El Salón de Actos de la Diputación de Huesca acogió este pasado sábado el segundo gran directo de la trigésimo quinta edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca. Acostumbrado a la sobriedad institucional y manteniendo su elegancia, el espacio se vio transformado por una atmósfera única donde la historia de la música antigua se encontró de bruces con la vanguardia más performativa. La velada no fue sólo un recital, sino toda una inmersión artística bautizada como ‘Tactus’.
La propuesta, que llegaba a Huesca tras haber dejado huella en la Quincena de Música de San Sebastián, se presentó como un estreno absoluto en Aragón, una oportunidad que el público oscense no dejó pasar. Sara Águeda, cuya carrera está íntimamente ligada a la investigación y recuperación del repertorio de arpas históricas, explicó la naturaleza de este proyecto que rompe con la cuarta pared del concierto tradicional, “porque ‘Tactus’ es una experiencia multisensorial y estética, que celebra el sentido del tacto a través de la danza contemporánea y la música en vivo de un arpa”, señaló la artista.
Y es que desde el ciclo vital de la crisálida hasta el misterio o el éxtasis, esta vez el proceso de transformación no ha sido en soledad, sino en compañía. Es aquí cuando ‘Tactus’ se despliega como un auténtico mapa de hechizos y sensaciones. Águeda detalla cómo la obra busca desdibujar los límites entre el espectador y la interpretación: “La pieza explora la riqueza de la experiencia háptica, desde la delicadeza de la tactación hasta la intensidad de la palpación, estableciendo un diálogo íntimo entre el cuerpo humano y el instrumento. La danza y la música comparten un espacio donde las fronteras entre lo sonoro y lo físico se difuminan, creando un paisaje táctil que se despliega en cada gesto y cada vibración de las cuerdas del arpa”.

El repertorio escogido para esta ocasión ha sido un viaje al corazón de la ‘Stravaganza’ barroca, ese momento de efervescencia creativa entre finales del siglo XVI y principios del XVII donde la música napolitana desafiaba cualquier norma establecida. “Los compositores de la época experimentaban con formas musicales variadas y extremas, desarrollando técnicas como improvisación y ornamentación, similares a las del jazz moderno”, explicaba Águeda, subrayando la complejidad y esencia de las piezas seleccionadas.
La ‘arpa doppia a tre registri’ -el instrumento protagonista de la tarde- se convirtió en todo un icono físico de la propia música. Sobre las figuras que vertebran el programa, la arpista destacó el peso de los maestros napolitanos: “Ascanio Mayone es uno de los más célebres arpistas de la primera mitad del Siglo XVII en Nápoles; trabajó para la Santa Casa della Annunziata, y fue también arpista y organista en la Capilla Virreinal Napolitana junto a Giovanni Maria Trabaci, otro de los protagonistas de ‘Tactus’. La música requiere un nivel técnico muy alto, ya que es un repertorio muy exigente”.
FASCINACIÓN SIMBÓLICA
Otro de los puntos que mayor atractivo despertó entre el público fue la plasticidad de la propuesta, la forma en que la música dialogaba de manera maestra con el movimiento. La bailarina Melania Olcina logró traducir en gestos aquello que el arpa sugería con disonancias y cromatismos. “La poética del cuerpo explora el diálogo entre la movilidad dancística y la quietud escultórica, evocando los modelos barrocos para expresar la transitoriedad de las emociones”, describió la intérprete, haciendo referencia a fuentes iconográficas tan potentes como el ‘Éxtasis de la beata Ludovica Albertoni’ de Gian Lorenzo Bernini o la transverberación de Santa Teresa, la herida que enciende el alma.
Más allá de cualquier catarsis, al ser consultadas sobre el éxito de esta fusión, estas dos grandes artistas lo tienen claro: “En el caso de ‘Tactus’, la unión de música estravagante del siglo XVII con la danza contemporánea tan expresiva de mi compañera Melania es una conjunción que no se ha dado previamente en los escenarios. Es curioso cómo dos mundos tan alejados logran llegar a conectar con las emociones más primarias”, se pronuncia Sara. Porque para la comunicación del directo, todo era cuestión de conectar con el imaginario que cada uno tiene en el interior, empezando por el ‘saber dejarse llevar’.
Por todo ello, la limpieza y sencillez de su dramaturgia se convirtió en todo un ritual de quilates para este gran ensemble de emociones desde el arpa y la danza, que sólo unas artistas del nivel de Melania Olcina y Sara Águeda son capaces de regalar de forma tan generosa, ante la inquietud de ofrecer siempre nuevos viajes a favor de una estética honda y más que atenta a las agendas del arte. Así, el Festival Internacional en el Camino de Santiago encontró en esta actuación una pieza perfecta para su edición actual, que pone el acento en el legado sonoro de la Corona de Aragón. Para la intérprete, este enfoque es vital: “Es un patrimonio realmente rico e interesante, así que todo lo que sea poner en alza nuestro valor musical me parece siempre un acierto”.

Por otro lado, con una carrera que le ha llevado a diversificar su trabajo en giras teatrales, grabaciones y colaboraciones constantes, Sara Águeda se siente en un momento privilegiado. Al reflexionar sobre el estado actual de la música antigua en España, la intérprete se muestra optimista pero cautelosa sobre el futuro. “Es un buen momento para la música antigua en España, hay muchos festivales y mucho aprecio por parte del público”, admite. “Mi principal reto siempre es seguir creando”, sentenció.
Ese espíritu de búsqueda e inconformismo constantes, de no quedarse con la mera ejecución y de querer tocar las fibras más profundas del oyente a través del tacto, la música y el movimiento, fue lo que quedó flotando en el aire del Salón de Actos tras el concierto en la Diputación de Huesca. Melania Olcina y Sara Águeda regalaron una gran experiencia donde el tiempo se paró, y donde arpa y cuerpo se fundieron en un solo instrumento expresivo, capaz de contar la historia del Barroco con una sorprendente voz actual y profunda.