Celia Fontana analiza el jardín de Lastanosa y su mito: "Era una huerta embellecida"

La historiadora ofrece una conferencia en el IEA en la que distingue entre la realidad documentada y la imagen fabulosa construida con el tiempo de este espacio de la ciudad

Periodista
18 de Junio de 2026
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Celia Fontana antes de su conferencia en el Instituto de Estudios Altoaragoneses. Foto Mercedes Manterola
Celia Fontana antes de su conferencia en el Instituto de Estudios Altoaragoneses. Foto Mercedes Manterola

Celia Fontana Calvo ha ofrecido este jueves en el Instituto de Estudios Altoaragoneses la conferencia El jardín de Lastanosa: entre la realidad y la ficción, una propuesta que invita a reconstruir uno de los espacios más evocadores de la Huesca del siglo XVII a partir de la documentación histórica y de las narraciones que lo han engrandecido con el paso del tiempo.

La sesión, enmarcada en el ciclo Historia y Patrimonio del IEA, ha dado a conocer hasta qué punto el jardín de Vincencio Juan de Lastanosa fue tan extraordinarios como relatan las crónicas o si, por el contrario, parte de esa imagen responde a una construcción posterior. “Quien va a Huesca y no ve la casa de Lastanosa, no ve cosa”, recuerda un dicho popular que resume bien esa fascinación.

Celia Fontana, historiadora del arte, profesora en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (México) y directora de la revista Argensola, ha abordado esta cuestión desde el análisis documental, con dos trabajos, uno publicado en 2005 de la Revista Argensola y otro que presentó en la conferencia internacional que tuvo lugar en 2007 cuendo se conmemoraba el cuarto centenario del nacimiento de Lastanosa. 

Ha explicado que sus investigaciones sobre el jardín no nacieron de un interés inicial por Lastanosa, sino de hallazgos fortuitos. “Realicé dos trabajos a partir de documentos que encontré en el Archivo de Protocolos, no cuando investigaba a Lastanosa, sino que estaba recogiendo información sobre arquitectura religiosa en Huesca en el siglo XVII. Al coincidir la época, me encontré con algunas cosas que se referían al acondicionamiento de la finca como jardín”.

Estos documentos notariales permitieron "corroborar que la descripción de Francisco Andrés de Ustarroz en verso de 1647, otra descripción en prosa un poquito posterior de 1650, y unos dibujos de un manuscrito importantísimo de la genealogía son auténticos”, ha explicado.

Sin embargo, no todas las versiones tienen el mismo grado de fiabilidad, ya que, como ha comentado Fontana "la versión más engrandecida y fabulosa del jardín parte de otro documento falsamente fechado en 1639 y que seguro que es muy posterior, de 1753. Es importante saber qué versión es más auténtica”, de ahí el título de la conferencia, "entre la realidad y la ficción, porque hay otra versiónexcepcional, fantástica, engrandecida, que corresponde a un documento que ahora sabemos que es falso”.

Sonre cómo era el jardín de la Lastanosa, Fontana traslada que "básicamente es una finca de labor, una huerta embellecida y con zonas ajardinadas, pero la parte más grande es huerta”, ha explicado. Un espacio que se extendía desde el Coso hasta lo que hoy es la zona del estanque de los patos del parque Miguel Servet. "De hecho se incorpora al espacio del parque público como huerta, no como jardín, porque ya no había jardín en 1928, que es cuando se expropia la huerta”.

Ha agregado que la huerta contaba con "caminos cortados en cruz y con árboles frutales en su márgenes, seguramente setos también y flores. Es decir, puedes caminar por esos andadores de la huerta, pero no ves el cereal, lo que ves es lo bonito".

Frente a esta realidad documentada, la versión fabulosa describe un escenario casi literario. “La otra versión lo engrandece y lo convierte en un espacio de fábula porque dice que tiene animales salvajes, como león, tigre, leopardo, oso, un par de avestruces, que además dice que comen de todo, hasta hierro”, ha relatado. “Además dice que tiene una ocho parejas de jardineros franceses, que se los proporciona a Lastanosa el duque de Orleans. Son muy pequeños, viejos, llenos de verrugas. Es muy cómico, hay una pequeña burla ahí”, ha considerado.

A ello se suma que "todo es muy grande, el estanque es el doble de lo que era en realidad, es una fuente con más de cien surtidores... es algo que no se sostiene”.

La historiadora considera que con esta exageración "seguramente se quiere engrandecer la fama de la familia en una época de crisis. Eso es muy político, cuanto peor va una cosa queremos hacerlo pasar por mejor. Como ya no debía estar, o si estaba, no se podía ver, se hace esa versión. Eso es lo que explica Carlos Garcés, que es quien ha estudiado la falsificación sobre el jardín”.

Más allá del contraste entre ambas visiones, Fontana defendió la importancia de distinguir entre lo documentado y lo imaginado. “Es importante saber qué era verdad y qué es más ficción, y ha apuntado que el jardín sí contaba con elementos como estanque, laberinto o zonas florales, tal como reflejan los dibujos conservados en la Biblioteca Nacional.

Como línea futura, no ha descartado la posibilidad de profundizar en esta historia. Considera que sería “muy interesante escribir un libro sobre el jardín y el parque para explicarlo bien ante el interés que despierta entre el público, que sigue preguntando por su localización o por los restos que puedan conservarse", ha finalizado.

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