Que Nuestra Señora de Salas y de la Huerta está específicamente inspirada en la interrelación armónica entre los campos y el ser humano queda fuera de toda duda. Lo explica magníficamente mosén José María Cabrero, y lo canta magistralmente Rafael Samper. Los agricultores que acuden, año tras año, el 15 de mayo hasta el santuario son plenamente conscientes de su vivencia en la fe en San Isidro y también en la convicción de que nadie entona mejor la jota para los labradores que ese dúo dinámico y magnífico de los dos curas de pueblo. De Siétamo el uno, de Almudévar el otro, tan arraigados a sus pueblos como capaces de adaptarse a Alquézar o a los núcleos del Viñedo -o de Chile- en su misión que es universal.
La celebración en Salas esta mañana tiene su propio himno que siempre pone el colofón, con participación de la garganta de todos: "¿Por qué vienen tan contentos los labradores? Porque las espigas de oro ya van granando", el fruto de sus sudores. En la jota-oración hallan una respuesta a su pregunta, algo que no es común en el convulso y burocratizado desempeño de hoy.
La Eucaristía co-oficiada por los dos queridísimos sacerdotes constituye toda una lección de vida a través de la historia, del presente y de compromiso con el futuro. Mosén Cabrero ha hilado dos realidades, la del propio santuario y la de San Isidro. Nuestra Señora de Salas y de la Huerta ha estado asociada siempre al campo y a la fertilidad de las huertas y también de las mujeres, al cuidado de las cosechas y a la crianza de los herederos de las casas labriegas. Entre los milagros que "acreditan" las Cántigas de Alfonso X El Sabio generalmente relacionadas con la fecundidad y con la necesidad de prodigios para la salud, las visitas plenas de creencia de reyes como Jaime el Conquistador o el valor de quienes erigieron el templo, entre ellos el obispo que, para alegría del celebrante, era de Alquézar.
En el centro de atención de los ruegos y las plegarias de este 15 de mayo, el ejemplo de ese labrador admirable que fue Isidro, santo para la eternidad que previamente en el escenario terrenal fue zahorí, pocero, teaumatúrgico, benefactor de los pobres, hacendoso en sus sacrificios, generoso en milagros como el de los bueyes que aran mientras él reza, el del molino que multiplica el trigo, el lobo o el de la olla que genera la comida.
Jota que viene, jota que va, con inspiración agraria como la que el padre Samper ha cantado haciendo un recorrido por el Alto y el Bajo Aragón, por los Monegros y otras tierras de nuestra región, la Eucaristía llegaba a su fin. Entona Samper que "se llena el campo de flores, se celebra San Isidro, patrón de los labradores, todos los 15 de mayo". Con el crucifijo portado por José Andrés Pintado, la figura de San Isidro Labrador desfila en procesión hasta el exterior del santuario.
Mosén Cabrero bendice los términos hacia todos los puntos cardinales en los que los campos rodean el santuario, "la tierra está llena de tus criaturas", "nos alimentas y proteges bendiciendo la tierra, para que dé los frutos para el sustento del ser humano", afirma el sacerdote. "Tú, que nos enseñaste que somos sarmientos de aquella vid que es Cristo, danos frutos abundantes", "haz que nuestros campos con tu bendición produzcas el alimento que necesitamos"; "que multiplicas el trigo con el cual nos das el pan de cada día y el alimento de la Eucaristía, concédenos abundantes cosechas con el rocío del cielo y la fertilidad de la tierra".
El cura pide al Cristo que dé "fecundidad a vuestro trabajo, para que podamos alegrarnos de tus dones y proclamar tu grandeza", en el nombre del Señor y de Nuestra Señora de Salas y de la Huerta. Y, antes de disfrutar de las magdalenas y el rico vino bendecidos, la última interpretación alusiva al ventoso día de San Isidro Labrador. "El viento mueve la mieses", proclama el padre Samper en jota atribuida a su pueblo con final jubiloso. Los labradores han llegado contentos y han marchado pletóricos después de la comunión en la alegría, la fe y la esperanza, intangibles que no arreglan sus inquietudes de PAC, Mercosur y otras zozobras, pero al menos varían el horizonte.