Cristina Monge en Huesca: “Nos hemos cargado la idea de futuro y de ahí surge el descontento”

La politóloga presenta 'En contra del descontento', un ensayo premiado que alerta del impacto de la desconfianza, la desinformación y la falta de expectativas en la democracia

Periodista
26 de Marzo de 2026
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Genoveva Crespo y Cristina Monge dialogan en el ciclo Conversaciones de Invierno de la UIMP en Huesca. Foto Mercedes Manterola
Genoveva Crespo y Cristina Monge dialogan en el ciclo Conversaciones de Invierno de la UIMP en Huesca. Foto Mercedes Manterola

La socióloga y politóloga Cristina Monge ha presentado en Huesca su último libro, En contra del descontento, reconocido con el Premio Paidós, en un acto celebrado en la Fundación Ibercaja dentro del ciclo Conversaciones de Invierno organizado por la Universidad Internacional Menéndez Peléndez Pelayo (UIMP). En diálogo este pasado miércoles con la periodista Genoveva Crespo, la autora ofreció una reflexión sobre el estado actual de las democracias, los factores que explican el creciente malestar social y las bases para construir el futuro.

La obra, que se define como “un manifiesto por una democracia más fuerte y un futuro compartido que aún están a nuestro alcance”, surge como una derivación de una investigación más amplia. “Estaba trabajando en otro libro, La gran oportunidad, sobre cómo hacer la transición ecológica y fortalecer la democracia", pero comprobó que "se hacía gigantesco, con demasiados conceptos -apuntó-, y decidí que eran dos trabajos distintos, lo que me permitía profundizar en algunos conceptos”. 

De ese proceso nace un ensayo centrado en un concepto clave: diferenciar entre malestares y descontentos. Monge vincula los malestares a problemas materiales concretos -como el acceso a la vivienda, la precariedad laboral o la desigualdad-, mientras que el descontento es "mucho más complejo. Hay sectores que no tienen grandes problemas económicos, pero sobre la sociedad planea un descontento más etéreo, más difícil de definir, que tiene que ver con un estado de ánimo”, señaló.

Genoveva Crespo y Cristina Monge. Foto Mercedes Manterola
Genoveva Crespo y Cristina Monge. Foto Mercedes Manterola

La autora considera que “una parte muy importante del descontento viene de la falta de expectativas. Nos hemos cargado la idea del futuro”, afirmó. En su análisis, la sociedad actual proyecta una imagen distópica del porvenir, marcada por el cambio climático, la revolución tecnológica y la inestabilidad geopolítica. “Miramos hacia adelante y vemos un sitio apocalíptico al que no queremos ir”, resumió.

Esta falta de horizonte tiene consecuencias directas sobre la calidad democrática. “Las sociedades y las democracias necesitan expectativas. Sin ellas, se debilita la confianza y aumenta el riesgo de conflicto”, advirtió. 

Monge se refirió a que a lo largo de la historia ha habido grandes desafíos, pero la diferencia con el momento actual "es que hemos perdido la confianza tanto en las instituciones -congresos, parlamentos, gobiernos, ayuntamientos-, como en los agentes de intermediación de la democracia, que hacen de puente entre el ciudadano y las instituciones -partidos políticos, medios de comunicación,  sindicatos, organizaciones empresariales, ONG...-".

"Si considero que las instituciones no van a ser capaces de solucionar ninguno de los problemas que tenemos por delante y tampoco confío en que los agentes de intermediación vayan a ayudarme en esos desafíos, esa desconfianza actúa como una levadura para este descontento, sobre todo, porque viene agregada por los fenómenos de desinformación", apuntó.

Para la autora, "la desinformación es una de las corrientes más claras que atraviesa actualmente las sociedades occidentales" y "lo más peligroso de la desinformación ya no es tanto que nos hagan creer mentiras, sino que está encaminada a hacernos dudar de todo", añadió. A su juicio, este fenómeno erosiona la materia prima de la democracia, que es la confianza. “Cuando no crees en nada, el sistema se viene abajo”.

Público en la última charla del ciclo Conversaciones de Invierno.
Público en la última charla del ciclo Conversaciones de Invierno.

Monge defendió también el papel esencial del periodismo y el peligro de la desconfiaza. “A los periodistas se les encomienda articular la conversación pública, ese espacio donde se forman las ideas y percepciones que luego nos hace reaccionar de una forma o de otra. Si también desconfiamos de ellos...”, alertó.

TECNOLOGÍA Y REGULACIÓN

La autora dedicó parte de su intervención a cuestionar algunas ideas asumidas sobre el papel de la tecnología. "Hemos comprado esa idea de que la tecnología todo lo puede, salta por encima de fronteras y son grandes empresas tecnológicas que permanecen fuera de los controles de los agentes de decisión. Está siendo así, pero no tiene porqué ser así", afirmó.

