“Tenemos que construir una economía que haga las paces con la naturaleza, con nosotros mismos y con las generaciones venideras”. Con esta reflexión ha culminado este martes en Huesca la conferencia del fundador de Ecodes, Víctor Viñuales, una intervención en la que ha defendido la necesidad de replantear el modelo económico y social para adaptarlo a un mundo cada vez más condicionado por la incertidumbre climática, los cambios geopolíticos y los límites ambientales del planeta.
Lejos de presentar el cambio climático como una cuestión exclusivamente ecológica, Viñuales ha argumentado que se trata de un fenómeno que ya está transformando la economía, la salud, el empleo, las inversiones y la forma en que empresas e instituciones toman decisiones. A su juicio, la cuestión ya no es si las políticas climáticas siguen o no en la agenda, sino cómo gestionar una realidad que está alterando progresivamente todos los ámbitos de la vida.
El experto ha desarrollado estas ideas en una conferencia organizada por el Club de Opinión Lucas Mallada, que preside Fernando Palacín, bajo el título El desafío de la toma de decisiones en tiempos inciertos. ¿Las políticas climáticas siguen en la agenda?, celebrada en el Salón Azul del Casino Oscense.
Uno de los mensajes centrales de la charla ha sido que la sociedad está dejando atrás lo que ha definido como la “era de la eficiencia” para adentrarse en la “era de la resiliencia”. Durante décadas, ha explicado, empresas e instituciones han perseguido fundamentalmente la máxima productividad, la reducción de costes y la optimización de recursos. Sin embargo, fenómenos como la pandemia, la guerra de Ucrania, las tensiones comerciales o los efectos del calentamiento global han demostrado que la capacidad de adaptación se ha convertido en un valor estratégico.

“Las empresas tienen que pensar en cómo asegurar su futuro”, ha señalado. Para ello, ha defendido que ya no basta con ser eficientes, sino que es necesario prepararse para responder a crisis inesperadas, interrupciones de suministros, cambios regulatorios o transformaciones tecnológicas aceleradas.
Viñuales ha sostenido que la persistencia de las políticas climáticas no responde únicamente a una cuestión ideológica. A su juicio, existen factores mucho más poderosos que están impulsando la transición hacia modelos más sostenibles. El primero de ellos es la propia fuerza de los hechos.
En este sentido, ha recordado que la temperatura media global alcanzó recientemente los 28,1 grados, frente a los 27,1 registrados apenas un año antes, des guarismos que batieron récords históricos. “Ante los hechos todos reaccionamos, tengamos la ideología que tengamos”, ha afirmado.
Según ha explicado, esa realidad ya está modificando comportamientos económicos y sociales. Como ejemplo, ha citado el crecimiento de las ventas de equipos de climatización o el aumento del 66 % en la compra de vehículos eléctricos, decisiones que cada vez responden más a criterios prácticos que a posicionamientos políticos.
Otro de los elementos que, a su juicio, mantiene viva la agenda climática es la evidencia científica. Durante su exposición ha recordado que el calentamiento acumulado por los océanos equivale cada año a la energía liberada por millones de bombas atómicas, una magnitud que ilustra la dimensión del fenómeno y sus posibles consecuencias sobre el clima mundial.
Junto a la ciencia, ha identificado otros motores del cambio: la regulación pública, las expectativas de la sociedad, la convicción creciente de muchas empresas y el extraordinario avance tecnológico experimentado durante los últimos años.

