Informar en zonas de conflicto es, por definición, una tarea de alto riesgo, pero la situación actual en la Franja de Gaza ha redefinido los límites de la dificultad y el peligro para el periodismo internacional. En una mesa redonda organizada en colaboración con Amnistía Internacional, diversos profesionales de la información han denunciado en el 27 Congreso de Periodismo de Huesca que lo que allí ocurre no es solo una guerra, sino un genocidio, sumado a una situación de apartheid y ocupación que se mantiene desde hace décadas.
El debate ha contado con la participación del fotoperiodista gazatí Kayed Hammad, la corresponsal de EFE en Jerusalén Núria Garrido y la periodista Cristina Saavedra, con la moderación de Ángel Gonzalo, responsable de comunicación de AI. Durante la conversación han analizado las dificultades, riesgos y consecuencias de informar desde Gaza, un territorio al que los periodistas internacionales no pueden acceder libremente desde el inicio de la ofensiva israelí tras los ataques del 7 de octubre de 2023.
PERIODISTAS COMO OBJETIVO
Uno de los datos más alarmantes que se ha puesto sobre la mesa es el asesinato de más de 250 periodistas en Gaza desde octubre de 2023, una cifra que convierte este conflicto en uno de los más mortíferos para la profesión. A pesar de que el artículo 79 del Protocolo Adicional a los Tratados de Ginebra establece que los periodistas deben ser considerados civiles, los ponentes han denunciado que en la práctica se han convertido en objetivos selectivos.
Cristina Saavedra ha relatado también dos casos que ilustran la vulnerabilidad de los periodistas en Gaza. Por un lado, el asesinato del reportero Anas Ashaif en el hospital de Al Shifa, en un ataque que, según explicó, fue premeditado porque los periodistas estaban plenamente identificados en la tienda donde se encontraban. Quince días después, otro bombardeo en el hospital de Al Nasser acabó con la vida del fotoperiodista Bocando el Zalama y de varios compañeros más.

GAZA SIN TESTIGOS
Durante la mesa redonda también se ha denunciado el control informativo que ejerce Israel sobre la cobertura del conflicto. Los periodistas internacionales no pueden entrar libremente en Gaza y solo se permite el acceso en visitas organizadas por el ejército israelí, en las que los reporteros trabajan empotrados con las fuerzas armadas.
Estas visitas muestran únicamente una parte de la realidad y el material informativo debe pasar previamente por censura militar antes de publicarse. Esto limita la capacidad de los periodistas para contrastar lo que ocurre sobre el terreno y condiciona el relato que llega a la opinión pública.
“UNA LATA DE ANCHOAS”
Kayed Hammad, que logró salir de la Franja de Gaza el pasado mes de junio tras años documentando la situación en el territorio, ha descrito el enclave como un espacio cada vez más reducido y devastado. Durante su intervención explicó que Gaza, con apenas 360 kilómetros cuadrados, alberga a más de 2,3 millones de personas.
El reportero también ha advertido de que la situación se intenta ocultar a través de lo que ha denominado la “trampa de Trump”, un plan que, según ha explicado, busca desviar la atención internacional de lo que ocurre en Gaza. El periodista ha señalado que desde hace dos años no se permite la entrada de periodistas internacionales y que la estrategia pasa por reducir los bombardeos visibles mientras continúan las muertes y la crisis humanitaria.
Hammad ha comparado la situación actual con una “lata de anchoas”, una metáfora con la que ha descrito el hacinamiento que vive la población tras la ocupación de parte del territorio por el ejército israelí. Antes de la ofensiva, explicó, el enclave ya funcionaba como una “lata de sardinas”, pero ahora el espacio disponible es todavía menor.
Ha detallado, además, la gravedad de la crisis humanitaria. Según ha indicado, el 73 % de la población vive en tiendas de campaña, sin protección frente al frío o el calor, mientras continúan la falta de agua potable, electricidad y hospitales operativos. La ayuda humanitaria, ha agregado, solo cubre alrededor del 35 % de las necesidades de la población y gran parte de los habitantes carece de ingresos.
