Callarse es lo que mata, no hablar del suicidio. Con esta premisa, el documental “El estigma del silencio”, dirigido por Sergio Hernández, ha centrado una de las jornadas de sensibilización del festival Diversario, abordando una realidad que sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes: en España se produce un suicidio cada dos horas, consolidándose como la primera causa de muerte no natural.
En nuestro país se registran más de 11 fallecimientos al día por este tipo de actos, mientras que se estima que más de 200 personas lo intentan diariamente. El pasado año, alrededor de 4.000 personas consumaron su intento y, según la OMS, por cada suicidio se producen hasta 20 tentativas, lo que evidencia la dimensión real de un problema que permanece en gran medida oculto.
La actividad, enmarcada en el programa educativo del festival Diversario, ha consistido en la proyección del documental seguida de un coloquio, moderado por Beatriz Celorrio, responsable de Educación de Cadis Huesca, en el que han participado el propio director junto a profesionales de Cadis Huesca: Eva Félix (AFDA), Sergio Benabarre (Arcadia), Eva Grasa (ASAPME Huesca), Lucía Torner (Cruz Blanca), María José del Fueyo, madre superviviente. El encuentro ha reunido a alumnado de secundaria de varios centros de la capital: los IES Pirámide, Ramón y Cajal, Sierra de Guara, Santa Ana, Salesianos y el CPIFP Montearagón, en una iniciativa orientada a abordar la salud mental en jóvenes y ofrecer herramientas para identificar el sufrimiento emocional y pedir ayuda.
El documental -que se proyectó en Huesca, también en el Teatro Olimpia, en un cinefórum de Cruz Blanca- evita el sensacionalismo y sitúa el foco en las personas, construyendo su relato a partir de testimonios que desmontan mitos profundamente arraigados. Entre ellos, la idea de que hablar de este tema puede provocar un efecto llamada. Frente a ello, el mensaje es claro: “Hablar del suicidio no lo fomenta, lo que mata es el silencio”, eso sí, hay que hacerlo siempre desde el conocimiento y la responsabilidad.

La ruptura del estigma emerge como uno de los ejes centrales. Las intervenciones coinciden en que el silencio social, la vergüenza y el miedo al juicio han contribuido a cronificar el problema. En este contexto, algunos testimonios subrayan que “es más caro vivir con la mentira que vivir con el estigma”, poniendo el acento en el coste emocional de ocultar el sufrimiento.
Desde una perspectiva clínica, el documental aborda la salud mental como un ámbito que debe tratarse con normalidad. La depresión aparece como un trastorno que altera la percepción de la realidad y condiciona la conducta, alejándola de interpretaciones simplistas. En este sentido, se afirma que la persona con ideación autolítica "no es libre", puesto que detrás de cada caso existe un sufrimiento extremo.
La intervención profesional se presenta como un elemento clave. Hasta un 80% de los suicidios podrían evitarse mediante estrategias adecuadas de prevención y atención personalizada. Sin embargo, el documental advierte de las limitaciones del sistema, con una escasez de recursos en salud mental: España cuenta con apenas 5 psicólogos por cada 100.000 habitantes, muy por debajo de la media europea, lo que se traduce en listas de espera prolongadas y consultas insuficientes.
A esta realidad se suma una crítica directa a la respuesta institucional. Los testimonios cuestionan la falta de una estrategia nacional coordinada, la escasa planificación y el retraso en los datos oficiales, lo que dificulta dimensionar el problema y desarrollar políticas eficaces.
Uno de los aspectos más relevantes abordados durante la jornada ha sido el impacto del bullying en adolescentes. El acoso escolar se identifica como un factor de riesgo determinante, capaz de generar aislamiento, deterioro emocional y una profunda vulnerabilidad. Sus efectos pueden prolongarse en el tiempo y condicionar el desarrollo personal, especialmente en etapas clave como la adolescencia.
El fenómeno, como muestra el documental, se ve agravado por el entorno digital, donde las redes sociales amplifican la exposición y la presión. En este contexto, se subraya la necesidad de reforzar la educación emocional, dotando a los jóvenes de herramientas para afrontar el sufrimiento, gestionar la frustración y pedir ayuda.
El impacto del suicidio trasciende a la persona que lo sufre y alcanza a su entorno. Por cada caso consumado, al menos siete personas se convierten en supervivientes, enfrentándose a un duelo marcado por la culpa, que es "lo que más pesa”, reflejan los testimonios, evidenciando la necesidad de apoyo también para las familias.

En este contexto, se ha destacado el papel de recursos como el teléfono 024 de atención a la conducta suicida, que llegó a atender una media de 700 llamadas diarias en su primer mes, así como el trabajo de asociaciones especializadas que actúan como red de apoyo en situaciones de crisis.
En la provincia de Huesca, hay también otros recursos, como como el Centro de Solidaridad Interdiocesano de Cáritas con su programa SOS Adolescente (Telefono 680469171), el Centro de Escucha Javier Osés de la Cruz Blanca (974243042) y los centros de salud con sus médicos de familia, que pueden derivar a especialistas.
La jornada de Diversario en Huesca ha puesto de manifiesto que el suicidio requiere una respuesta integral basada en la prevención, la educación y la intervención pública, con el objetivo de avanzar hacia una sociedad más consciente y preparada para afrontar esta realidad.
MEDIOS DE COMUNICACIÓN
El documental plantea también una reflexión directa sobre el papel de los medios de comunicación, combinando una mirada crítica con una llamada a la responsabilidad informativa. Por un lado, se denuncia el silencio mediático que rodea al suicidio, una realidad de la que “apenas se habla” en prensa o televisión pese a su creciente impacto, a diferencia de otras problemáticas con mayor visibilidad pública.
Frente a ello, la obra desmonta el supuesto “efecto llamada” y defiende que informar con rigor no solo no aumenta los casos, sino que resulta imprescindible para sensibilizar y prevenir. En este sentido, se apela a una ética periodística basada en la sensibilidad, evitando el sensacionalismo y protegiendo la dignidad de las personas afectadas.
Las fuentes reclaman además una reflexión profunda sobre el tratamiento informativo, orientado siempre a la utilidad social, y subrayan la necesidad de dar continuidad a estos contenidos, más allá de momentos puntuales, para que los medios dejen de ser parte del silencio y se conviertan en una herramienta activa de prevención.