Llegó a nuestra ciudad en aquél incipiente mes de junio de 1926 el que se presentaba como campeón mundial de las soluciones matemáticas mentales, un renombrado matemático y calculista mental español que había alcanzado una gran popularidad en los escenarios. Un matemático que actuaba como un “mago de los números”, realizando toda clase de complejas operaciones aritméticas de cabeza y a una gran velocidad, como multiplicaciones de números de varias cifras, extracciones de raíces cuadras y cúbicas, además de cálculos de calendarios de forma instantánea. La Prensa española lo había calificado como sucesor de Srinivasa Ramanujan, un prodigioso matemático indio autodidacta, un genio teórico profundo que había logrado una velocidad de cálculo prodigiosa, habiendo fallecido trágicamente en 1920.
Venía a presentarse ante el público oscense Pablo San Martín con una auténtica aureola de “mago de los números” y tras una estela de general admiración, pues recientemente se había enfrentado en Madrid a Giacomo Inaudi, un calculista mental italiano, quien tras cosechar grandes éxitos en teatros de París, como Folies Bergère, y ser el asombro de los hombres de ciencia, como Jean-Martin Charcot y Paul Broca que habían investigado sus habilidades, logrando que el astrónomo francés Camille Flamarion lo elogiara apodándolo “la calculadora humana”, fuera retado y vencido por Pablo San Martin, no presentándose a la competición y abandonando España con el pretexto de que estaba enfermo.

Pablo San Martín recibió una consulta del público que era planteada de esta forma: “Nací en el año 1884, a las 7 horas, 25 minutos y 32 segundos del día 12 de mayo”. ¿Qué años, meses, horas, minutos y segundos tengo en este momento?. O bien otras pruebas: multiplicar 42.765 por 98.361, la extracción de algunas raíces cuadradas o cúbicas, siempre que dieran un número entero, sumas y restas de números de más de veinte dígitos.
Todas eran contestadas en menos de veinte segundos, mientras los escribía en pizarra e intercambiaba bromas y comentarios con el público. Lo anunciaban como único en el mundo, asombro de los hombres de talento, intrigador de los hombres de ciencia y cuyo talento aún no había podido ser juzgado por eminencias ni por la Prensa, pues la pluma se detenía al narrar lo que este fenómeno era.
El debut de este rey de las matemáticas se llevó a cabo en el Teatro Odeón el sábado 12 de junio de 1926 con un pleno total de público que salió maravillado y haciendo cantidad de comentarios, no siendo de extrañar que el domingo 13 en las tres sesiones -popular, gran moda y noche- estuviera igualmente abarrotado de público , siendo algunos espectadores otra vez repetidores, con preguntas y cálculos anotados para hacerle a este matemático, que fueron contestados rápidamente porque sus cálculos duraban un segundo y según la Prensa una exhalación.