Hay experiencias que, cuando encuentran una forma de ser contadas, dejan de pertenecer únicamente a quien las ha vivido. Eso es lo que ha ocurrido con Sucia, el documental dirigido por Bàrbara Mestanza y Marc Pujolar, que este pasado martes llegó a Huesca, más de un mes antes de su estreno comercial, previsto para el 20 de noviembre. La proyección, incluida en la programación de la Muestra de Cine Realizado por Mujeres, terminó con un debate especialmente intenso sobre la violencia sexual, la percepción social de las víctimas y la manera en que el sistema judicial aborda estos casos.
Mestanza, actriz, dramaturga, directora y cantante, es también la protagonista, guionista y codirectora de una película que parte de la agresión sexual que sufrió. A partir de ahí comenzó un proceso creativo y vital que primero tomó forma de obra teatral, después de novela y finalmente de documental. El punto de partida de Sucia es una pregunta que la acompañó durante ese recorrido: “¿Por qué no hiciste nada?”. Una cuestión que la película utiliza para cuestionar los relatos construidos alrededor de la violencia sexual y las expectativas sobre cómo debe comportarse una víctima.
El documental incorpora, además el proceso judicial, una dimensión que no estaba presente en la obra de teatro ni en el libro. Mestanza explicó durante el coloquio que concibe las tres obras no como una trilogía, sino como un “tríptico”, porque cada una aborda un momento diferente. “La obra de teatro es una conversación de mí con mi cerebro en ese momento que me pasa esto y en ese momento. El libro trata de todo lo que pasa después del abuso. Y el documental sí que creo que muestra una parte mucho más cruda”, señaló. En esta última pieza, añadió, “todo el proceso judicial solo se ha contado aquí”.
Mestanza reconoció que el proceso de creación y exposición pública ha sido exigente y que no recomendaría necesariamente reproducir su experiencia sin preparación. “Sí creo que escribir lo que te ha pasado, hacer ejercicio de dentro para afuera, es útil y muy necesario”, explicó. Al mismo tiempo, admitió que los efectos que ha tenido la película han superado ampliamente sus expectativas iniciales: “Yo me hubiera conformado con que, por ejemplo, este documental lo vieran mis tías”. La decisión de llevar la historia al cine respondía a esa la voluntad de ampliar su alcance.

Marc Pujolar situó precisamente ahí una de las razones de ser de la película. El documental permite que el relato pueda llegar a otros espacios sin que Mestanza tenga que volver a exponerse físicamente en cada ocasión. “Vemos que este documental es útil cada vez que se proyecta”, afirmó, al considerar que funciona como una prolongación de lo que ya sucedía con la obra teatral, pero sin que la protagonista tenga que estar presente".
La directora de la Muestra de Cine Realizado por Mujeres, Chus Fenero, condujo el coloquio posterior a la proyección, en el que participaron Marina Rodríguez Baudach, presidenta de la Audiencia Provincial de Huesca; Eduardo Bernués, magistrado de lo Social de Zaragoza, y Jorge Zapatero, presidente del Tribunal de Instancia de Huesca.
Fenero se refirió a la pregunta que se repite constantemente a lo largo del documental: ¿Por qué no hiciste nada? ¿Cuándo te diste cuenta de que esa pregunta tenía más que ver con la sociedad en la que vivimos que con otra cosa? Bàrbara Mestanza explicó que se dio cuenta en el momento en que su expareja se lo preguntó. "Pero una cosa es eso y otra que tu cuerpo, la parte más vulnerable, realmente lo digiera". Apuntó que cuando le remarcaban que había hecho un libro, una obra de teatro y un documental, siempre una parte se preguntaba: "¿Por qué? ¿Estoy haciendo mal? ¿Hay algún enfermizo dentro de mí? No, no hay ningún enfermizo. Hay una voluntad muy clara por usar las armas que yo tengo, que al final es mi cuerpo, o mi memoria, mi experiencia, para contribuir de alguna forma en cambiar esto. Para mí es lo más importante que hay en mi vida: ayudar. Al final nosotros hacemos arte y puedes hacer arte por muchos motivos diferentes, pero nosotros pensamos que el arte sí puede cambiar vidas y a veces salvarlas", afirmó.
Marc Pujolar recordó que mientras Mestanda pasaba por el proceso se habcía la pregunta de "¿cómo no sé esto? Yo que me considero una persona formada, ¿cómo no sé que esto funciona así? Eso hay que contarlo".
