Los artistas del Casco Viejo devuelven el color a los claustros de San Pedro el Viejo

La exposición colectiva, abierta hasta el sábado dentro de las fiestas del barrio, reúne a una decena de creadores con obras que reúnen distintas técnicas y temáticas

30 de Junio de 2026
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Angelines Gracia, Rogelio Santolaria, Marisa Torres y María Jesús Oliván. Foto Myriam Martínez
Angelines Gracia, Rogelio Santolaria, Marisa Torres y María Jesús Oliván. Foto Myriam Martínez

Las piedras centenarias de los claustros de San Pedro el Viejo han vuelto a dialogar con el color. Donde durante siglos han reinado el silencio y la sobriedad del románico, una sucesión de lienzos rompe la monotonía del gris con un recorrido artístico que invita a detenerse sin prisas. Paisajes del Alto Aragón, retratos de intensa expresividad, bodegones, acuarelas, escenas costumbristas, composiciones cubistas y delicados pirograbados conviven estos días en una exposición colectiva organizada con motivo de las fiestas del Casco Viejo de Huesca, una cita que recupera una de las tradiciones culturales más arraigadas del barrio.

En esta edición participan Javier Sanagustín, autor además del cartel anunciador de las fiestas del Casco Viejo de este año, junto a Rogelio Santolaria, Marcelino Sesé, Luis Toro, Marisa Torres, María Jesús Oliván, Antonio Cuenca, María José Lloro, Angelines Gracia, Daniel García, Fernando Sanagustín, Alberto Escartín y Mariana Pérez, un grupo de artistas que aporta una amplia diversidad de estilos, técnicas y sensibilidades, desde el paisaje y el bodegón hasta el retrato, la abstracción, la acuarela y el pirograbado.

No existe un hilo conductor en cuanto a estilos, y precisamente ahí reside buena parte del atractivo de la muestra. El visitante pasa de contemplar la serenidad de la Peña Montañesa, los perfiles del castillo de Loarre o los reflejos de los Mallos de Riglos sobre el agua a detenerse frente a retratos cargados de fuerza psicológica, naturalezas muertas donde la luz juega con el cristal y la cerámica, pequeños paisajes de acuarela o composiciones donde el cubismo fragmenta los rostros y transforma la realidad.

Marisa Torres y Rogelio Santolaria. Exposición del grupo Pintores del Casco en los claustros de San Pedro. Foto Myriam Martínez
Marisa Torres y Rogelio Santolaria. Foto Myriam Martínez

La exposición también reserva espacio para la sorpresa. Entre las obras sobresale un gran retrato femenino presidido por un espectacular tocado rojo sobre un fondo dorado, una reinterpretación contemporánea de una portada gótica envuelta en una atmósfera casi onírica, músicos populares tratados con un lenguaje cercano al arte naïf, una delicada representación de la Virgen de la Cabeza y una serie de retratos inspirados en personajes inquietantes cuya gestualidad parece interpelar directamente al espectador. Cada panel ofrece un lenguaje distinto y confirma que la personalidad de cada artista permanece intacta dentro del conjunto.

También encuentran su lugar las pequeñas piezas de Angelines Gracia, realizadas mediante pirograbado, donde varias aves aparecen dibujadas con minuciosidad sobre madera, así como las acuarelas de pequeño formato que retratan distintos rincones de la provincia. El resultado es una exposición heterogénea que no busca uniformidad, sino precisamente mostrar la riqueza creativa de quienes comparten una misma afición desde perspectivas muy diferentes.

La muestra, inaugurada este lunes, permanecerá abierta hasta el sábado 4 de julio, en horario de 18:00 a 21:00, gracias a la colaboración entre los propios artistas y la Asociación del Casco Viejo, dentro de la programación festiva del barrio.

Detrás de esta iniciativa no existe una asociación artística formal, sino un grupo de pintores que se define, sencillamente, como un grupo de amigos. Así lo explicaban Marisa Torres y Rogelio Santolaria, dos de los participantes, quienes recordaban que la exposición supone el regreso a un escenario muy especial para ellos.

Exposición del grupo Pintores del Casco en los claustros de San Pedro. Foto Myriam Martínez
Exposición del grupo Pintores del Casco en los claustros de San Pedro. Foto Myriam Martínez

"Hemos estado muchos años exponiendo en los claustros", recuerda Marisa Torres, aludiendo a la etapa en la que el histórico grupo La Pataquera convirtió este espacio en una cita imprescindible de las fiestas del Casco Viejo. Durante 24 años organizaron aquí sus exposiciones antes de trasladarse temporalmente a otros lugares de la ciudad, como la plaza Arista o la plaza López Allué. Hace tres años recuperaron los claustros y esta edición supone la tercera consecutiva desde su regreso. "Esperamos seguir mientras nos dejen", afirma.

Por su parte, Rogelio Santolaria ha querido desmontar una idea que, según ha explicado, todavía persiste entre parte del público: la creencia de que aquel colectivo funcionaba como un grupo cerrado. Nada más lejos de la realidad. Recuerda que él mismo se incorporó años después gracias a la invitación de algunos de sus integrantes y subraya que siempre han estado abiertos a sumar nuevos artistas. De hecho, en esta edición participa un pintor por primera vez.

Los expositores insisten en que el verdadero objetivo nunca ha sido constituir una asociación exclusiva, sino mantener vivo un espacio de encuentro entre personas que disfrutan pintando y compartir ese trabajo con los vecinos durante las fiestas del barrio. "Somos amigos del Casco Viejo", resumen ambos.

Cada uno ocupa un pequeño espacio dentro del recorrido, pero ninguno pasa desapercibido. Los paisajes de María Jesús Oliván trasladan al visitante a algunos de los escenarios más reconocibles del territorio, mientras que María José Lloro presenta una emotiva representación de la Virgen de la Cabeza, inspirada en las raíces familiares de su marido. Marisa Torres, por su parte, combina grandes paisajes con bodegones donde las transparencias del vidrio y la textura de la cerámica adquieren un protagonismo especial.

Las obras de Rogelio Santolaria se sitúan en otro registro completamente distinto. Sus composiciones muestran una evolución hacia un lenguaje más personal, donde las formas geométricas y la fragmentación de los rostros marcan una clara influencia cubista. "Es la forma en la que empiezo a querer pintar ahora", explicaba el artista, que apuesta por alejarse del realismo convencional para explorar nuevas maneras de representar la figura humana.

Exposición del grupo Pintores del Casco en los claustros de San Pedro. Foto Myriam Martínez
Obra de Javier Sanagustín que se ha empleado para la portada del programa de fiestas. Foto Myriam Martínez

Cada año, la asociación vecinal encarga a uno de los artistas participantes la ilustración de la portada del programa festivo. Esa colección, acumulada durante décadas, permanece hoy expuesta en la propia sede de la entidad vecinal como testimonio de una colaboración que ha sobrevivido al paso del tiempo.

Más allá del valor de las obras, la muestra reivindica el arte como espacio de convivencia. Durante las tardes, los propios autores permanecen junto a sus cuadros, conversan con los visitantes, responden preguntas y explican el origen de cada creación. Ese contacto directo convierte el recorrido en una experiencia cercana.

En un lugar acostumbrado a custodiar siglos de historia, el arte contemporáneo vuelve así a encontrar acomodo durante unos días. Los muros románicos no solo enmarcan las pinturas: parecen integrarlas en un diálogo silencioso entre patrimonio y creación que, edición tras edición, sigue demostrando que la cultura también puede construirse desde la amistad, la constancia y el compromiso con un barrio.

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