Hammad también ha denunciado que recursos básicos como el agua, la electricidad, los alimentos o los medicamentos se han utilizado como armas de guerra. Según ha explicado, además de las restricciones a la ayuda, también se ha impedido la entrada de médicos y organizaciones humanitarias, lo que ha agravado la situación sanitaria en el enclave.
En este contexto, el periodista palestino ha señalado que al menos 20.000 personas necesitan operaciones o atención sanitaria especializada que no pueden recibir, ya que prácticamente no queda ningún hospital en condiciones.
Durante su intervención también ha recordado que la situación actual se produce tras 17 años de bloqueo sobre Gaza, un periodo en el que la población apenas podía salir del territorio para estudiar, trabajar o visitar a familiares. El enclave funcionaba ya como “el mayor campo de concentración al aire libre del mundo”, una presión acumulada que, a su juicio, ha estallado tras los acontecimientos del 7 de octubre.
AUTOCRÍTICA DE LOS MEDIOS
Durante el encuentro, Cristina Saavedra también ha reflexionado de manera crítica sobre el papel de los medios occidentales en la cobertura del conflicto. La periodista ha afirmado que existe una deuda con los reporteros que siguen informando desde Gaza y ha reconocido que la reacción mediática fue tardía.
Según ha señalado, hicieron falta 40.000 muertos para que el conflicto se situara en el centro del debate informativo. A su juicio, esta situación refleja un problema de empatía social y una falta de movilización del propio colectivo periodístico.
Ha relatado también el caso del jefe de la oficina de Al Jazeera en Gaza, quien recibió mientras trabajaba la noticia de que un bombardeo había matado a su esposa, a su hijo de 15 años, a su hija de 7 y a su nieto. Al día siguiente volvió a su puesto para seguir informando sobre lo que ocurría en la Franja, un ejemplo del compromiso de los reporteros que continúan documentando el conflicto pese a las pérdidas personales.
INFORMAR DESDE FUERA
La corresponsal de EFE en Jerusalén, Núria Garrido, se ha referido a las dificultades para cubrir el conflicto desde el exterior de Gaza. Pese a vivir desde hace más de dos años en la ciudad, nunca ha podido entrar en la Franja.
Gran parte de su trabajo, depende del contacto con productores y periodistas locales, que envían testimonios, imágenes y datos desde el interior del territorio. Gracias a ese trabajo, se han podido documentar historias de familias desplazadas, mujeres embarazadas viviendo en tiendas de campaña o ataques en puntos de distribución de ayuda humanitaria.
Garrido también ha denunciado que el ejército israelí intenta controlar el relato informativo mediante visitas guiadas y presión sobre corresponsales cuando determinadas informaciones resultan incómodas.
Saavedra también ha querido recordar especialmente a las mujeres periodistas que continúan informando desde Gaza y ha citado el testimonio de una reportera que describía la vida en los campamentos: tras cubrir la jornada informativa y sobrevivir a los bombardeos, explicaba que, si había tenido suerte de encontrar algún alimento, cuando llegaba a la tienda de campaña se dedicaba a fregar los platos donde habían comido sus hijos.
Durante el coloquio, Hammad también ha compartido una reflexión personal al escuchar a Núria Garrido desde Jerusalén. El periodista ha explicado que la última vez que pudo entrar en la ciudad fue en 1994, y ha reconocido que, aunque ha logrado salir de Gaza con su familia, siente que parte de su vida sigue allí. “Los palestinos tenemos la patria dentro de nosotros”.
El periodista también ha descrito un territorio devastado, donde gran parte de las ciudades se han convertido en colinas de escombros y campamentos de tiendas de campaña. Según ha explicado, miles de familias han perdido sus casas, sus trabajos y a parte de sus familiares, mientras muchas personas continúan desaparecidas bajo los restos de los edificios destruidos.
El encuentro ha concluido con un mensaje del propio Kayed Hammad, quien, pese a haber logrado salir de Gaza, sigue sintiendo que parte de su vida permanece allí. El periodista ha pedido que la comunidad internacional y los medios no aparten la mirada del conflicto. “Mi mensaje es que no se olviden de Gaza, porque el genocidio continúa”, afirmó.