La conversación permitió trasladar algunas de las cuestiones planteadas por Sucia al ámbito de la justicia. Rodríguez Baudach reconoció la dureza de la película y valoró la forma en que Mestanza había relatado su experiencia. “Creo que es una manera de explicarlo muy auténtica, muy genuina toda la situación que pasaste y cómo lo has vivido. Está muy bien contado y nos permite reanalizar algunas cosas desde la posición de la víctima”, afirmó. A su juicio, la película puede ayudar a modificar la manera en que se formulan determinadas preguntas: “Hay algunas preguntas que hay que hacerlas igual, pero hay que hacerlas de una manera diferente”, apunta.

La magistrada apuntó que "está muy bien explicado el proceso judicial, las dificultades y las durezas de cómo lo vive una víctima". Desde su experiencia profesional, "la justicia hace su papel, llegamos hasta el final, pero la víctima no siempre tiene el lugar que debería tener, el tiempo o la paciencia que deberíamos tener".
Mestanza quiso introducir un matiz frente a una percepción que puede terminar desincentivando la denuncia. “A mí me da mucho miedo, por ejemplo, cuando este tipo de discurso de no denuncies porque silo haces va a ser peor o no vas a poder soportar”, afirmó. Aseguró que su propia experiencia también le ha mostrado una realidad diferente a la que a menudo se transmite públicamente. Durante su proceso, dijo, recibió un trato respetuoso tanto del juez como del abogado de la defensa de su agresor. “Hay otras realidades que también existen”, añadió.
Rodríguez Baudach recogió esa reflexión y defendió que "los juzgados no somos el enemigo de ninguna víctima”. Recordó que la función judicial consiste también en garantizar los derechos de todas las partes del procedimiento. “Tenéis que seguir animando a que sigan denunciando todo aquello que sea necesario y nosotros haremos nuestro trabajo”.
El coloquio abordó cómo se obtiene un relato suficientemente preciso para un procedimiento judicial sin convertir las declaraciones de la víctima en una nueva fuente de sufrimiento. Mestanza cuestionó algunas de las dinámicas que tuvo que afrontar durante las entrevistas y pruebas forenses, especialmente aquellas preguntas relacionadas con aspectos de su vida anterior a la agresión.
“Entiendo todo el camino psicológico necesario para eso, pero creo que podemos encontrar algo mejor. Podemos pasar por la misma fase, pero encontrar una manera mejor”, planteó. Entre las preguntas que recuerda aparecen cuestiones sobre su primera experiencia sexual, sus relaciones personales o incluso las notas que sacaba en el colegio.
La presidenta de la Audiencia Provincial explicó que algunas de esas herramientas forman parte de procesos destinados a valorar aspectos que pueden resultar relevantes en determinados procedimientos. En el caso planteado por el documental, señaló que no existían elementos directos como un parte médico, una grabación o un testigo, por lo que los informes psicológicos pueden aportar elementos de valoración. Reconoció, al mismo tiempo, que el procedimiento puede resultar “muy injusto y muy revictimizante”.

Rodríguez Baudach también explicó que se han producido cambios en la forma de recibir y acompañar a las víctimas. “Las interrogaciones las podamos hacer en salas más amables” es una de las medidas, junto con la existencia de personas de atención a la víctima y modificaciones en la manera de formular las preguntas. También se ha incorporado la posibilidad de realizar pausas durante las declaraciones. “¿Queda mucho que mejorar? Seguro”, reconoció.
Otro de los debates giró en torno a la credibilidad. Mestanza cuestionó que la forma de expresarse, recordar los hechos o mostrar las emociones pueda convertirse en un elemento determinante para valorar a una víctima. “Al final, cuando tú te crees a alguien, porque, como has explicado, aquí yo soy la única prueba clara, sí es muy reduccionista”, afirmó. A su juicio, el sistema necesita herramientas para determinar qué ha ocurrido, pero esas herramientas pueden conducir a un “sobreanálisis” de la credibilidad.
La respuesta desde el ámbito judicial puso el acento en que una cosa es considerar creíble un testimonio y otra disponer de elementos suficientes para dictar una condena. Rodríguez Baudach señaló que a lo largo de sus 21 años de experiencia ha encontrado víctimas con perfiles y formas de declarar muy diferentes y que no siempre ha sido posible establecer una condena. “Me he creído a muchas víctimas y no he tenido cómo escribir la condena”, explicó.
