El bombero forestal Javier Labarta, de la cuadrilla Romeo 40 de la Hoya, ha advertido este martes de que el operativo aragonés afronta el final de un verano especialmente duro con plantillas incompletas, trabajadores exhaustos y falta de medios, una situación que, a su juicio, obliga a reforzar tanto los recursos destinados a la extinción como los de prevención. "Con las fuerzas que nos quedan, hacemos lo que podemos", ha señalado tras regresar del incendio de las Peñas de Riglos, donde ha participado en las labores de vigilancia y liquidación.
Labarta ha realizado estas declaraciones durante la concentración convocada por CGT este martes en Huesca, una movilización que se ha desarrollado entre las 10:00 y las 11:00 y que también ha tenido lugar en las cabeceras de comarca aragonesas. Los servicios mínimos establecidos en el operativo han condicionado la participación de los profesionales, ya que la mayor parte de los efectivos permanecían en sus puestos de trabajo.
"Ahora mismo acabo de llegar del incendio de las Peñas de Riglos -ha explicado-. Parece que está más o menos más estabilizado que estos días atrás, aunque tiene mucho potencial de retorno. Estamos trabajando labores de vigilancia y de liquidación en la medida de lo posible, con los medios que tenemos y las fuerzas que nos quedan después de este verano, que ha sido muy duro, el más duro que mucha gente del operativo recuerda".
A partir de ahí, el diagnóstico de Labarta se centra en las condiciones en las que está trabajando el personal del operativo. Su valoración parte de una situación que, según explica, viene condicionada por la dificultad para mantener cubiertos los equipos. "Las cuadrillas no están completas. Yo lo achaco a que las condiciones laborales que tenemos no atraen a la gente para poder dedicarse a esto y suplimos muchos parches con la voluntad de la gente del operativo que estamos exhaustos y no damos para más".
La acumulación de jornadas exigentes también ha puesto el foco en las excesivas horas de trabajo durante las intervenciones. "Los descansos en este incendio en concreto se están respetando, en otros me consta que no ha sido así y que ha habido deshidrataciones y cansancio acumulado y que la gente ha 'petado'. Muchas veces tenemos que tirar de obligación, casi de pundonor, pero es que no llegamos a cubrir esas faltas de descanso y la verdad que eso mina mucho la moral".
Labarta ha señalado que el incendio de Las Peñas de Riglos se habría iniciado en el entorno de las obras de la carretera, aunque ha advertido de que el origen no puede atribuirse exclusivamente a una persona y ha aludido a distintas circunstancias concurrentes. Según ha explicado, agentes forestales habían advertido reiteradamente a los responsables de los trabajos de la necesidad de extremar las precauciones ante las condiciones de elevado riesgo que atravesaba el territorio.

UN VERANO EXTREMO
El comportamiento de los incendios durante esta campaña ha llevado también a los profesionales a poner el foco en las condiciones meteorológicas y en la evolución que están experimentando los grandes siniestros. Labarta considera que existe una tendencia que debería obligar a prestar mayor atención a la respuesta pública ante estas emergencias. "La sociedad debería estar más concienciada, aunque hay mucha gente que no niega las evidencias del cambio climático. Se está viendo que cada vez los incendios van a más y son más virulentos. Este año en concreto hay una sequía brutal, con unas olas de calor interminables y eso se traduce en que los incendios sean de esta forma. Esperemos que no sea así, pero la tendencia es clara: de los tres más grandes incendios forestales que ha habido en Aragón, el primero, el de las Peñas de Riglos, y el tercero, el de Orés, han sido este año. Son muchísimas hectáreas las que han ardido y necesitamos reforzar con más dinero el operativo aragonés".
La simultaneidad de algunos de estos episodios ha añadido dificultades a la distribución de los efectivos disponibles. "En el Pirineo este año ha habido un montón de incendios de rayo por tormentas, en sitios en los que pensabas que no iba a haber un incendio en la vida: caía un rayo y se echaba a arder, y días y días allí intentando apagarlo y no había manera".
PREVENCIÓN TODO EL AÑO
Para el bombero forestal, la respuesta ante los grandes incendios no puede limitarse a los meses de mayor riesgo. Labarta defiende una estrategia sostenida que permita actuar sobre el territorio antes de que llegue la temporada de mayor peligro. "La prevención es fundamental, o sea, son las dos patas que tienen que estar bien apoyadas con fondos. Hay grandes incendios que por mucha prevención que hagas no van a pararse, pero hay que ponerse a ello y hacer una gestión forestal durante todo el año, que sea clara. Y no hay que descuidar la prevención para hacer extinción ni al revés".
Dentro de esa planificación, reclama aumentar la dimensión de los equipos que trabajan sobre el terreno durante los meses en los que no se producen las grandes emergencias estivales. "Hay que reforzar cuadrillas -insiste-. Durante todo el año ha habido cuadrillas que estaban con 3 personas, con 2 personas. ¿Qué prevención puedes hacer con tan poca gente? Hace falta que haya más gente cuidando el monte".
