'Cuatro casas' emociona en Huesca: “Era una sociedad en la que no éramos libres”

María Victoria Broto y Severino Pallaruelo protagonizan el documental de Jesús Bosque que muestra la desaparición de la casa como institución, proyectado en la Muestra de Cine Etnográfico

Periodista
12 de Mayo de 2026
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Ángel Gonzalvo, Severino Pallaruelo, María Victoria Broto y Jesús Bosque en la presentación de 'Cuatro casas' en Huesca. Foto Mercedes Manterola
Ángel Gonzalvo, Severino Pallaruelo, María Victoria Broto y Jesús Bosque en la presentación de 'Cuatro casas' en Huesca. Foto Mercedes Manterola

La sala de actos de la Diputación Provincial de Huesca ha acogido este martes la proyección de Cuatro casas, el documental de Jesús Bosque, protagonizado por María Victoria Broto y Severino Pallaruelo, que ha inaugurado la tercera Muestra de Cine Etnográfico Altoaragonés. El lleno absoluto de la sala y las personas que no han podido acceder anticipaban el interés por una obra que recupera la memoria del Sobrarbe con una reflexión profunda sin concesiones. El documental recorre la historia de cuatro casas de los padres y madres de Broto y Pallaruelo, situadas en Guaso, Puyarruego, Morillo de Sampietro y Escapa. 

La muestra está organizada por el Instituto Aragonés de Antropología (IAA) y el Instituto de Estudios Altoaragoneses (IEA), con la colaboración de Espiello, y ha sido presentada por Ángel Gonzalvo, director del Área de Comunicación Audiovisual del IEA. El programa de esta tercera edición está dedicada a "identidad, defensa del patrimonio y la tensión entre cultura popular y tradición y turismo", ha señalado Gonzalvo, y continúa este miércoles y jueves con dos nuevas proyecciones.

“Cuando decías que habías nacido en una casa, tenías ya todas los defectos y virtudes de esa casa. No tenías personalidad propia”, comienza diciendo María Victoria Broto en el arranque del documental.  “Era una sociedad en la que las personas no éramos libres”, comparte. “Con solo decir el nombre de la casa, ya sabían si eras alegre, taciturno, si se podían fiar de ti en los trabajos, si eras juerguista, si eras un gandul”, coincide Pallaruelo. “Una de las cosas que no teníamos era la libertad”, insiste Broto. “La relación jamás era de individuo a individuo, sino de casa con casa”, reafirma Pallaruelo.

Público en la Muestra de Cine Etnográfico. Foto Mercedes Manterola
Público en la Muestra de Cine Etnográfico. Foto Mercedes Manterola

A partir de ahí el documental señala que para entender la vida en los pueblos a lo largo de la historia hay que comprender qué es la casa. “La casa como edificio, sino como institución”, señalan. Y en este sentido, los protagonistas han pretendido contar en la cinta la historia de sus padres y su historia personal, "para trascender el documental etnográfico". Y lo cuentan a partir de cuatro historias familiares. Son las historias de cuatro casas situadas del Pirineo aragonés. Las casas de sus padres y de sus madres.

En el coloquio posterior, Severino Pallaruelo ha dejado claro que el documental no mira tanto a la recuperación física del patrimonio como a la transformación social. Ha reconocido que sí ve posibilidades de que las casas se reconstruyan y que ya hay pueblos “completamente despoblados” donde hoy “todas las casas” se han rehabilitado como segundas residencias, pero ha matizado que “eso no tiene nada que ver con las casas tradicionales”. Ha insistido en que el objetivo ha sido mostrar “la desaparición de la casa como institución”, una pérdida vivida “con una doble sensación: por una parte de tristeza”, porque “las casas donde nacimos y nos criamos ya no existen”, y “por otra parte con alegría”, porque “es cierto que no había ninguna libertad”.

Ha recordado que el proyecto nació con la idea de un libro, pero el cine obligó a condensar. “Tuvimos que seleccionar de cada casa cuatro cositas”, aunque sin renunciar a abordar cuestiones como los matrimonios concertados, ya que “todos nuestros antepasados se casaron con quien le mandaron casarse. No podían optar a elegir”. De ahí que “estamos encantados de que desapareciera la casa como institución”, porque “la casa era el clan” y condicionaba la identidad individual. Frente a ello, ha defendido que hoy “los derechos no son ni de un clan, ni de un pueblo, ni de una raza; son del individuo”, por lo que esa estructura “no tiene ningún futuro”, aunque “las casas como edificios se están recuperando y se recuperarán muchas más”.

