, sus peripecias en un ciclo de cinco corridas en Perú, la decisión de su retirada en 2007, su faceta familiar como ganaderos en Montesusín, su condición de apoderado de toreros como Eduardo Gallo y la etapa de los Luna Sistac como empresarios de la Plaza de Toros de Huesca.

La conversación entre el homenajeado, Pablo Ciprés -banderillero suyo que fue y amigo- y Javier García Antón comenzó a fluir desde el origen en que el director de EL DIARIO DE HUESCA lamentó, con un paralelismo sertoriano (el libro de Macario Olivera que parafrasea a Manuel Benito Moliner cuando afea la fateza de Huesca al tener una calle dedicada al "enterrador" de la universidad, el rector Sichar), la incoherencia institucional y de la empresa de no haber programado siquiera un sencillo homenaje el 10 de agosto pasado (el Ayuntamiento pretendió uno insuficiente para el reconocido) con motivo de las bodas de plata de aquella alternativa, mientras agasajan a toreros sin arraigo alguno ni mérito sustantivo en el coso oscense de 1929. Un desdén, que no descuido, hacia la historia taurina de la ciudad.

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Así pues, el honor de esta tarde en la Peña Taurina ha sido el primer reencuentro de Huesca con su patrimonio taurómaco. El diálogo a tres bandas comenzaba por los orígenes, que no son sino el seno familiar de un padre que lo intentó, Carmelo Luna que para distraer el celo de sus padres adoptaba distintos nombres en el albero (Carlupe fue su sobrenombre más reconocible), y que posteriormente celebró la predisposición de Diego primero -aun con sus dos años menos- y luego de Tomás, que hasta entonces mostraba más inclinación por los caballos que por los toros.

Describía Luna Sistac ese momento en que, tras enfrentar unos añojos, un clic mental le dio a entender que esa era la profesión que quería intentar, como repetía Justo Ojeda, "la carrera más difícil del mundo". Aquel bolsín en que alcanzó la final y hubo de torear con el mismo traje de luces porque la sastrería no culminó otro para la final. Y el Premio Diputación de Zaragoza retransmitido por Telecinco, su gran presentación en la sociedad taurina en novilladas con picadores. Sus primeros rivales, Uceda Leal y Cristina Sánchez. Y la final el 22 de abril de 1995, donde se proclamó victorioso exaequo con José Tomás y con Luis Miguel Encabo tercero. Esa temporada de grandes laureles en Galapagar y Algemesí.

El periplo hasta la alternativa con la crudeza de un mundo en el que la meritocracia se cruza en demasiadas ocasiones con la crueldad, un universo desmemoriado en el que los triunfos no equivalen a oportunidades. El arreón final hasta la alternativa, aquella preciosa tarde de San Lorenzo de 2001 sobre la que no tiene sino palabras de gratitud hacia la afición y hacia personas muy importantes en su vida. En primer término, su hermano Carlos, su amigo y mozo de espadas Tito Ascaso, su escudero con las banderillas y la puntilla, Pablo Ciprés. Desde fuera y desde dentro, sus padres, Carmelo y Maribel, y su hermana Isabel.

Circulaba la conversación con más alegría por lo abrazado que nostalgia por las pérdidas. Los piropos de Ponce y El Juli, como de tantos y tantos compañeros de cartel, absolutamente rutilantes. San Lorenzo siempre especial, Zaragoza donde se veía su mejor versión, el papel de Raúl Aranda como formador para eliminar las deficiencias técnicas. Una familia, un equipo compenetrado, ejercicio físico hasta la extenuación subiendo el Pico del Águila corriendo. Y aquella finca ganadera de bravo gestionada por Carmelo y Diego con el hierro de María Isabel Sistac de Luna, que fue escenario de multitudinarias fiestas con el centro en el ejercicio del herradero y principio y final gastronómico como celebración de la amistad.

No, no han faltado en sus peripecias vitales luces -muchas- y sombras -menos, pero reconocibles-. El entusiasmo de la alternativa que da paso a la apatía conforme la intensidad de los triunfos decaía, más que nada porque cortar orejas en Huesca o en Zaragoza no es garantía de nada. Su marcha, incitado por su compañero y amigo zaragozano Jesús Millán, a la sierra madrileña, una de las épocas más felices de su vida en contacto con una atmósfera taurina y con experiencias profesionales interesantes, o aquella feliz idea con unos amigos de instaurar el boloencierro en Mataelpino, hoy en día atracción turística multitudinaria a finales de cada agosto.