Para Moge el primer error fue considerar que “Internet es un espacio público, cuando es lo más privado que hay”, afirmó, aludiendo al control ejercido por grandes plataformas digitales.

Frente a la idea de que la tecnología escapa a cualquier control, defendió la necesidad de regulación. “Se puede regular, se puede poner normas. Decir que regular es contrario a innovar es falso; al contrario, la regulación da seguridad”, sostuvo. "En estos momentos, en Europa se están poniendo en marcha ya regulaciones, también el gobierno de España, para prohibir operar cuando ocurre algún fenómeno de desinformación o se salta directamente por encima de las leyes", argumentó.

A su juicio, como siempre que hay un avance, "la tecnología puede ayudarnos a vivir muchísimo mejor o directamente puede acabar con nuestra forma de vida y llevarnos a un sistema más autoritario posible". En este sentido, abogó por "incorporarla a los procesos de reglamentación y de toma de decisiones políticas".

JÓVENES ENTRE EL COMPROMISO Y LA REACCIÓN

Durante la conversación con Genoveva Crespo se analizó la situación de la juventud. Monge rechazó la imagen simplificada de una generación mayoritariamente reaccionaria, lo que ahora significa para ellos "cuestionar la democracia, ser antifeminista y ser antiecologista". “Ese perfil existe, pero es un 20-25 %. El 70-80 % de los jóvenes es todo lo contrario, es la generación que incorpora comportamientos más responsables con los temas ambientales, que está manteniendo el avance del feminismo, que ha salido a las calles a decir que no al genocidio en Gaza. Ojo con generar un efecto Pigmalión, que ya lo estamos bordeando", advirtió.

No obstante, reconoció la preocupación por ese sector creciente de jóvenes desafeccionados. Recordó que en su adolescencia han vivido una crisis económica, la pandemia los encerró encasa y ha surgido una guerra en la puerta de Europa. "En esa socialización, probablemente los mayores no hemos sido capaces de transmitirles por qué merece la pena vivir en democracia. Así, no es de extrañar que a día de hoy ese 20-25 % sea reaccionario", apuntó.

Genoveva Crespo, Cristina Monge y Alfredo Serreta.
Genoveva Crespo, Cristina Monge y Alfredo Serreta.

POLARIZACIÓN Y CONSTRUIR ALTERNATIVAS

En relación con el clima político, Monge cuestionó el uso generalizado del concepto de polarización. "Fue la metedura de gamba de los politólogos. Echamos a rodar un concepto sin definirlo, y luego ha ido cambiando de significado", señaló.

Monge se refirió a dos tipos de polarización. "La polarización política, que tiene que ver con la diferencia entre distintas opciones, que es necesaria. Pero hemos generado esa idea de polarización que está actuando como una cortina de un para tapar otros problemas, en concreto, lo que tiene que ver con el movimiento de la ultraderecha. "Ahora parece que discrepar es polarizar", lamentó.

La otra polarización es la afectiva, que "preocupa más". Para explicarla, puso como ejemplo que en España un 10-15 % de los padres impedirían que fuera a casa el domingo a comer paella parejas de sus hijos si pertenecieran al partido más odiado por ellos "En Estados Unidos es más de un 90%. Eso es una sociedad polarizada", señaló.

Descartada esa polarización, apuntó que en España tenemos "un problema gigantesco de crispación de las élites políticas, mediáticas, culturales... Y especialmente de las élites de la ultraderecha consentido por la derecha". 

El mensaje central del libro es una llamada a recuperar la capacidad de acción colectiva. Frente a la idea de que no existen alternativas, que la autora describe como un "regalo envenenado del neoliberalismo", reivindicó la necesidad de construir respuestas nuevas. “Siempre hay alternativas. Decir que no las hay es antipolítica”, afirmó.

"Los desafíos en el contexto actual no los hemos tenido nunca, por lo tanto, no podemos ir a ver cómo hicimos en ocasiones anteriores. Lo que tengamos que hacer lo denemos que construir".  Así, el libro es "una llamada a que todos nos preguntemos ¿qué vamos a hacer?".

Recordó que Alfredo Pérez Rubalcaba le dijo que "la política tiene que ser es útil y eficaz", por lo que debe ser capaz de resolver los desafíos para mantener la confianza. Recordó que "quienes salieron en el 15M sentían que la política no estaba siendo eficaz para resolver los problemas. Era un grito de indignación. Ahora hay que recuperar la utilidad de la política en clave de eficacia", remarcó.

Monge trasladó la "esperanza" en encontrar espacios para abrir esas conversaciones necesarias. "Advierto que en el libro nadie va a encontrar la piedra filosofal de nada, pero hablo de que siempre hay alternativas, de que hay que acabar con el prestigio del pesimismo y ponemos a construir", concluyó.

Esta charla cerró el ciclo de Conversaciones de Invierno de la UIMP, que retomará su actividad después de Semana Santa con nuevas propuestas, como anunció su director, Alfredo Serreta.

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