En la misma línea, María Victoria Broto ha explicado que el documental nace de una necesidad de memoria. “Lo que hemos querido es contar una experiencia que hemos vivido en cuatro casas” que ha marcado “lo que somos, los valores y lo que hemos hecho”. Ha subrayado que el relato se construye “con mucha naturalidad”, sin artificios, y han contado lo que han vivido. Una experiencia compartida porque “muchos habéis vivido en una casa parecida a las nuestras”, ha señalado.

Asistentes a la proyección del documental 'Cuatro casas'. Foto Mercedes Manterola
Asistentes a la proyección del documental 'Cuatro casas'. Foto Mercedes Manterola

Broto ha detallado que cada localización tiene una característica deterninada. En Guaso, “esa economía de la autosuficiencia que se rompe”; en Puyarruego, una vida “ligada al río y al bosque”; en Escapa, “la desgracia de la muerte de nuestro tío que hace que la casa se rompa por un motivo diferente”; y en Morillo, “un pueblo alejado de todo” y la falta de relevo que impide la continuidad de la casa. Ha rechazado que den alguna lección. "Simplemente contar” una historia que todavía le emociona porque “sé que estoy contando -ha dicho- algo que nos pertenece a una sociedad que tuvimos la suerte de ver cómo se iba perdiendo, y que aquí estamos. Con esa herencia que tuvimos, seguimos adelante". 

Broto también ha puesto el foco en el cambio social que permitió salir de ese mundo. El Instituto de Aínsa fue “la primera ventana” y “supuso muchísimo”, hasta el punto de que “si no, no hubiéramos podido salir adelante ni estudiar”. Ha reivindicado además que fue la primera mujer que cobró por trabajar en su casa”, reflejo de una transformación profunda respecto a una sociedad que ha definido como de la "Edad Media”. Aun así, ha destacado el papel de las familias, especialmente de las madres, “las primeras feministas”, que impulsaron la educación de sus hijos para un futuro distinto.

Pallaruelo ha completado ese retrato evocando una infancia sin infraestructuras. “En 1960 no teníamos carretera y teníamos luz dos o tres horas”, y no vio un coche hasta los seis años en Barbastro. Una década después, “todo había cambiado”, y esos años trajeron “mucha esperanza”. Esa evolución también moldeó una conciencia social y política vinculada al territorio.

Los protagonistas, durante el coloquio. Foto Mercedes Manterola
Los protagonistas, durante el coloquio. Foto Mercedes Manterola

Ambos han coincidido en desmontar la idealización de aquel modelo. Broto ha recordado que la autosuficiencia hacía creer a su abuelo que “era el hombre más rico del mundo, él creía que tenía de todo: tenía vino, aceite, granado... ¿Para qué necesitaba el dinero?. No necesitaba nada de nadie -ha continuado-, solo necesitaba para pagar la contribución, como solo tenía un hijo no tenía que pagar dotes y nos compraba una chocolatina a todos los domingos y se iba a Boltaña a dar un paseo. Con eso ya tenía suficiente". 

"Era un modelo de sociedad que tenía sentido en un momento determinado, pero que ahora no lo tiene. No éramos libres", ha insistido Broto. Pallaruelo, por su parte, ha reconocido la fuerza simbólica de la casa en la identidad aragonesa, aunque con una mirada crítica. “He sido lo que he sido, no por nacer en tal casa”, sino como individuo, porque “los derechos son del individuo y no de la casa”. Como ha señalado, "por un lado amo todo aquello y cuando me arrancaron de Puyarruego me pareció que habían perdido el paraíso. Por otro lado, veo que está cargado de connotaciones negativas poco defendibles". 

Al regresar a Sobrarbe, Pallaruelo percibe “una sociedad dual”, con “los restos de la vieja sociedad” frente a “una extraordinaria cantidad de gente nueva”, entre las que “vemos pocos puentes”. Broto, en cambio, ha subrayado la transformación material del territorio, con “una gran inversión” y una notable rehabilitación del patrimonio, además de nuevas vías de desarrollo como el turismo vinculado al ciclismo, que han permitido a la comarca reinventarse.

Desde el punto de vista cinematográfico, Jesús Bosque ha explicado que una de las claves formales del documental ha sido hacer visible el propio proceso de rodaje. Ha señalado que existe “un doble discurso”, el que se dice ante la cámara y el que surge sin ella, y que “una cámara distorsiona”. Por eso optó por mostrar también los mecanismos de filmación. “Quiero que veáis lo que hay detrás. Cómo estamos fabricando el plato que os vais a comer”, ha señalado. El objetivo es un ejercicio de “honestidad” que busca “no engañar” al espectador y “romper la cuarta pared”. Esa transparencia incluye incluso momentos en los que “la cámara está funcionando y ellos no saben que está grabando”, llevando “esa honestidad hasta el final”.

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