Escuchar a Antón Castro siempre resulta un placer. Sus presentaciones rara vez se limitan a hablar de un libro. Acaban convirtiéndose en una sucesión de historias encadenadas, recuerdos personales, referencias literarias, homenajes a amigos y elogios a autores, artistas y personajes que se han cruzado en su camino. Así ocurrió también este lunes en el Instituto de Estudios Altoaragoneses, donde la presentación de sus dos nuevas publicaciones, Periferias del deseo y Con sílabas de gol -que ya firmó en la pasada Feria del Libro de la capital oscense-, sirvió sobre todo como punto de partida para una conversación repleta de anécdotas y afectos.
Acompañado por el profesor José Domingo Dueñas, director del Área de Lengua y Literatura del IEA y amigo desde hace casi cuatro décadas, Castro fue saltando de una historia a otra con la naturalidad de quien entiende la literatura como una prolongación de la vida. En apenas una hora aparecieron fotógrafos oscenses, taxistas barceloneses, futbolistas legendarios, pintores, escritores, vecinos de Garrapinillos, antiguos entrenadores, sirenas imaginarias y hasta Miguel Servet, todos ellos integrados en un relato que mezcló realidad y ficción con la misma libertad con la que construye sus cuentos.

Antes de entrar en las obras, Dueñas repasó la trayectoria de un autor que ha desarrollado una intensa labor como periodista cultural, narrador, poeta y divulgador. Recordó su llegada desde Galicia, sus primeros años en Aragón y una carrera que le ha convertido en una de las voces más reconocibles de la cultura aragonesa, distinguida con reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo Cultural o el Premio de las Letras Aragonesas.
Castro respondió a esa presentación haciendo lo que mejor sabe hacer: contar historias. Recordó personas que le han marcado, habló de amistades nacidas en Huesca y volvió a reivindicar su convicción de que nunca se ha sentido extranjero en los lugares donde ha vivido. Explicó que siempre ha intentado abrazar los paisajes y las gentes de los territorios que le han acogido y que esa forma de entender la vida acaba filtrándose inevitablemente en sus libros.
La familia también estuvo presente en varios momentos de la conversación. Entre el público se encontraba su hijo Diego, residente en Huesca y padre de una nieta oscense del escritor. Castro se dirigió a él en varias ocasiones mientras compartía algunas de las curiosidades de la tarde.
A lo largo de la conversación fueron apareciendo nombres cargados de afecto. Evocó al arqueólogo Alberto Carrera Blecua, con quien intercambió correos pocos días antes de su fallecimiento mientras ambos fantaseaban con un libro sobre sirenas representadas en iglesias. También recordó a fotógrafos como Juan Mora Insa o Gerardo Sancho, cuyas vidas y personalidades terminaron alimentando algunos de sus personajes literarios.
La fotografía ocupó precisamente una parte destacada de la conversación. Castro explicó que uno de los relatos más antiguos de Periferias del deseo nació de su fascinación por Lastanosa y por la imagen fotográfica. De ahí surgió la figura de Patricio Julve, un fotógrafo que viaja en el tiempo a través de los sueños para encontrarse con Miguel Servet en el jardín renacentista que la tradición sitúa en Huesca.

El autor insistió en varias ocasiones en que muchos de sus relatos nacen de conversaciones aparentemente insignificantes. Así ocurrieron algunas de las historias recogidas en el libro, inspiradas en taxistas, vecinos, amigos, artistas o personas anónimas que le contaron episodios sorprendentes de sus vidas. "Aprovecho todo lo que me dicen", reconoció entre sonrisas, reivindicando el papel de la escucha en el oficio de escribir.
La presentación también permitió descubrir algunas de las claves de Periferias del deseo, una recopilación de 64 relatos escritos a lo largo de una década. Dueñas destacó que el volumen explora múltiples formas del amor, desde el deseo y el erotismo hasta los afectos más cotidianos, siempre con espacio para el humor, la ironía y la sorpresa.
Castro explicó que le interesa especialmente construir personajes alejados de sí mismo y recordó que muchas de las historias están narradas desde voces femeninas. A su juicio, la literatura consiste precisamente en asumir otras miradas y crear vidas distintas a la propia.

Dueñas señaló además que los relatos transitan continuamente entre la realidad y la ficción, dos territorios que en la obra de Castro suelen aparecer estrechamente entrelazados. A su juicio, el libro reúne algunas de las constantes más reconocibles del autor: la curiosidad por las personas, la observación de los pequeños detalles cotidianos y una escritura que ha ido ganando precisión sin perder su dimensión poética.
La conversación se detuvo en Con sílabas de gol, un libro de poemas atravesado por la memoria futbolística. Sin embargo, incluso cuando hablaba de fútbol, Castro terminó hablando de personas. Recordó su experiencia como entrenador en Garrapinillos, evocó a jugadores legendarios como Pelé, Messi, Iniesta, Quini, Arsenio Iglesias, Juanito o Marcelino y explicó que antes de los partidos contaba historias a sus futbolistas para alimentar la imaginación y reforzar el espíritu de grupo.
Dueñas destacó que el volumen trasciende lo deportivo para convertirse en una reflexión sobre la infancia, los héroes cotidianos y las emociones que acompañan a quienes crecieron siguiendo a un equipo de fútbol. El propio Castro reconoció que inicialmente había pensado escribir un libro sobre fútbol modesto, sobre aquellos campos y equipos que marcaron sus primeros años en Galicia.
A lo largo de sus páginas desfilan futbolistas, entrenadores y momentos que forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones. Más que un libro sobre resultados o competiciones, Castro lo concibió como una mirada literaria a un universo que, según defendió, también habla de amistad, admiración, aprendizaje y de la capacidad del deporte para crear relatos que permanecen en el recuerdo.
El acto concluyó con preguntas del público, nuevas anécdotas sobre Manuel Vázquez Montalbán y varios agradecimientos, entre ellos a la librería Anónima y Chema Aniés, que le acompañó durante la presentación. Antes de despedirse, Castro volvió a dejar una declaración de afecto hacia Huesca, una ciudad a la que aseguró querer profundamente y en la que, como quedó patente durante toda la velada, conserva amistades, recuerdos e historias suficientes para seguir escribiendo durante mucho tiempo.