EL FIN DE LA CARRERA Y LA FERIA

Discurría la conversación hacia el final de la carrera como matador de toros de Tomás Luna culminada con aquella despedida en 2007 con una muleta para la ocasión como agradecimiento a la afición y a Huesca: verde laurentina. El gesto que sucedía a una larga reflexión que, entre las distintas hipótesis, escogió la honradez intelectual. Sentía que, hiciera lo que hiciera, no había evolución posible por la falta de oportunidades y porque los elogios de compañeros de primera fila del escalafón no eran suficientes para seguir en la carrera.

En medio, otro precioso momento: la alternativa de su hermano, Diego Luna Sistac, en la que fue testigo del alumbramiento de un nuevo torero apadrinado por el gran Juan Antonio Ruiz Espartaco. Otro 10 de agosto, en este caso de 2005. El de Espartinas, por cierto, mereció un capítulo especial por su especial vinculación con la ciudad que le galardonó con un trofeo único hasta la fecha: la Albahaca de Oro de la ciudad de Huesca que le entregó el alcalde Luis Acín Boned en 1986. En proceso de retirada y con una rodilla muy maltrecha, derrochó profesionalidad, valor y maestría en la ocasión. Espartaco fue santo y seña en la ciudad también en actos solidarios como los partidos entre toreros y periodistas a beneficio de la Asociación de Esclerosis Múltiple... todos salvo uno (en 2003) con los de luces victoriosos.

No se cortó la coleta, por cierto, porque dejaba un resquicio a la esperanza de un retorno que no se ha producido. Cambió sus destinos laborales, prosiguió con su afición de los caballos a través de la cual conoció a Carlota, su mujer, con la que tiene un hijo precioso, Tomás de Orante, y acabó con su familia enzarzándose en la aventura de gestionar la Plaza de Toros de Huesca. Recordaba Tomás que los Luna Sistac habían sido tentados repetidamente, pero decidieron dar el paso tras la evidente decrepitud de la feria.

Al alimón con Diego, describieron los pasos que dio el ciclo laurentino. Primero, renombraron la Feria con su nombre actual, de la Albahaca. Cogieron el coso vacío después de un año desastroso en que había 600 abonados. Los elevaron hasta los dos mil. Introdujeron el Grand Prix y el Campeonato Nacional de Recortadores con Toropasión. Adentraron como herramientas para la adquisición de abonos y entrados las tecnologías y metodológicamente las ventajas para los menores y para los peñistas. Convirtieron la de toros "en una plaza más de Huesca" con cenas en los días de San Lorenzo, rastros, fiestas del comercio, conciertos o eventos gastronómicos con los primeros foodtrucks cuando eran una absoluta innovación. Alzaron las presentaciones de la Feria hasta el Olimpia y la promocionaron en Francia. Vino bien contextualizar este aspecto para la memoria local y para evitar interpretaciones posmodernas. Por cierto, tal fue el amor por la feria que pudo llevarlos al precipicio económico, por la mala praxis -quizás lo de mala sea eufemismo- de su primer socio.

El diálogo llevaba ya más de hora y media y los temas fluían sin parar con intervenciones del público -Javito Rico y sus remembranzas del herradero- y apostillas de Pablo, incluida una sutil penetración en la prensa rosa al recordar el atractivo que tenía Tomás para las mujeres.

ENTREGA DEL RECONOCIMIENTO

Pablo Ciprés y Gloria Ruiz entregaron la placa de homenaje de la Peña Taurina Oscense. Como señalaba Ciprés, "el primero siempre será él". Despedida de Tomás: "Veinticinco años que se han pasado muy rápido pero los hemos disfrutado. Yo me siento totalmente querido, homenajeado. Este tema se queda zanjado. Y, sobre todo, muy agradecido a la afición. Al fin y al cabo, siempre es el motor de un torero. Gracias a la peña y a las autoridadades. Esto es lo que soy, lo que es Tomás Luna y la familia Luna Sistac. Gente que creo que hemos hecho bastantes cosas por esto y que seguiremos haciendo. El toro nos ha dado conocimientos y experiencias que aplicamos a la vida".

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