50 Aniversario del Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet de Villanueva de Sijena

Julio Arribas Salaverri fue el gran artífice que hubo de sortear las rigideces normativas hasta conseguir la constitución

Cronista de la Comarca de La Hoya de Huesca. Académico de la Real de San Luis
17 de Abril de 2026
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Moneda de Miguel Servet
Moneda de Miguel Servet

Corría la década de los años sesenta y, en la mente de Julio Arribas Salaberri, se va asentando la idea de la creación de una entidad cultural que promocionando la figura, el legado intelectual y científico del villanovano Miguel Servet, y con el estudio de la Historia, diera apoyo a las venerables edificaciones del Real Monasterio de Sijena que se encontraban notablemente dañadas, a la vez que se pudiera llegar a efectuar un lanzamiento cultural y socioeconómico de la Comarca de los Monegros, la tierra que lleva arraigada en lo más profundo de su ser, una tierra que, como muy bien decía, y le oímos repetir, “quema hasta las entrañas por dejadez y abandono, igual que le debió de quemar a Servet”.

Son años difíciles para crear una institución, debido a la entonces vigente Ley de Asociaciones, que exigía unos estatutos unificados, además de un largo proceso de legalización, máxime cuando se le quiere conferir al proyecto unos límites geográficos fuera de la localidad o provincia.

Julio Arribas Salaberri
Julio Arribas Salaberri

Pero la tozudez de Julio Arribas le lleva a ir gestando poco a poco su idea, que en el otoño de 1975 comienza a perfilarse ya claramente, contrastándola con algunos amigos. Así es como, para unos artículos de los Estatutos del proyectado Instituto de Estudios Sijenenses Miguel Servet, consulta a sus compañeros Francisco de Asís Gabriel y Ponce y Eloy Martínez Velilla, por un lado, y luego entrega los estatutos para su análisis a Cecilio Serena Belloso y Federico Balaguer Sánchez.

Se sucede a continuación una serie de entrevistas, con los correspondientes comentarios y fuertes debates (pues de alguno de ellos fuimos testigo en Huesca), para llegar a un punto en que, recogiendo sugerencias y debatiendo otras, el fundador va conformando un articulado que es totalmente novedoso en el plano estatutario-asociativo, y que cincuenta años después sigue vigente sin modificación alguna, además de haber servido como modelo casi al pie de la letra para otras entidades, lo cual nos demuestra con el paso del tiempo el bien saber hacer de Julio Arribas Salaberri.

Finalmente y cuando se estaba a punto de celebrarse el VIII Centenario de la Fundación del Monasterio de Sijena, el Ayuntamiento de Villanueva en Sesión Plenaria celebrada el 23 de abril de 1976, acordaba la aprobación de los Capítulos Fundacionales de este Instituto, haciendo suya la obra presentada por Arribas Salaberri, como Institución Municipal de Cultura.

La legalización a nivel local se vería posteriormente ampliada por la incorporación del patronazgo de la Diputación Provincial de Huesca y el Instituto de Estudios Altoaragoneses, que le daban la cobertura para la proyección exterior. Se puede asegurar, pues, que la tenacidad de Julio Arribas lograba un auténtico “regate” ante la Ley de Asociaciones del Movimiento.

Habiendo sido designado por el Pleno del Ayuntamiento de Villanueva como Promotor General del Instituto, el día 10 de mayo Julio se dirigía a los futuros Consejeros que había sido presentados previamente en el Pleno Municipal, adjuntándoles los Estatutos y solicitando de ellos al amparo del artículo 18 los trabajos y publicaciones en caso de aceptar la designación.

Sin pérdida de tiempo, siete días después se reunían para constituir el Consejo Plenario con el presidente de la Institución Saturnino Arguis Mur; José Mir Chárlez; Julio Arribas Salaberri; y los consejeros de Número Federico Balaguer Sánchez, Franco García Bragado, Antonio Durán Gudiol, Benito Cabero Cambra y los consejeros correspondientes: Adolfo Casaús Costa, Juan  José Galíndez Allende y Luis Calvo Poyo, secretario general de esta Institución.

En este primer Consejo se nombraba Consejero de Honor a Juan Sangenís Corriá, por el apoyo económico prestado para el establecimiento del Instituto, a la vez que el nombramiento de los consejeros de Número, Correspondientes y Adjuntos, con un total de treinta y dos consejeros que, unidos al Consejo Plenario, ponían en funcionamiento el Instituto.

Se sucedían las reuniones de trabajo y, en el mes de junio de 1976, se convocaba el Consejo Permanente para efectuar trámites, y se programa el Consejo General para el domingo siguiente a San Miguel, esa decir, el tres de octubre con la inauguración del que será su primer Curso Académico, con la Lección Magistral a cargo del catedrático doctor Fernando Solsona Motrel. En esta apertura de Curso se notifica que el Consejo ha llegado a cien miembros y se propone no aumentarlo, haciéndose pública la lista de consejeros.

Cuando casi nadie en España recordaba la figura del gran humanista español, unos consejeros con Julio Arribas a la cabeza, desde un pequeño local habilitado para sede y celebrando los actos en el salón del Club Amistad Sijenense, acometen contactos con todos los puntos de la geografía en los que pudiera haber un “Servetista”, alguien que admirara al ilustre villanovano o estudiara sus enseñanzas. Trabajaban con escasos medios y siempre esperando un nuevo edificio que acomete el Ayuntamiento para trasladarse y tener unas instalaciones adecuadas, no se escatiman esfuerzos y se sigue trabajando.

Un momento importante para el Instituto y especialmente para Villanueva de Sijena es el viaje de Henry Babel, sucesor de Calvino en la Cátedra de Ginebra, que viene a significar no sólo el acercamiento con la otra Iglesia. Antes bien, significaba la aproximación a la historia y al momento en el que Miguel Servet se convierte en mártir de la intolerancia. Acto importante como otros muchos que se celebran en los primeros años y cuya relación sería muy larga.

Con cierto desasosiego por la falta de medios económicos que dieran muchas más posibilidades a las manifestaciones culturales, tras ocho años de intensos trabajos, nos dejaba el 22 de abril de 1984 ( un día antes del 8º aniversario) Julio Arribas Salaberri con la satisfacción de la misión cumplida, además del reconocimiento de todos los Consejeros, por haber sido “el alma del nuevo Servetismo español".