Chris Baldwin reivindica en Huesca el arte como herramienta de transformación social: "Le aporta a la ciudad autoestima"

El director británico defiende en la Diputación un modelo que convierte el espacio público en escenario de memoria y participación ciudadana

03 de Marzo de 2026
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Natalia Juan Chris Baldwin y Roberto Ramos. Foto Myriam Martínez
Natalia Juan Chris Baldwin y Roberto Ramos. Foto Myriam Martínez

El director y comisario británico Chris Baldwin ha defendido en Huesca que el arte no es un elemento ornamental, sino una herramienta de intervención pública capaz de transformar la memoria y la identidad colectiva. El creador ha participado este martes en un acto celebrado en la Diputación Provincial de Huesca, organizado por el Instituto de Estudios Altoaragoneses, donde ha expuesto los fundamentos de su metodología del Teatro de Creación.

Baldwin ha centrado su intervención en la necesidad de democratizar los grandes eventos culturales y recuperar el espacio público como ámbito de participación real. “¿Cómo podemos convertir estos espacios en espacios culturales más democráticos? Porque normalmente la construcción del evento es muy desde arriba a abajo. El público es muy, muy, muy pasivo. Evidentemente es una oportunidad podero intervenir y crear desde el principio el evento”, ha afirmado.

Baldwin ha precisado que lleva “15 o 20 años” aplicando esta lógica en capitales europeas de la cultura y en grandes acontecimientos internacionales con audiencias presenciales y televisivas que alcanzan cifras millonarias. Su singularidad, ha señalado, no reside en trabajar con comunidades -algo habitual en la gestión cultural contemporánea- sino en trasladar esos procesos participativos a formatos de gran escala sin renunciar a la calidad ni a la complejidad temática. “Lo más importante es el diálogo, empezando con el proceso hacia el evento”, ha insistido.

El fundamento ético de su trayectoria está atravesado por una memoria familiar marcada por la guerra. Baldwin relató la experiencia de su padre, único superviviente de su unidad tras meses de bombardeos, para explicar por qué decidió dedicar su carrera a facilitar que otras personas pudieran narrar aquello que no siempre encuentran espacio para expresar. “Mi padre era pacifista, cien por cien. Con 18 años, él fue cada noche dentro de estos pájaros de papel. Después, seis meses, él era el único vivo. El único”. 

Esa filosofía se traduce en proyectos que afrontan capítulos incómodos de la historia europea. Baldwin citó el caso de Kaunas, en Lituania, donde dirigió una producción centrada en la memoria del Holocausto, un episodio silenciado durante décadas y aún objeto de controversia. El planteamiento no consiste en suavizar el conflicto, sino en generar marcos artísticos que permitan abordarlo con rigor y seguridad, integrando a centenares de participantes locales en el proceso.

Chris Baldwin identifica como principal resultado de su trabajo el fortalecimiento del tejido cívico. Lo expresa con claridad: “¿Qué le aporta a la ciudad? Autoestima, más que todo. Yo creo que cuando tenemos la oportunidad de escuchar nuestras propias voces, nuestras propias historias y fábulas, y a veces complicaciones y traumas, este puede producir un orgullo, pero también una seguridad”. A su juicio, cuando una comunidad se reconoce en escena -incluidos sus episodios más delicados- se consolida un sentimiento de pertenencia que repercute en la convivencia y en la calidad del debate público.

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En una ciudad como Huesca, de tamaño intermedio y con un tejido asociativo consolidado, esa metodología podría aplicarse articulando procesos de creación colectiva en torno a la memoria urbana, las transformaciones sociales o los debates identitarios contemporáneos. No se trataría únicamente de programar espectáculos, sino de activar dinámicas sostenidas en el tiempo que culminen en presentaciones públicas donde la ciudadanía se reconozca como autora del relato común.

Natalia Juan abrió la sesión enmarcando la propuesta en una concepción política de la cultura y defendió que la ciudad es “un acto de reflexión” donde la ciudadanía se reconoce a través de sus manifestaciones culturales. Subrayó que el método de Baldwin consiste en “crear con la gente del lugar, no para la gente del lugar” y recordó que la cultura es, en última instancia, “un acto político”.

También destacó la figura de Roberto Ramos como “persona clave en el desarrollo cultural” de Huesca, señalando la importancia de contar con perfiles que impulsen modelos participativos desde la estructura municipal. 

 

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