En este último apartado ha destacado especialmente el papel de China, que actualmente fabrica alrededor del 60 % de los vehículos eléctricos del mundo. A su juicio, el país asiático ha comprendido que la transición energética constituye también una oportunidad industrial y tecnológica, mientras que otras potencias, como Estados Unidos, han perdido posiciones en esta carrera.
El fundador de Ecodes ha explicado que muchas grandes compañías mantienen sus compromisos ambientales por razones estrictamente económicas. Ha citado casos como Ikea, Apple, Inditex, BBVA o Maersk, empresas que continúan apostando por la reducción de emisiones y la sostenibilidad porque consideran que forman parte de su estrategia de competitividad futura.
Asimismo, ha destacado el papel que desempeñan las nuevas generaciones. Según ha señalado, cada vez más jóvenes buscan trabajar en organizaciones comprometidas con determinados valores sociales y ambientales. Esa transformación cultural está influyendo también en las decisiones empresariales, ya que atraer talento se ha convertido en una prioridad para numerosas compañías.
LA SALUD
Uno de los bloques más relevantes de la conferencia ha estado dedicado a la salud. Viñuales ha defendido que muchas personas perciben antes los riesgos asociados al cambio climático cuando estos afectan directamente a su bienestar. En este contexto, ha mencionado la expansión de enfermedades como el dengue, la fiebre del Nilo o determinados virus transmitidos por vectores que encuentran condiciones cada vez más favorables para extenderse.
“La salud humana, animal y del planeta están totalmente vinculadas”, ha afirmado al explicar el concepto One Health, una visión que entiende que las personas dependen también de los ecosistemas y de las especies con las que comparten el territorio.
A partir de este diagnóstico, Viñuales ha planteado varias recomendaciones dirigidas especialmente al ámbito empresarial. La primera consiste en reforzar una cierta soberanía energética, alimentaria e industrial que permita afrontar con mayores garantías futuras crisis. Ha señalado que la pandemia y los conflictos internacionales han puesto de manifiesto la fragilidad de algunas cadenas globales de suministro y la dependencia excesiva de determinados mercados.
También ha defendido la necesidad de construir acuerdos amplios y duraderos que reduzcan los efectos de la polarización política. Para ilustrarlo ha citado el caso de Iberdrola en Estados Unidos, donde los cambios de orientación política respecto a las energías renovables han generado incertidumbre sobre inversiones realizadas al amparo de normativas anteriores.

A su juicio, las empresas necesitan estabilidad para planificar inversiones a largo plazo y, por ello, deberían implicarse en la construcción de consensos que involucren a administraciones, universidades, entidades sociales y sector privado.
Otro de los mensajes que ha querido trasladar es la importancia de mantener buenas relaciones tanto con los territorios cercanos como con los lejanos. Ha recordado que las grandes ciudades dependen de recursos como el agua, la energía o los alimentos que proceden de zonas rurales y de montaña, territorios que muchas veces no reciben el reconocimiento que merecen por los servicios que prestan.
La cuarta recomendación ha girado en torno a la corresponsabilidad. Para explicarla ha recurrido a una imagen sencilla: “La calle estaría limpia si cada cual barriera su trozo de acera”. El problema, ha señalado, aparece cuando algunos actores pretenden beneficiarse del esfuerzo colectivo sin asumir su parte de responsabilidad.
En este punto ha recurrido a ejemplos tomados de la naturaleza para explicar cómo los grupos sancionan a quienes actúan de forma egoísta y ha defendido que las sociedades humanas deberían incorporar esa misma lógica de cooperación para afrontar problemas compartidos.
La conferencia ha concluido con una reflexión sobre la relación entre humanidad y naturaleza. Para ilustrar los riesgos de ignorar los equilibrios ecológicos, Viñuales ha recordado la campaña impulsada por Mao Zedong para eliminar los gorriones en China al considerarlos responsables de reducir las cosechas. La medida provocó una explosión de insectos que acabó agravando los problemas agrícolas y contribuyendo a una grave hambruna.
“Somos naturaleza. Somos ecodependientes”, ha insistido. Necesitamos aire limpio para respirar, agua de calidad para beber y alimentos sanos para vivir. Por ello, ha defendido la necesidad de recuperar una visión de largo plazo inspirada en lo que ha denominado “pensamiento catedral”, es decir, la capacidad de emprender proyectos cuyos resultados quizá no lleguen a disfrutarse personalmente, pero que mejorarán la vida de las generaciones futuras.
“No podemos actuar con la idea de que quien venga detrás ya se apañará”, ha concluido. Una reflexión que enlazaba con la idea que abrió y cerró toda la conferencia: la urgencia de construir una economía capaz de reconciliarse con la naturaleza, con las personas y con quienes heredarán el mundo en las próximas décadas.