Capella de Ministrers llena la Colegiata de Bolea de plenitud musical renacentista

La batuta de Carles Magraner alcanza un punto sublime en el tercer concierto del Festival Internacional en el Camino de Santiago

DH
03 de Agosto de 2026
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Interpretación en la Colegiata de la Capella des Ministrers
Interpretación en la Colegiata de la Capella des Ministrers

La Colegiata de Bolea ha acogido el domingo el tercer gran concierto de la 35 edición del Festival Internacional en el Camino de Santiago (FICS) que organiza la Diputación de Huesca. La música antigua encontró un refugio íntimo y natural. La velada estuvo protagonizada por Capella de Ministrers, bajo la acrisolada batuta y dirección de Carles Magraner, figura clave en la musicología española contemporánea. En esencia, su trayectoria es un diálogo constante entre el archivo, la interpretación técnica y artística, y la divulgación necesaria para que esas partituras, a veces olvidadas y sin rescate, vuelvan a ver la luz y puedan, así, respirar como merecen.

El programa qbajo el título ‘Alegoría del amor’ no fue una simple sucesión de piezas, sino una inmersión profunda en la Valencia del siglo XVI, concretamente en el entorno de la corte del Duque de Calabria. Para Magraner, la conexión entre este repertorio y el FICS es casi ‘orgánica’. A lo largo de los siglos, el Camino de Santiago ha sido un vector de proyectos, donde la diversidad converge: "El Camino de Santiago ha sido históricamente una vía de encuentro, intercambio y circulación de ideas, culturas y músicas", explica el director. "De algún modo, el universo del Cancionero de Upsala refleja esa misma realidad: un espacio abierto donde confluyen tradiciones, sensibilidades e influencias diversas".

El repertorio permitió al público asomarse a una de las épocas más brillantes de nuestra música. Aunque muchas de las piezas del Cancionero de Upsala son anónimas -un hecho que, según Magraner, era habitual en el Renacimiento, donde primaba la funcionalidad de la música sobre el ego del autor-, la calidad y la ejecución técnica de las obras fue rotunda. Los músicos de Capella de Ministrers navegaron con maestría por las aguas de la melancolía y la alegría, ya que “estas piezas muestran un extraordinario dominio de la polifonía y una gran sensibilidad para expresar los distintos matices del amor", apunta Magraner.

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"La música habla de emociones universales: el amor, el deseo, la nostalgia, la alegría o la contemplación. Son obras creadas hace siglos, pero que siguen conectando con nosotros de una forma muy directa. En ‘Alegoría del amor’, yo invito a dejarse llevar por la belleza de las melodías y la delicadeza de los textos del Renacimiento". Se aplaudió un precioso ejercicio armónico de equilibrio. Magraner y los suyos defienden una aproximación que no renuncia a la investigación, pero que se niega a la frialdad. Su estilo, definido por una rigurosidad histórica impecable, pretende siempre el calor de la comunicación directa: "No buscamos únicamente reconstruir cómo pudo sonar esta música en su tiempo, sino transmitir la fuerza expresiva que encierra y hacer que dialogue con el oyente de hoy", como así sucedió y se celebró en la Colegiata.

Los villancicos, que mezclan la savia popular con los recursos compositivos más refinados del Renacimiento, junto con los tonos de canto de órgano, crearon un clima único para la ocasión. En palabras de Magraner, el secreto de este éxito es la honestidad con la que aborda cada una de las partituras: "Creo que lo que el público más valora de nuestros conciertos es la autenticidad y la capacidad de transmitir emociones", asegura. "Más allá del rigor histórico, que forma parte de nuestra manera de trabajar, intentamos que cada interpretación sea una experiencia viva, cercana y emocionante".

Magraners en la Colegiata
Magraners en la Colegiata

‘Alegoría del amor’ es un programa “que ya hemos tenido ocasión de presentar en distintos escenarios y que ha ido madurando con cada interpretación", comenta. "La verdad es que eso es algo que valoramos mucho, porque la música antigua también crece sobre el escenario: cada concierto aporta nuevos matices, nuevas lecturas y una relación diferente con el público". Cuando los últimos ecos de las violas y voz se desvanecían bajo la bóveda de la Colegiata, quedó el concierto como regalo. "Nuestro mayor valor añadido es convertir el patrimonio musical en una experiencia cercana, emocionante y profundamente humana", un presente compartido y, siempre, a repetir. Para futuras citas, Magraner deja este consejo con la música antigua: "Escuchar estos conciertos con curiosidad y sin intentar buscar explicaciones inmediatas". La calidad de los rescates y su rigurosa ejecución, se encargan del resto.

“Estamos viviendo 2026 con una mezcla muy bonita de satisfacción, responsabilidad e ilusión. Cuando uno mira atrás y ve todo lo que se ha construido durante tantos años, resulta especialmente gratificante comprobar que los proyectos siguen creciendo, evolucionando y encontrando nuevas formas de conectar con el público”, destaca Magraner. “Además, este año ha estado marcado por proyectos muy significativos para nosotros. La publicación de ‘San Francescoa’ a principios de año ha sido uno de ellos”, un recorrido sonoro por los siglos XIII y XIV, poniendo el acento en el contexto espiritual e intelectual de la Orden de los Hermanos Menores en el 800 aniversario de su muerte. “Cada nuevo disco supone abrir una ventana a un universo musical concreto, pero también compartir con el público meses de investigación, reflexión y trabajo artístico. Y cuando percibes que ese esfuerzo encuentra eco en quienes escuchan la música, la recompensa es enorme”.

“También estamos viendo cómo crecen y se fortalecen iniciativas impulsadas desde la Fundación Cultural CdM y COMES. Proyectos como Early Music Morella, el Festival Internacional de Música Medieval y Renacentista de San Juan del Hospital o el Festival Mencía de Mendoza de Ayora han ido desarrollando una personalidad propia. Lo que más nos emociona es comprobar que ya no son solo espacios para ofrecer conciertos, sino auténticos puntos de encuentro donde confluyen músicos, investigadores, estudiantes y público” o, lo que es lo mismo, vivir la música como una experiencia plenamente compartida.