La concentración también ha servido para poner sobre la mesa las reivindicaciones laborales del colectivo. Labarta ha explicado que la protesta se produce mientras los profesionales continúan atendiendo las emergencias. "Desde luego, estamos en servicios mínimos, nosotros queremos seguir apagando incendios, pero necesitamos medios y nuestra forma de protesta es convocar una huelga y que haya una mesa de negociación donde se consiga unas mejoras para el operativo. Los compañeros y las compañeras del operativo están haciendo su trabajo, que me consta que se están dejando la piel, yo mismo acabo de llegar ahora del incendio de las Peñas de Riglos".

UNA PROFESIÓN INVISIBLE
Labarta reclama también un mayor reconocimiento social e institucional de una profesión que, según explica, durante años ni siquiera ha aparecido con su denominación actual en los contratos de quienes la ejercen. "La propia palabra de bomberos forestales por parte del sistema político está muy denostada", sostiene, aunque señala que recientemente han conseguido que esa denominación figure en sus contratos.
El bombero forestal considera que ese desconocimiento se extiende a las tareas que desarrolla el operativo fuera de los grandes incendios, especialmente durante los meses de menor actividad. "No conocen cuál es nuestra profesión, no saben que estamos haciendo la prevención durante el invierno y que también estamos muchos meses en invierno de extinción", explica. A su juicio, la sociedad presta especial atención al colectivo cuando se produce una emergencia, pero debería conocer también el trabajo que realiza durante el resto del año.
Para Labarta, esa realidad refuerza la necesidad de poner en valor el trabajo de los bomberos forestales y reconocer una actividad que abarca tanto la respuesta ante los incendios como las labores preventivas. Su reivindicación se suma así a las demandas planteadas durante la jornada de protesta por la situación del operativo aragonés.
CONDICIONES LIMITE
José Ramón Cajal, secretario de la sección sindical de Comisiones Obreras en Sarga, ha explicado durante la concentración que la huelga indefinida del operativo de incendios de Sarga-INFOAR ha comenzado para reclamar un cambio de modelo ante una campaña en la que el dispositivo se ha visto desbordado. La movilización está respaldada por CCOO, CGT, OSTA y UGT y responde, según ha señalado, a la necesidad de adaptar los efectivos y la organización del servicio a la evolución de los incendios, en un contexto marcado por el cambio climático y por los denominados incendios de sexta generación, capaces de avanzar miles de hectáreas en muy poco tiempo.
El representante sindical ha situado en el centro de la protesta las condiciones de trabajo y los periodos de descanso. Ha explicado que, frente a las 12 horas máximas de trabajo continuado y las 14 horas de descanso que deberían respetarse, durante este verano se han producido jornadas de más de 20 horas e incluso de 30 horas seguidas, así como activaciones después de únicamente seis o siete horas de reposo. Cajal ha relacionado este agotamiento con los accidentes sufridos por trabajadores, incluidos in itinere durante el regreso a sus domicilios. "Lo que estamos solicitando es que se amplíe de tal manera que se respeten los derechos que están fijados en el Estatuto de los Trabajadores", ha reclamado.
El dispositivo cuenta con unos 800 trabajadores en Aragón, de los que aproximadamente 250 corresponden a la provincia de Huesca entre cuadrillas, unidades helitransportadas y autobombas. Cajal ha reclamado que el número de efectivos se determine a partir de las necesidades reales del servicio, cifra que los sindicatos no pueden concretar, ha dicho, porque no disponen de los datos económicos necesarios para calcularla. También ha puesto el foco en los puestos fijos de vigilancia, que ha definido como "los grandes olvidados". Según ha explicado, algunos trabajadores deben acudir a estos emplazamientos con sus vehículos particulares por pistas de difícil acceso e incluso subir andando cuando carecen de un medio adecuado.
La negociación con la Administración tampoco ha ofrecido, según Cajal, avances. En la reunión celebrada en el Servicio Aragonés de Mediación y Arbitraje (SAMA) no compareció la empresa Sarga y el Gobierno de Aragón estuvo representado únicamente por un letrado encargado de recoger el acta. Los sindicatos, ha explicado, esperaban al menos alguna muestra de voluntad para estudiar la ampliación del operativo. La huelga tiene carácter indefinido y se desarrolla con unos servicios mínimos del 100 %, que los trabajadores asumen por tratarse de un servicio público esencial. "Queremos seguir apagando incendios, pero necesitamos medios", ha resumido Cajal.
La reivindicación se extiende también a la prevención forestal, que el portavoz considera inseparable de la extinción. Ha señalado que en Aragón se realizan trabajos preventivos durante el invierno, pero ha advertido de que resultan insuficientes ante la acumulación de vegetación. Según el dato aportado por Cajal, un bosque genera cada año alrededor de 12.000 kilos de masa forestal por hectárea, de modo que, si no se gestiona, esa carga de combustible se acumula. Su planteamiento pasa por reforzar el operativo y mantener durante todo el año una gestión preventiva capaz de reducir esa acumulación antes de que llegue la temporada de incendios.