Nacido en 1560, hijo de Johan de Moncayo y Prudencia de Rada, en la ciudad zaragozana de Borja en el seno de una familia infanzona que lo envía a la Universidad Sertoriana de Huesca, en la que vive un ambiente literario que lo marcará en su futuro, pues en Huesca, en la década de 1580, se encuentra con jóvenes poetas de la primera generación barroca entre los que cunde la moda morisca, lo cual, a decir de los eruditos, dará lugar a uno de los tres grandes géneros del romancero nuevo, es decir, morisco, que es un romancero más lírico que narrativo y se aleja con verso ágil y fluido del rigor cronístico que acusaban otros. Por ello, el romancero morisco, más aún que el resto de géneros del romancero nuevo, se asocia inexorablemente a la serie de “Flores salidas entre 1589 y 1597, que constituirán las fuentes del Romancero General de 1600”.
Cuando el autor contaba 29 años de edad, en 1589 dará a la luz en Huesca, impreso con licencia por Juan Pérez de Valdivielso, impresor de la Universidad Sertoriana, “Flor de varios romances nuevos, y canciones” nuevamente recopilados por el bachiller Pedro Moncayo, natural de Borja, a costa de Pedro Ibarra, librero. Se inicia esta obra con una portada con dos figuras, de un hombre tocando el laúd y una mujer que lo mira, y contiene 130 folios con 85 romances y 23 canciones.
Esta obra que será denominada en el mundo literario como ”La Flor de Huesca”, auguraba el auge editorial del romancero morisco, que arranca en 1591 a 1593 y alcanza el culmen en 1598, y a partir de este año iría en descenso paulatinamente al aparecer y difundirse los romances satíricos que se encuadraban como censuras de género, aunque algún romance morisco se editará todavía en 1604.
Las nuevas ediciones de esta obra se llevan a cabo en Barcelona en la imprenta de Jayme Cendrat, y la edición en Tarragona en casa de Felipe Roberto, ambas en 1591, al igual que una edición en Perpiñán en el mismo año, seguirá la edición en Zaragoza de 1592 a cargo de Miguel Ximeno Sanchez, y la de Lisboa de 1592 que tropezaba con la férrea censura de fray Bartolomeu Ferreira, dominico revisor inquisitorial, muy famoso en la historia literaria de Portugal, quien tras concienzudos análisis firmaba finalmente la edición :”Este liuro, cujo titulo he “Flor de Romances, e assi como vay nan o em nada contra nossa sancta Religiao & bos costumes nem cousa por que se nâo deva imprimir”.

Importante respaldo que hace se edite en Madrid y Valencia en 1593 a los que seguirá la edición de 1595 de Madrid a cargo de Miguel Martínez, en la que figura la licencia otorgada por Gonzalo de la Vega, escribano de cámara del Rey, autorizando a imprimir y vender esta obra, mandando que el precio sea de cinco blancas (Blanca, era una moneda de vellón equivalente a medio maravedí). Será este Martínez su editor quien a sí mismo edite el “Romancero General”, que verá la luz en 1600 y donde se recoge este trabajo de Pedro de Moncayo y Rada, quien además, a partir de 1591, esclarecía los lindes entre el romancero erudito de tema moro y el nuevo morisco.
Aunque muchos de los romances que recoge esta obra eran anónimos o de autores poco conocidos, como moriscos, históricos y amorosos, y reflejaban los gustos del público de la época, se trata de una recopilación que ayudó a preservar y difundir obras que de otra manera podrían haberse perdido. De ahí la gran importancia del trabajo llevado a cabo por Pedro de Moncayo, fundamental para el estudio del Romancero Nuevo del Siglo de Oro Español.