Cuarenta y un años de historia tenía "El guante blanco" de Tardienta, la orquesta que en la noche del sábado ofreció un concierto fresco, veraniego y evocador en este espacio abierto a todas las manifestaciones culturales y que cuenta, en tan breve lapso temporal, con una hoja de servicios intachable. Inmejorable lugar e inmejorable ocasión este solsticio de verano para retornar a Robres. Su última actuación en esta localidad databa de 2013.
Desde el primer momento, la simpatía de "el hombre de la tuba", presentador de los once temas que constituían el programa de la velada, conquistó al público que llenaba, o casi, el aforo del patio de butacas. La ejecución y el saber hacer de la treintena de músicos concitaron el aplauso repetido de un público entregado al disfrute.
Se oyó algún "olé" durante la interpretación de los pasodobles "España cañí" , de Pascual Marquina, y "Amparito Roca", de Jaume Teixidor. Las cabezas se movieron rítmicamente agitando pobladas y añoradas cabelleras de otros tiempos a los sones de "Fiesta pagana", de Mago de Oz, mientras los más entonados se unían al estribillo: "Ponte en pie, alza el puño y ven // A la fiesta pagana, en la hoguera hay de beber. //De la misma condición, no es el pueblo ni un señor // Ellos tienen el clero y nosotros nuestro sudor"
Para calmar un poco el ambiente, llegaron las melodías cinematográficas de Vangelis con La conquista del paraíso y la lograda ejecución de Con su blanca palidez, de Harald Kolasch, el gran éxito de Procol Harum.
En otro momento del espectáculo, el público fue trasladado al lejano oeste con los temas de Ennio Morricone. Lee Van Cleef, Clint Eastwood y Eli Wallach volvieron a enfrentarse, bajo la dirección de Sergio Leone, en el cementerio circular de Sad Hill, en un paroxismo de miradas tensas y finales predecibles. Para la filmación de este famoso duelo a tres, el ejército español construyó un recinto circular con miles de tumbas cerca de Santo Domingo de Silos (Burgos), que actualmente constituye, tras su puesta en valor, un referente turístico de primer nivel.
Los momentos de mayor comunicación llegaron cuando los músicos se colocaron las narices postizas, rojas y redondas, e invitaron al público a hacer lo mismo y cantar el mix musical que, en homenaje a los payasos de la tele, interpretaron. Había una vez un circo, Hola Don Pepito, Hola Don José, Manuela, Vamos de paseo o Cómo me pica la nariz se acompañaron de festivas intentonas de cante, convertidas ya en himnos infantiles de varias generaciones.
El recital terminó con una fantasía militar. Los sitios de Zaragoza, de Cristóbal Oudrid, traspasaron los muros del Corral de Comedias y levantaron a un público que, ovacionando en pie y con profusión de bravos, exigió un bis que, a pesar de los noventa minutos de concierto acumulados, la banda acometió con la misma energía del inicio.
¿Qué se sabe de Roberto y Luis? A lo largo de la velada, los comentarios más extendidos —a excepción de los dedicados al espectáculo— se refirieron a las andanzas en Argentina de esos dos hombres de teatro que andan paseando el nombre de Robres y la comarca de Los Monegros allende los mares.
Luis M. Casáus y Roberto Nistal están cosechando éxito de público y crítica allá por donde representan tanto La Celestina (el bululú) como El bandido Cucaracha. Además de actuar en importantes templos del arte escénico, como Buenos Aires o Corrientes, se prodigan en diferentes medios de comunicación haciendo gala de conocimientos y simpatía.
El público congregado anoche manifestó su deseo de tenerlos de vuelta y poder escuchar de su propia voz el relato de sus aventuras americanas.