Bernués profundizó en esa distinción desde la perspectiva de las garantías procesales. “Nosotros tenemos que respetar a la víctima, pero también tenemos que respetar los principios del derecho penal y del proceso penal, los derechos del investigado, acusado, incluso condenado hasta que haya una sentencia firme”, afirmó. Para el magistrado, el reto consiste en proteger a quien denuncia sin dejar de preservar las garantías que deben regir cualquier procedimiento.
En esa misma línea, explicó que el trabajo judicial no consiste simplemente en decidir si se cree o no a una persona, sino en establecer hechos probados a partir de los elementos disponibles. El testimonio de una víctima puede resultar fundamental, pero su valoración se realiza junto a otros elementos y con herramientas específicas. “Buscas elementos que te permitan establecer unos hechos probados en base a una formación jurídica”, señaló.

El paso de los años constituye otro de los elementos que atraviesan Sucia. Mestanza recordó que habían transcurrido diez años desde la agresión cuando se encontraba inmersa en el proceso que muestra el documental. La necesidad de reconstruir los hechos tiempo después plantea dificultades evidentes para quien debe recordar y repetir determinados episodios.
Jorge Zapatero reconoció que el debate sobre los plazos resulta especialmente complejo. “A este debate entramos perdidos, no podemos defender que se tarde 10 años”, afirmó. Al mismo tiempo, consideró que la película ofrece una perspectiva especialmente útil para comprender las consecuencias que tienen determinados procesos y defendió que debería servir también como herramienta de reflexión. “Creo que es muy útil, creo que hay que ponerlo en los colegios”, señaló.
El presidente del Tribunal de Instancia de Huesca apuntó, asimismo, a una dificultad que afecta a la relación entre la justicia y la ciudadanía por la falta de herramientas para explicar públicamente por qué determinados procedimientos se archivan, se reabren o terminan de una determinada manera. A su juicio, sería necesario mejorar esa capacidad de comunicación para que las resoluciones judiciales puedan ser comprendidas por la sociedad.
Mestanza coincidió en que la falta de información fue uno de los aspectos que más le afectó durante el proceso. “Lo que me ha dolido de todo este proceso es esto, es el mareo, es la poca información”, afirmó. Situó entre los momentos más duros las pruebas realizadas por las psicólogas forenses y la sensación de encontrarse en un entorno hostil, sometida a numerosos cuestionarios.
Rodríguez Baudach relacionó parte de esas dificultades con la propia estructura de la Administración de Justicia. Reconoció que los procedimientos pueden ser lentos y apuntó a la sobrecarga de trabajo y a la necesidad de contar con más jueces para mejorar los tiempos. “Podríamos ser más ágiles, sí, pero necesitamos más jueces”, afirmó.
Más allá del debate estrictamente jurídico, Sucia plantea una reflexión sobre las ideas preconcebidas que rodean a las víctimas de violencia sexual. Mestanza relató durante el coloquio que ha recibido comentarios sobre la manera en que llora o incluso sobre si resulta simpática o no. “No soy un personaje, soy una persona real; no hay nada ficcionado”, recordó.
La propia construcción social de la víctima fue otro de los asuntos en la conversación. Para Mestanza, determinados estereotipos -la víctima que debe mostrarse doliente, que debe reaccionar de una determinada manera o que debe encajar en una imagen concreta- terminan generando una presión añadida sobre quien ha sufrido una agresión.
También cuestionó la imagen que la ficción ha construido de jueces, abogados y otros profesionales de la justicia. A su juicio, la representación tradicional de estos personajes como figuras jerárquicas y alejadas puede contribuir a generar temor. “No creo que ayude”, señaló, al considerar que esa narrativa puede hacer que una víctima perciba al profesional de la justicia como alguien situado por encima de ella.
Rodríguez Baudach admitió que esa percepción existe y reconoció que “la narrativa actual no ayuda a que las víctimas confíen en nosotros”. La conversación puso sobre la mesa la necesidad de mejorar los canales de comunicación y las condiciones en las que las víctimas afrontan los procedimientos.
Sucia llegará a los cines el 20 de noviembre y que ya ha recibido el Gran Premio del Jurado de la Competición Internacional del Sheffield DocFest 2026, la Biznaga de Plata-Premio del Público y una Mención Especial del Jurado en el Festival de Málaga, además del Premio del Público al Mejor Largometraje en el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián.