League to enforce Peace,  en 1916 y 1926

El corresponsal de El Diario de Huesca en Londres explicaba a sus lectores la evolución del conflicto

Cronista de la Comarca de La Hoya de Huesca. Académico de la Real de San Luis
12 de Julio de 2026
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League to enforce Peace,  en 1916 y 1926. Hoy, Guerra en el Golfo
League to enforce Peace,  en 1916 y 1926. Hoy, Guerra en el Golfo

Es necesario recordar la Historia para comprobar que nada de lo dispuesto hasta entonces había sido más sorprendente. Por ello, cuando los altoaragoneses leían en la prensa de septiembre de 1916  que el problema de la paz universal podía tener como solución una “Liga para imponer la paz” quedaron plenamente sorprendidos, pues eran muchos los que recordaban los numerosos intentos para idear un plan para la abolición de la guerra, y cómo habían corrido ríos de tinta en numerosos editoriales de la prensa haciendo ver a los hombres el horror y la maldad de la guerra, su necedad y vanidad.

De hecho, durante casi cada gran guerra de las que se tenía constancia histórica se habían elaborado planes, programas similares o tratados, para sentar las bases de una concordia duradera y también para evitar futuros llamamientos a las armas, y de hecho, para hacer cumplir la paz. Sin embargo, todos los esfuerzos anteriores, a pesar de que algunos fueron muy cuidadosamente pensados y sinceramente abordados, no dieron los resultados apetecidos, quizá porque mientras impera la paz, es de una facilidad extraordinaria la organización de las relaciones jurídicas para el tiempo de guerra.

Desde el más elemental respeto al derecho de los neutrales, desde los rudimentos del derecho de gentes, hasta los más complejos problemas de arbitraje, todo, absolutamente todo, se regula perfectamente y con absoluta sinceridad por parte de los contratantes, y, de los gobernantes previsores para abajo, todo el mundo cree de buena fe que estos convenios serán obra duradera y eficaz. Pero luego, resulta que salta el movimiento pasional que enciende la guerra, o bien, surge el conflicto que incluso a los mas reflexivos les impone la necesidad ineludible de enfrentamiento, siendo entonces cuando aquellas firmas expuestas al pie de los solemnes Convenios Internacionales se borran, porque la buena fe con la que se convino todo aquello se desvanece, y la guerra con todo su imperio resulta más fuerte y enérgica que la paz.

El ministro del Foreign Office, Mr. Grey, pronunciaba en el local de la “Asociación de la Prensa Extranjera” en Londres un discurso en el que puso de manifiesto que, si en julio de 1914 las naciones hubiesen estado unidas y de acuerdo, hubieran procedido con resolución y prontitud para exigir que el conflicto hubiese sido sometido a una Conferencia o Tribunal de La Haya, y que si el Tratado de la Neutralidad de Bélgica hubiese sido respetado, no habría estallado la guerra europea.

El objeto pues de esta “Liga” sería hacer que se observaran los tratados y que antes de entrar en guerra se recurriera a los últimos medios para mantener la paz. El corresponsal en Londres de “El Diario de Huesca” comunicaba que Mr Grey aseguró haber comprobado que no sólo el presidente Wilson, sino también Mr. Hughes, candidato a la Presidencia de los Estados Unidos, patrocinaban una “Liga” que tenía por objeto no intervenir entre los beligerantes de esta guerra, sino establecer una Asociación Internacional para después de la guerra, la cual representara su papel en el momento de la paz para que esta estuviera asegurada en lo futuro.

Así que, cuando estalló la gran guerra, fue precisamente “The Independence” el primero que trabajó en América, y posiblemente en el mundo, para instar desde su redacción a la formación de una “Liga para hacer cumplir la paz” como manera segura de mantener una paz duradera.

Su primer editorial sobre ello apareció el 28 de septiembre de 1914 bajo el título de “La manera para desarmar: una práctica propuesta”; siendo este artículo reimpreso por diversos informativos a la vez que recibía comentarios favorables en los Estados Unidos y Europa. Puede asegurarse de que fue este Editorial más que cualquier otra cosa lo que condujo a una reunión de un pequeño grupo de publicistas y expertos en ciencias políticas de la ciudad de Nueva York, quienes después de una serie de conferencias, crearían un Comité preliminar para redactar propuestas para una “Liga a imponer la paz” y se encargaba de lanzar la idea el día 17 de junio de 1915 en una reunión pública celebrada en el Independence Hall de Filadelfia, precisamente el lugar donde nació los Estados Unidos de América. En esta reunión se eligió un Comité Permanente con un expresidente de América al frente, Mr. William H. Taft, y como presidente ejecutivo Mr. Lowell de la Universidad de Harvard.

En el último número americano de septiembre de 1916 del “The Manchester Guardian”, precisamente William H. Taft establecía los cuatro objetivos de la “Liga para imponer la paz” (League to enforce peace) que eran debatidos desde las columnas del informativo “The Spectator”, si bien el estadista británico Mr. Edward Grey como ministro de Asuntos Exteriores manifestaba su simpatía por las ideas de esta “Liga”, al igual que el senador Mr. Elihu Root, Premio Nobel de la Paz 1912, el cardenal James Gibbons, arzobispo de Baltimore y Mr. Jascob G. Schurman, rector de la Cornell University. Este último manifestó según “El Diario de Huesca” que, si la federación había de progresar, tenía que crearse un medio internacional de dominar la guerra, y que América era por sus ideales y su organización, la protectora natural de este movimiento.

En la Conferencia sobre Arbitraje Internacional, celebrada en Moon Lake, el Mayor Jorge Haven Putman trazó el cuadro ideal de la Humanidad sin guerra, una vez que la paz se impusiera a las naciones por una autoridad central, como un Gobierno Nacional la imponía a una ciudad o provincia. En la misma sesión Mr. Herbert S. Houston manifestó que las naciones del mundo unidas podrían imponer los mandatos de un tribunal mundial a cualquier país que no obedeciese, sencillamente mediante un “boycot”, porque, el negocio, explicó Mr. Houston, constituía la gran vida organizada del mundo.

La “Liga para imponer la paz” defendía el empleo tanto de la fuerza militar como de la económica, contra una nación que fuera a la guerra, no queriendo someter una cuestión a la Corte Internacional. Entre las opiniones emitidas, figuraba la del exembajador norteamericano en Turquía, Mr. Oscar S. Straus, quien dijo que, a pesar de que se ridiculizaran las dos conferencias de La Haya, los pacifistas que las promovieron no se habían apartado tanto de la realización de sus ideales, como los militaristas de las suyas.        

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