La exposición “Línea P. Los búnkeres del Pirineo”, que se inaugura este viernes en la sala de exposiciones de la Diputación Provincial de Huesca, invita a adentrarse en una historias apasionante, sorprendente y casi desconocida. La muestra, obra del fotógrafo, arquitecto e investigador Iñaki Bergera, abre sus puertas a las 19.30 horas y podrá visitarse hasta el próximo 10 de mayo. A través de cientos de imágenes el autor reconstruye visualmente la llamada Organización Defensiva de los Pirineos, conocida popularmente como Línea P, una enorme infraestructura militar planificada por el régimen franquista tras la Guerra Civil para fortificar toda la cordillera.
Entre 1944 y 1956 se excavaron cerca de 5.000 asentamientos defensivos, de los casi 10.000 que llegaron a proyectarse, con el objetivo de proteger la frontera pirenaica ante posibles invasiones. Sin embargo, la red nunca llegó a utilizarse y quedó abandonada definitivamente en 1976. El proyecto de Bergera se centra en el Sector 23, situado en la comarca del Alto Gállego, especialmente en el valle de Tena. Allí el investigador ha localizado, geolocalizado y fotografiado 185 estructuras distribuidas entre 880 y 1.875 metros de altitud, un trabajo de campo realizado entre enero de 2024 y noviembre de 2025 que ha dado como resultado más de 1.500 fotografías.
Durante la presentación, Bergera ha explicado que su trayectoria profesional siempre ha estado marcada por la relación entre arquitectura, fotografía y territorio. “Soy arquitecto, soy fotógrafo y soy profesor, y desde hace más de veinte años investigo cómo se relaciona el espacio construido con el territorio y cómo puede contarse visualmente”, ha señalado.
En ese contexto, descubrir la Línea P fue para él un hallazgo fascinante. Según ha relatado, “el tema de los búnkeres lo tiene todo: arquitectura, naturaleza, territorio y también abandono”, ha apuntado. Por eso, para el investigador el descubrimiento de estas estructuras fue "un subidón”.
A partir de ese momento inició una investigación exhaustiva que combinó el trabajo documental -incluida la consulta del archivo militar de Ávila- con largas jornadas de campo. En ese proceso también se apoyó en el trabajo previo del investigador José Manuel Clúa, pionero en la divulgación de la Línea P en Aragón.
“Buscar los búnkeres ha sido una aventura maravillosa”, ha trasladado. En el valle de Tena existen 185 asentamientos repartidos en seis núcleos de resistencia, lo que da una idea de la enorme magnitud del proyecto defensivo. “Cuando descubres esa cifra y la comparas con lo que existe en otros valles del Pirineo, te das cuenta de que aquí hay un novelón, una historia increíble”, ha afirmado.
Bergera ha recordado que los historiadores consideran estas infraestructuras parte de lo que se denomina “patrimonio incómodo”, porque están vinculadas a contextos militares o autoritarios. Sin embargo, en este caso poseen la singularidad de que nunca llegaron a utilizarse.
Desde el punto de vista histórico, el sistema defensivo ya era anacrónico incluso cuando comenzó a construirse. “Era una operación casi absurda desde el principio, porque respondía a un modelo de guerra de trincheras más propio del siglo XIX o de la Primera Guerra Mundial que de los conflictos modernos”, ha comentado.
Aun así, el régimen franquista destinó importantes recursos a su construcción en plena posguerra, cuando el país atravesaba una etapa de escasez. “En una época en la que faltaba hormigón para construir viviendas, se dedicaron enormes recursos humanos y materiales a levantar estas infraestructuras”, ha recordado el autor.
La exposición no se limita a documentar los restos militares. Su planteamiento visual pretende también provocar una experiencia estética y sensorial. Bergera ha explicado que los búnkeres le interesan especialmente por su relación con la mirada. “Metafóricamente, un búnker es como una cámara fotográfica”, ha afirmado. Aunque fueron diseñados para disparar, su función principal era observar. “Las troneras -los huecos por los que saldría el arma- funcionan casi como la apertura de una cámara oscura: la luz entra y transforma el espacio interior”, ha señalado.
Ese juego visual se refleja en las fotografías de la muestra, realizadas siempre en otoño o invierno y en días nublados para lograr una "imagen uniforme, atemporal, onírica que te traslada a otro tiempo", ha comentado.
En total, la exposición reúne unas 400 imágenes, organizadas en nueve tipologías de búnker, cada una presentada a través de un modelo representativo que permite al visitante adentrarse visualmente en estas construcciones.
Uno de los aspectos que más fascinó al autor fue observar cómo la naturaleza ha ido transformando estas estructuras de hormigón con el paso del tiempo. “Tocar esos muros de sesenta o setenta centímetros de grosor y ver cómo la naturaleza ha actuado sobre ellos es impresionante”, ha compartido. Para Bergera, las superficies de los búnkeres se han convertido en “lienzos donde se puede leer el paso del tiempo”.
Esa interacción entre arquitectura y paisaje es uno de los ejes centrales del proyecto. “Desde el punto de vista arquitectónico, paisajístico y patrimonial, tenemos un legado sobre el que merece la pena reflexionar”, ha afirmado. En este sentido, la exposición pretende abrir ese debate y acercar este patrimonio a la sociedad. “Lo primero para valorarlo es conocerlo”, ha subrayado Bergera.
Según ha explicado, se trata de la primera gran exposición fotográfica dedicada a la Organización Defensiva de los Pirineos, aunque en otras zonas como Cataluña o Navarra existen centros de interpretación y proyectos de investigación similares.
En Aragón también se están realizando iniciativas de divulgación, como las visitas guiadas organizadas por ayuntamientos como Canfranc o Biescas, que cada verano acercan estos restos militares al público.
El diputado de Cultura de la Diputación Provincial de Huesca, Carlos Sampériz, ha destacado que “esta exposición convierte en experiencia cultural un patrimonio discreto, a menudo invisible, y nos invita a mirar el Pirineo también a través de sus huellas históricas: desde el paisaje, la arquitectura y la fotografía”.
CATÁLOGO, ACTIVIDADES Y VISITAS GUIADAS
La muestra podrá visitarse en la sala de exposiciones de la Diputación de Huesca de martes a viernes, de 18.00 a 21.00 horas, y sábados, domingos y festivos, de 12.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00 horas.
Además, se ha diseñado un amplio programa didáctico que incluye talleres y visitas para centros educativos, actividades adaptadas para personas con necesidades especiales y recorridos guiados para grupos organizados y visitantes individuales. Todas las actividades son gratuitas.
Además, con motivo de la exposición, y en colaboración con La Fábrica, se ha editado una publicación que reúne una selección de 700 fotografías, junto a los textos de José Manuel Clúa, Iñaki Ábalos, Ascensión Hernández, Ramón Esparza y el propio Iñaki Bergera.