Nacido en Pamplona y bautizado en la parroquial de San Lorenzo el día 17 de agosto de 1758, recibiendo los nombres de Alejandro, Fermin, Xabier, Jacinto, era hijo del licenciado y abogado de los tribunales reales de Navarra, don Juan José Dolarea y doña Joaquina Pascual de Nieva.
Inició Alejandro Dolarea sus estudios en el convento de padres franciscanos observantes de la ciudad de Pamplona, y en él tuvo exámenes generales de grado, pasando a la ciudad de Huesca, donde en su Universidad Sertoriana siguió estudios de leyes, matriculándose para su primer curso en 1774, segundo en 1775 y tercero en 1776, tras los que recibió el grado de bachiller en leyes y tras esto, se matricularía para el primer curso de la facultad de cánones el 7 de noviembre de 1777.
En la Universidad Sertoriana defendió un acto mayor de conclusiones, pro Universitate, “de todo el tratado de Matrimonio”, siendo además Repasante Público de Derecho Civil en virtud de nombramiento del Colegio Mayor Imperial de Santiago de esta Universidad, y como tal presidió numerosos actos públicos académicos, desempeñando paralelamente el cargo de consiliario de la propia Universidad. Será por su dedicación y actos elegido académico de honor de la Real Academia de San Fernando.
Acabados sus estudios en Huesca, regresó a su natal Pamplona donde resultó elegido vicepresidente de la Academia Teórico-Práctica, además de recibido como abogado por los Tribunales Reales de Navarra el 24 de octubre de 1780, paralelamente, elegido como uno de los síndicos consultores del reino de Navarra, ejerciendo sin interrupción desde 1793 hasta 1809, ejercerá incluso temporalmente, la fiscalía y durante seis años como abogado defensor de pobres y reos.
En 1808, al recibir la noticia de las abdicaciones de Bayona, se negó rotundamente mediante consejos, oficios y representaciones a reconocer la nueva dinastía napoleónica y, por ende, al rey intruso José I, resistiéndose a su proclamación y jura, lo que ocasionó que en agosto de ese año tuviera que huir de Pamplona junto con algunos individuos de la Diputación de Navarra, presentándose posteriormente en mayo de 1809 en Sevilla, ante los miembros vocales por Navarra de la “Junta Suprema Central, Señores Miguel de Balanza y Carlos Amatría, quienes conocedores de los méritos profesionales y el comportamiento patriótico de Dolarea, solicitaron el 21 de abril de 1809 la primera plaza vacante de oidor del Consejo de Navarra, nombrándolo unos meses después la “Junta Suprema Gubernativa” para la primera plaza nacional en la Sala del Crimen del Consejo navarro. El 27 de septiembre de 1809, esta “Junta Suprema” lo elegía como uno de los individuos de la Junta de Legislación y el 7 de noviembre se le consignaba el sueldo que le correspondía como alcalde de la Corte Mayor de Navarra.

El Consejo de Regencia nombraba a Alejandro Dolarea y Pascual de Nieva para que sirviera como fiscal de la Real Audiencia de Sevilla, si bien esta nominación no tuvo efecto, pues el mismo Consejo de Regencia lo nombraba acompañado del auditor general del Cuarto Ejército, Manuel Vicente Fernandez, para entender en la causa de los dependientes de la Real Hacienda del Hospital militar de San Carlos de la Real Isla de León, y en ello se ocupó Dolarea hasta los albores de 1812, en que por Real Orden de 16 de marzo, fue agregado a la Audiencia territorial de Sevilla hasta que la Regencia del Reino le concedió en abril de 1813 licencia por un mes, y en agosto lo nombraba en atención a sus buenos servicios para la plaza de ministro del Tribunal Especial de Ordenes. Será elegido diputado por Navarra a las Cortes en 1813 prestando juramento, y fue nombrado para la Comisión de Orden y Gobierno Interior en 1814 y para el Tribunal de Cortes, así como para la Comisión de Gracia y Justicia y más tarde para la Comisión de Patrimonio del rey.
Una vez abolido el régimen constitucional y restablecida la Sala de Casa y Corte, por Real Decreto de 23 de mayo de 1814, se le concedió a Alejandro Dolarea una plaza de alcalde de Casa y Corte, de la que prestó juramento, y cuando Fernando VII , dispuso el restablecimiento del Consejo Real de las Órdenes Militares, con la misma jurisdicción y facultades, Dolarea fue uno de los ministros nombrados, concediéndosele en octubre de 1819 los honores de ministro del Consejo Real de Castilla.
El día 9 de marzo de 1820 Fernando VII juraba la Constitución de 1812 ante la denominada Junta Provisional, compuesta por personas de confianza del pueblo. Un decreto despachado tres días después suprimía los Consejos y restablecía el Supremo Tribunal de Justicia, por lo que Alejandro Dolarea pasó a tener la condición de cesante y comenzaría a experimentar muy pronto las consecuencias de haber servido durante los tres años que había durado aquél régimen, cuando el 21 de febrero de 1824 se le comunicaba que se le jubilaba de su antigua plaza del Consejo Real de Castilla, con goce de medio sueldo, y el 28 de marzo se le comunicaba otra real orden, por ella, se mandaba individualmente que saliera con su familia de la corte, en el preciso término de tres días, y que se trasladara a la ciudad de Pamplona.
Logró que la media pensión que se le había asignado se extendiera sin pago de la media anata pero prácticamente no llegó a gozar de ella, pues murió este Sertoriano, que “ lo fue todo por su patria y su rey”, el día 20 de octubre de 1829 en Pamplona.